Clase digital menguante

La clase media está desapareciendo, está menguando a un ritmo alarmante. Es un hecho que preocupa universalmente a entidades poco sospechosas de ser revolucionarias, como por ejemplo el Foro Económico Mundial (WEF) que se reúne en Davos a comienzos de cada año. Ya lo dijo en 2014 y en sus documentos preparatorios para la próxima cita se alerta que el problema se agrava, señalándose la creciente desigualdad como uno de los principales riesgos globales en 2015.

“Cuando la economía y el empleo crezcan, es posible que la desigualdad y la pobreza se queden endémicas” ha dicho recientemente Antón Costas, presidente de Cercle d’Economía, prestigiosa asociación de empresarios, habitualmente muy bien informada.

Una clase media amplia, educada y consciente, es la base de la democracia. Una masa dividida, atemorizada y desinformada está en riesgo de caer en manipulaciones y de dejarse llevar por engaños y populismos, de signos diversos, pero siempre perversos.

La digitalización debería contribuir positivamente a tener una mejor información y una mayor consciencia. Pero, para mi sorpresa, la “maldad” de algunos y la pereza de muchos están produciendo los efectos contrarios.

Me dispongo pues a aportar mi granito de arena en este acto de transitar por el acelerado mundo digital que a todos nos supera.

Mucha información igual a desinformación

Los ingenieros estamos acostumbrados a conceptos como el “ruido”, las “interferencias” y la “saturación”. LP Clase digital menguante ImagenHablamos también de “sintonizar” la fuente adecuada de la señal y de filtrar las señales perturbadoras.

Con la extensión masiva del correo electrónico primero, el acceso al mismo desde el móvil, la mensajería instantánea continua (Whatsapp y similares) y las redes sociales que nos incitan continuamente a participar, observo que muchas personas tienen la sensación de que dominan todas las fuentes de información y de que las suyas son las “veraces” y confiables.

Esa loca carrera de convertir en “virales” algunos mensajes (informaciones que se propagan rápidamente),  y las pocas ganas y consciencia para contrastar de muchos, convierten a personas teóricamente formadas en corderillos en fila hacia la “papilla informativa” primero, y al “matadero intelectual” después.

Nuestro trabajo lo hará un robot

Se ha publicado hace unos meses un serio estudio de la Universidad de Oxford predice que entre 10-20 años la mitad de los trabajos actuales los harán mejor robots o computadores dotados de inteligencia artificial.

La clase media nacida en los 50, 60 y 70 en el mundo desarrollado somos conscientes que nuestros hijos van a tener una vida más complicada que la nuestra. Es una sensación vivida por muchos como un drama.

Los niños y jóvenes actuales tienen que prepararse para un mundo de complejidad poliédrica infinita.

Pero la demografía de los países emergentes es aplastante. Y sus clases medias tienen derecho a una mejora de condiciones de vida: sus jóvenes sí que vivirán mejor que sus padres.

Las sociedades “maduras” como la europea, tenemos que saber bien cuales son nuestras cartas. Y eso requiere un conocimiento inteligente de las reglas del juego y una esforzada y creativa inversión en nuestras fortalezas.

Los robots podrían eliminar la humanidad

Ríase usted de ficciones como las de las películas sobre “El planeta de los simios” o las que tratan de robots asesinos en las series de “Terminator”, “Cyborg” o “Némesis”.

Nos acercamos a un momento en el que la inteligencia artificial de los robots superará a la del conjunto de la humanidad. Esa fecha, conocida como la “singularidad tecnológica”, muchos expertos la sitúan en el año 2045 y otros la adelantan al 2030 o incluso al 2025.

Gente muy seria está analizando de cerca las evoluciones de la inteligencia artificial y temen que en algún momento los robots lleguen a la conclusión de que los humanos somos algo molesto y nos eliminen como si de  un virus se tratase.

Pero no quiero ser alarmista (asusta todo esto un poco ¿verdad?)

Razones para el optimismo

Querido lector, estamos en fechas navideñas, en tiempos de revisión de lo hecho y de buenos propósitos para el año que viene.

No quisiera que con estas reflexiones quedara en usted un mensaje alarmista o una sensación pesimista.

La humanidad, el “homo sapiens”, ha alcanzado niveles de progreso, de igualdad y de felicidad difícilmente imaginables por cualquier otra especie o por nuestros antepasados hace pocos cientos de años.

Los humanos tenemos unos valores y unas virtudes que ninguna máquina podrá nunca replicar. Somos nosotros quienes diseñamos y construimos las máquinas y tenemos que seguir logrando que éstas sean una extensión más de nuestras facultades.

No tenemos garras, nuestros colmillos son pequeños, nuestra vista limitada, nuestro olfato es muy simple. Pero tenemos un sistema nervioso distribuido por todo el cuerpo, con un cerebro prodigioso, capaz de idear abstracciones y de integrar emociones.

Las máquinas, los robots, los computadores, las redes de telecomunicación, los sensores, no son más que unos “órganos” reforzados que nuestro cerebro va creando.

Muchas quejas se escuchan sobre la rigidez que su uso nos genera, de las dificultades para dominarlos, de tener que adaptar nuestro trabajo a unas máquinas. Aprendamos a usarlos, a dominarlos y a adaptarlos a nuestras necesidades.

Estos son mis deseos para 2015, para usted, paciente lector, y para todos sus seres queridos. Que así sea.

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Artículo publicado en Las Provincias el domingo 14 diciembre 2014

LP Clase digital menguante

Optimismo tecnológico

Dicen que la tecnología es muy “sexy” y que la gente “guay” adopta y exhibe los equipos de última tecnología porque así transmite a los demás una imagen de éxito y de “inteligencia avanzada”.

No creo que sea para tanto. Algunos seguramente se pasan de rosca y más bien aparentan ser unos “frikis” o unos “esnobs”.

Toda generalización es injusta. Aún a riesgo de ello, sí que creo que quienes entienden y usan la tecnología son más optimistas, viven mejor y son felices durante más tiempo.

No tengo una demostración científica para esta afirmación, simplemente es un resultado de la observación.

Si lo pensamos bien, viene de muy lejos: en el Paleolítico los humanos que usaban las nuevas técnicas de caza comían mejor y vivían más tiempo. Con la invención de la imprenta quienes adoptaron el libro impreso como vía de acceso al saber se adentraron antes que otros en la Edad Moderna.

Y así estamos ahora: cada 2 días la humanidad produce y almacena la misma cantidad de información que la que generó desde el inicio de su existencia hasta el año 2003. Toda esta información es imposible verla completa y menos aún aprenderla. Se imponen ahora, más que memorizar, otros métodos de aprendizaje, orientados a asentar en nuestras mentes un marco de conocimiento y que consigamos aprender a rellenarlo con datos e informaciones que vamos recabando en cada instante.

También necesitamos interiorizar un método que nos permita discriminar rápida y fácilmente, de modo que podamos absorber las informaciones verdaderas y novedosas y descartar las erróneas.

Los jóvenes actuales leen en un mes el equivalente en media a lo que se leía hace 100 años durante toda una vida.

La comunicación mediante fotografías y videos se ha multiplicado por miles en poco tiempo y ya está al alcance del 80% de la población del planeta. Con gran facilidad y un coste ínfimo, un adolescente puede enseñar un nuevo baile a muchos miles de jóvenes dispersos por todo el planeta. Del mismo modo, un científico puede compartir un método experimental con un vídeo sin limitación de tiempo, ni distancia, ni espacio. Eso mismo de un modo tradicional tendría que explicarse en un texto escrito, con las restricciones impuestas por una revista científica y llegaría a los destinatarios transcurridos unos meses.

Ejemplos de tecnologías positivasLP Optimismo tecnologico imagen

– Los mejores conductores de grandes grúas y excavadoras o los mejores técnicos en robótica quirúrgica son aquellos que han desarrollado habilidades y reflejos en juegos de videoconsolas.
– Con la tecnología podemos generar energía de fuentes renovables (fotovoltaica, termosolar, eólica) y contribuir a la sostenibilidad del planeta.
– El uso de teléfonos inteligentes es ya una realidad creciente en la atención a enfermos crónicos (por ejemplo en el control de la diabetes). En inglés lo llaman mHealth
– A través del teléfono inteligente se dispone de una prometedora oportunidad en el apoyo a la educación en países emergentes. Esto lo denominan mEducation.
– La robótica, que parecía reservada a entornos industriales o a juegos de ingenieros, se está abriendo camino en la ortopedia activa avanzada. Hace unos días vimos en las noticias un ejemplo de un brazo robótico que se mueve de forma compleja manejado únicamente con los impulsos cerebrales de una paciente: excelente ejemplo combinado de bioingeniería, bioelectrónica y robótica.
– La bioelectrónica permite (o permitirá en breve) cambios que casi parecen ciencia ficción: mejoras en los interfaces directos entre el cerebro y los ordenadores y máquinas. Se vislumbra ya la posibilidad real de un “exocortex”, una “corteza cerebral externa” que potenciará nuestras capacidades más allá de los interfaces basados en los cinco sentidos del ser humano.
– La “impresión” 3D (en tres dimensiones) ha supuesto una revolución en la fabricación y personalización de maquinaria y de todo tipo de piezas mecánicas, y ya es una realidad en el mercado: con máquinas que cuestan unos pocos miles de euros se pueden crear piezas complejas en materiales plásticos rígidos que sustituyen la fabricación tradicional con prototipos manuales y la costosa mecanización de piezas.
– Los coches sin conductor ya son una realidad: el estado de Nevada en USA ha aprobado una ley que permite la circulación en carreteras ordinarias de vehículos sin un conductor humano. La generalización de este tipo de vehículos, o al menos la conducción parcialmente asistida, evitará en el futuro accidentes debidos a cansancio o a alteraciones de la atención y concentración.
– Las tecnologías holográficas de representación en tres dimensiones tienen ya aplicaciones en reuniones con telepresencia, en el ocio y en el entretenimiento, y también en el entrenamiento previo para la acción en zonas peligrosas y de riesgo.
– La tecnología de la NASA permitió hace unos meses demostrar científicamente la errónea interpretación de una profecía de los Mayas según la cual el mundo se terminaba el pasado viernes 21 de diciembre y gracias a ello usted está leyendo este artículo publicado el domingo, pero escrito con anterioridad a la fatídica fecha: mi optimismo y confianza en la tecnología me ha impulsado a no relajarme y no caer en el derrotismo.

La tecnología nos cambia, desde luego, pero también nos puede incomodar porque nos saca de nuestra zona de confort, de los entornos y las mecánicas conocidas. Pero eso mismo es una virtud, si nos adaptamos, pues nos da vitalidad y nos mantiene permanentemente en alerta, jóvenes, o eso espero.

En estos tiempos duros de cambios y rupturas encuentro que aquellos que mejor entienden la tecnología tienen una mejor visión del “problema” en su conjunto y son capaces de adaptarse y encontrar nuevos caminos y oportunidades.

Me encuentro muchas personas que están siempre aprendiendo, explorando, probando nuevas formas de comportamiento y de trabajo. Personas que transmiten ilusión y ganas de vivir. Personas que construyen y comparten conocimientos y aprovechan el saber común.

Me recomiendo a mí mismo el tratar de evitar caer en el derrotismo, en el pesimismo, en exigir derechos y que parezca que la sociedad me los debe y trato de ingeniármelas en esforzarme para contribuir, para compartir, para buscar soluciones y ayudar a que se satisfagan las necesidades y los derechos de los demás.

Ello no significa que renunciemos a defender nuestros derechos y que no debamos exigir en cada momento a los responsables políticos, empresariales y profesionales que cumplan con las leyes y que tengan conductas ejemplares. Precisamente, la tecnología también facilita el que haya una verdadera transparencia y que los ciudadanos podamos ejercer un mayor control y participación en las decisiones que nos afectan: las tecnologías de “gobierno abierto” y “datos abiertos” son una esperanza para lograr una democracia del siglo XXI.

Yo por mi parte me comprometo a seguir explorando las tecnologías emergentes, a ayudar a entenderlas a los que me rodean y a propiciar un uso positivo y ético de las mismas.

Les deseo que Papá Noel, Santa Claus, SinterKlass, el Niño Jesús y los Reyes Magos les traigan buenos regalos tecnológicos y, sobre todo, que les traigan optimismo y buen humor para disfrutarlos y vivir la vida con ilusión.

Feliz entrada en el nuevo año 2013, un año lleno de “Optimismo tecnológico”.

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Artículo publicado en el diario Las Provincias el domingo 23 de diciembre de 2012

LP OptimismoTecnologico

Tecnología estimulante

¿Nos atrofia y entontece la tecnología? o por el contrario ¿su uso nos estimula y mantiene en forma nuestra mente?

El debate, cargado a menudo de preocupación y de alarma, está en nuestra sociedad. No es un debate nuevo. Desde que aparecieron las primeras calculadoras hay quien afirma que prefiere sumar y restar de cabeza para no perder facultades. El debate se ha incrementado con la ubicuidad de los teléfonos y las tabletas con conexión permanente a Internet.

La conjunción de aparatos electrónicos con un interfaz gráfico o auditivo sencillo, conectados con banda ancha a Internet y soportados por aplicaciones y bases de datos en la “nube” que tienen capacidades “infinitas”, supone toda una revolución para la forma en que los humanos aprendemos, desarrollamos y comunicamos el conocimiento.

Hace unos meses opinamos desde estas páginas que podíamos estar “Conectados y pensando” (http://j.mp/conpenLP) y contribuimos con siete consejos para un acercamiento entre entusiastas y escépticos de la tecnología. El debate persiste.

Las generaciones que hemos crecido sin esos medios tecnológicos vamos aprendiendo a adaptarnos poco a poco a base de tropiezos y aciertos y la mayoría logramos extraer de ellos un rendimiento gratificante.

Pero persiste una preocupación inevitable ¿estaremos haciendo daño a nuestra mente, acomodándola a la pereza de no tener que recordar las cosas y evitando el esfuerzo de hacer cálculos mentales?

Del cerebro sabemos muy poco. Está comprobado que “el cambio mantiene joven nuestro cerebro” y que “tenemos que forzarnos a estar expuestos a la necesidad de cambiar para mantenernos jóvenes”. Esto nos presentaba un reciente programa de Eduardo Punset en televisión: los hallazgos de la neurociencia y los avances para el mantenimiento de la mente en plena forma mediante la “gimnasia cerebral” (para saber más busque Cognifit en Internet).

Resolver crucigramas y hacer sudokus está muy bien, daño no hace, pero puede llegar a acostumbrarnos a una rutina en la que las habilidades de repetición nos acomoden en la complacencia. Someternos a situaciones más complejas como aprender un idioma son gimnasias cerebrales más estimulantes. Y ahí es donde las tecnologías pueden servir de herramientas que nos hagan más asequibles ejercicios tediosos de aprendizaje de idiomas. Viajar también estimula, nos saca de la rutina, de los escenarios habituales y nos reconecta las neuronas con nuevos circuitos. Anticipar un viaje, complementarlo durante su realización y recordarlo una vez finalizado se ha facilitado enormemente con Internet y los móviles.

Hasta aquí mis reflexiones sobre el estímulo tecnológico en los adultos.

En los jóvenes, especialmente con los de la “generación Internet” nacidos desde finales de los 90 y ya en el siglo XXI, la preocupación de sus padres y educadores respecto a los peligros de las tecnologías se multiplica.

¿Tienen los jóvenes carencias notables en funciones cognitivas básicas como son la memoria contextual y la planificación? ¿adolecen de capacidad de concentración, de fijación de la atención?

Pues depende de para qué. ¿Alguien duda de la capacidad de concentración de un adolescente con un videojuego de acción? ¿han visto a adolescentes, manteniendo varias conversaciones simultáneas en redes sociales, a la vez que miran un video y escriben un texto?

Las habilidades que demuestran en esos casos, de maestría, coordinación, agudeza visual y atención dividida son poco menos que impresionantes. Otra cosa es que los padres pensemos que pierden el tiempo como lo pensaban los padres de los años 70 y 80 con sus hijos en los billares o jugando a los marcianitos.

Lo que ocurre es que los medios de aprendizaje que surgieron con la imprenta y con las clases impartidas con repetición monótona de textos y memorización de los reyes godos se han quedado anticuados. En los orígenes los maestros enseñaban con dibujos y con la palabra. En las cavernas de nuestros ancestros las enseñanzas se transmitían en colores y 3 dimensiones, como las pinturas de Altamira. El video hoy en día puede crearse con cierta facilidad y utilizarse para enseñar. Ya lo usan en casos de éxito como la academia de Salman Khan en los USA que desde 2004 acumula más de 3.200 videos de matemáticas, física, historia y finanzas o en la web www.lasmatematicas.es del valenciano Juan Medina.

Necesitamos docentes y desarrolladores de contenidos educativos que realmente entiendan las nuevas herramientas, los nuevos lenguajes y que lleven a los nuevos modos de atender y de aprender los conocimientos esenciales para el crecimiento como personas.

¿Quien recuerda hoy día un número de teléfono? Puede resultar un ejercicio apasionante, pero puestos a ejercitar la memoria, ¿no sería mejor recordar la asociación de caras con nombres y circunstancias personales (o profesionales) que nos acerquen mucho más a una interrelación fructífera?. Si quiere querido lector ejercitar esa habilidad, no deje de anotar en su agenda electrónica de contactos las circunstancias que quiera recordar de sus amigos, clientes y colaboradores y trate de ponerles una foto (las redes sociales son una buena fuente). La memoria es como un racimo de ideas asociadas, con una pista inicial de nombres y caras podremos recordar otros detalles gratos para una relación o interesantes para un negocio.

No tardarán mucho en comercializarse las “gafas de realidad aumentada” que nos podrán traer a la memoria informaciones o ilustrar con datos relevantes de una imagen real que se muestre ante nuestros ojos.

Cosas como éstas son algo que con el tiempo veremos tan natural como tomar un avión para recorrer en pocas horas miles de kilómetros. Esas tecnologías no nos hacen más torpes, más bien al contrario, bien empleadas nos permiten emplear nuestro cuerpo y nuestra mente en tareas más elevadas.

Perdimos hace años la habilidad de usar el arado romano o de segar la hierba con guadaña. Tractores y segadoras han facilitado las tareas del campo y con ello hemos liberado recursos para otras funciones más elevadas.

Al igual que un astronauta o un piloto de fórmula 1 han de estar en plena forma física y mental para conducir esos sofisticados aparatos, la mente humana disfrutará y rendirá mucho más si está correctamente entrenada.

Del mismo modo que debemos cuidar nuestro cuerpo con un ejercicio moderado y regular, caminando, montando en bici, jugando al tenis o bailando claqué, si llega el caso, igualmente nuestra mente se tonifica con un ejercicio moderado que le estimule a cambiar y crear nuevas conexiones para nuestras viejas neuronas.

Las tecnologías actúan a la vez que como una extensión de nuestras habilidades como un gimnasio cerebral que nos mantiene en forma.

No lo dude amigo lector, las tecnologías electrónicas bien empleadas le traerán beneficios personales y además un ejercicio mental tonificante.

Feliz semana y feliz verano.

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Artículo publicado en Las Provincias el domingo 24 de junio de 2012

Innovador regalo

Hay palabras que se desgastan por el uso excesivo, especialmente cuando se abusa usándolas de forma imprecisa y como comodín en artículos, discursos y titulares.

Electrónica, “autopistas de la información”, “sociedad de la información y el conocimiento”, todas estas palabras suenan ya como términos muy antiguos. Internet 2.0, redes sociales, blogs, mundo virtual, comercio electrónico, son palabras más modernas que empiezan a estar muy manidas.

Innovación es un término que está sufriendo un fuerte desgaste aunque resiste con notable lozanía.

Emergen nuevos “palabros” sin que el público haya digerido los anteriores: neurociencia, computación cuántica, SoLoMo (social, local y móvil), neuroelectrónica, realidad aumentada, crowdsourcing, cloud computing, …

Es comprensible que las personas “normales” estén un poco hartas y tachen de “etéreo” y pedante el lenguaje de los “déspotas” tecnológicos.

Se acerca la Navidad y quiero proponer que nos regalemos unos y otros un esfuerzo de explicación y comprensión mutua.

Parto de la premisa que la mayoría de los lectores comparten que, para vivir en una sociedad más avanzada y mantener un planeta más sostenible, son útiles las distintas tecnologías: desde la agricultura y la imprenta en su momento, a las actuales tecnologías como la nanoelectrónica o la medicina relacionada con el genoma humano.

Mi buen propósito es “regalar” explicaciones claras y concretas, sobre los aspectos de la tecnología que me conciernen y utilizando ejemplos y referencias cercanas para mi interlocutor. Y me propongo hacerlo al menos una vez a la semana durante 2012 con alguna persona de mi entorno y con temas que sean de su utilidad o interés.

...

Propongo a los lectores científicos, tecnólogos, ingenieros, médicos, biólogos, etc., que hagan un propósito similar y que ofrezcan como “regalo” conversaciones pacientes con explicaciones sencillas.

Y propongo por otra parte a los humanistas, periodistas, legisladores y ciudadanos que “regalen” su curiosidad e interés aproximándose a temas tecnológicos y reclamando como niños una explicación clara y asequible.

El año pasado desde estas mismas páginas proponía pedir a los Reyes Magos un “Asistente tecnológico” http://j.mp/asitecLP

Quiero para Valencia una proyección económica y urbana que sea tecnológica. No ya para mí, lo quiero para mis hijos. Deseo que la Comunitat Valenciana, que toda España, recuperen el buen tono y que, gracias a la preparación de las nuevas generaciones, y con una buena dosis de esfuerzo y trabajo eficiente, construyamos la base de nuevas oportunidades.

Para ello todos tenemos que ponernos las pilas. Europa está dormida, peleando sus microproblemas sin darse cuenta por dónde va el mundo.

Con 7.000 millones de habitantes, 5.000 millones de móviles y 2.100 de internautas (muchos accediendo a Internet con el móvil) es lógico pensar que la humanidad está ante otro cambio tecnológico que dentro de varias décadas los historiadores etiquetarán adecuadamente: era de Internet, era de la nanoelectrónica, era del móvil. En solo 4 años el tráfico de Internet por las redes móviles se va a multiplicar por 1000. En 2050 habrá 50.000 millones de dispositivos conectados a Internet: más de 10 por cada habitante del planeta.

Hace 10.000 años que la humanidad descubrió la agricultura. Esa fue la primera tecnología que cambió la especie humana, su forma de vida, su estructura social e incluso su cerebro. Hace 5.000 años fue la escritura. Y apenas han pasado 500 años cuando apareció la imprenta moderna. Todos estos descubrimientos fueron tecnologías innovadoras en su momento y cada una se apoyó en las anteriores creando una nueva capa en el saber humano y modificando su cerebro.

Confluyen en la actualidad avances científicos y desarrollos tecnológicos que comparten elementos comunes.

Por una parte coinciden en lo “muy pequeño”, en lo de “tamaño nano” (1000 millonésima parte de un metro). En esa escala confluyen la electrónica, la fotónica y la biología. Los circuitos electrónicos que están dentro de los aparatos más habituales tienen un tamaño de pista de unos 20 nm. (nanometros). Un glóbulo rojo de la sangre mide 7.000 nm. de radio. Una molécula de ADN tiene 2,5 nm. de ancho y forma una larga cinta que desenrollada mediría 67.000 nm. Las herramientas para observar y manejar lo nano se acercan cada vez más.

Por otra parte tenemos “lo macro”, lo grande, lo complejo. La astronomía, el cerebro humano, las interrelaciones sociales, presentan elementos comunes que herramientas modernas de observación, cálculo intensivo y tratamiento masivo de la información ayudan a comprender y actuar sobre ellas.

Ante este universo tecnológico en Valencia, en toda España, tenemos inmensas oportunidades para ocupar espacios y encontrar nuestro hueco. Desde la humildad de un pueblo que apenas representa la milésima parte de la población humana (5 millones en la Comunidad Valenciana) y conscientes de que la mayor parte del mundo ya no gira alrededor del Mediterráneo (más bien está en el eje Asia-Pacífico), no debemos olvidar que con esfuerzo y destreza aún podemos destacar siendo únicos.

Mi propuesta navideña es un “innovador regalo” de comunicación asequible por parte de unos, los tecnólogos, y de escucha e interés activos por parte de los humanistas.

Todos aprovecharemos estos mutuos regalos y seguro que nos ayudarán a ver más claras las oportunidades de futuro.

.-.-.-

Artículo publicado en tribuna de opinión de Las Provincias el sábado 24 diciembre 2011

Asistente tecnológico

En estas fechas navideñas los mayores compramos y recibimos regalos con equipos electrónicos, informáticos y teléfonos que nos prometen maravillas. Ayer llegó Papa Noel y en pocos días vendrán los Reyes Magos con montones de regalos tecnológicos. Muchos «niños grandes» nos sentiremos felices con nuestros nuevos «juguetes». Si fuéramos «nativos digitales» los pondríamos inmediatamente a funcionar, por supuesto sin leer el manual de instrucciones.

Pero por nuestra condición de analógicos pronto el desasosiego invadirá nuestras cándidas almas. Traducciones imposibles, descripciones farragosas, opciones que no funcionan, advertencias de seguridad interminables y todas las maldiciones que el fabricante tecnológico más sádico ha podido imaginar para atacarnos sin piedad.

...

Existe una salvación y está cerca de nosotros. Se llama «Asistente Tecnológico» y su papel lo desempeña ese familiar o amigo, normalmente joven, que tiene habilidades e intuición tecnológica y nos ayuda de buen grado si somos amables y seguimos sus consejos y enseñanzas.

Pero existe el peligro de que abusemos de nuestro asistente, que descarguemos sobre sus hombros todas nuestras frustraciones tecnológicas. Y por eso es preciso salir en defensa de los «Asistentes Tecnológicos».

Comencemos recordando que todos, incluso los que llevamos decenas de años como usuarios, encontramos en algún momento fallos en los ordenadores, televisores, aparatos electrónicos y teléfonos. Especialmente los ordenadores son aparatos que nos causan frustración con sus continuas actualizaciones y sus mensajes inquietantes. Es cierto que el Windows ha mejorado mucho, pero incluso el más reciente Windows7 nos somete a momentos de estrés. Google y Apple han marcado un prometedor camino para la tranquilidad de los usuarios: sus productos no necesitan manual y pueden ser usados casi sin entrenamiento por cualquier persona lega en materias tecnológicas.

Cuando pidamos ayuda a un asistente pensemos que su tiempo es, cuando menos, igual de valioso que el tiempo de un taller de coches o de otro profesional cualificado. Y deberemos agradecerle su dedicación en lo que vale, remunerándole adecuadamente.

Cuesta pensar de esta forma porque aunque hace 20 años los ordenadores costaban casi tanto como un coche, ahora cuestan lo mismo que una rueda de un todo terreno. El hecho de que la tecnología haya abaratado tantísimo sus costes de fabricación no significa que esos productos hayan dejado de ser valiosos. Al contrario las funciones de la electrónica se han mejorado miles de veces más que los vehículos de motor de explosión en tan sólo unos años.

Un buen amigo ya ha adoptado esta visión: él tiene a un sobrino como asistente tecnológico al que paga moderadamente una cantidad y con quien y está muy contento.

Claro que entre familiares y amigos podemos echarnos una ayuda tecnológica gratuita. También a los médicos les preguntamos por nuestras dolencias y a los especialistas en derecho fiscal por nuestros impuestos. Pero cuando se necesita ayuda continua el «asistente tecnológico» es la solución.

Las carencias de los analógicos no se solucionan sólo con estos asistentes. Es cierto que los fabricantes deberían mejorar mucho más la «usabilidad» de sus productos y servicios. Y también es cierto que muchos mayores superan cualquier barrera cuándo tienen una necesidad o una ilusión: querer es poder, decía mi abuela.

La complejidad tecnológica nos acosa. Desde que tenemos en la televisión acceso a 50 o 70 canales gratis gracias a la TDT, se ha hecho muy difícil encontrar lo que nos gustaría ver, y no digamos intentar grabar algo para verlo en otro momento.

Con los teléfonos móviles avanzados pasa otro tanto. ¿Cuantas personas que apenas saben leer un mensaje SMS serán capaces de aprovechar las utilidades cada vez mayores de un terminal móvil con conexión a Internet?

Ya sea por ocio, por trabajo o por estudios, es imprescindible para todos el ser capaces de hacer un uso provechoso de la tecnología. Tanto como hace 50 años lo era el saber leer y escribir. En 1960 aún había un 25% de población analfabeta en España. En 2010 aún tenemos en torno a un 50% de «analfabetos digitales».

Necesitamos voluntad e ilusión para aprender, precisamos equipos y aplicaciones de uso amigable e intuitivo, y necesitamos por fin una legión de «asistentes tecnológicos», bien preparados reconocidos y remunerados.

Los «niños grandes» pedimos para nuestros hogares, trabajos y empresas que los Reyes Magos nos traigan buenos «asistentes tecnológicos».

Que ustedes los disfruten durante 2011.

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Artículo de opinión publicado en Las Provincias el domingo 26 de diciembre de 2010

Asistente tecnológico
http://www.lasprovincias.es/20101226/opinion/asistente-tecnologico-20101226.html

La ingeniería como valor social

«Soluciones posibles para problemas reales.» Con esta sintética frase el profesor Rogelio Segovia definía la ingeniería en los años 60. Hay otras muchas definiciones que hablan de tecnología, de ingenio y de innovación. 

ilustración de Jesús Ferrero. "La Ingeniería"

ilustración de Jesús Ferrero. "La Ingeniería"

A los ingenieros nos gusta resolver problemas. Buscar las soluciones que mejor se adapten a las necesidades que se presenten. Soluciones óptimas desde el punto de vista económico y social.

Yo percibo que la ingeniería está poco presente en la sociedad. Qué duda cabe de que otras profesiones tienen mayor trascendencia: la medicina, la arquitectura, la enseñanza, el periodismo, la política. Pero yo hoy abogo, desde estas líneas, por una mayor imbricación de la ingeniería en la sociedad.

No cabe duda de que la ingeniería tiene un cierto valor social reconocido. Muchas actividades usan este término para indicar ciertos valores. Antiguas licenciaturas o peritajes han ido adoptando el término ingeniería a lo largo de los últimos años. Esto es bueno. Otras actividades que lo usan, como son la «ingeniería financiera», la «ingeniería de marketing» o la «ingeniería contable», creo que desvirtúan o incluso ensombrecen el concepto.

En general se reconoce que las cosas que hacen los ingenieros están bien hechas, funcionan, resisten, son útiles. A veces incluso son hasta bonitas. Pero la ingeniería también nos trae connotaciones de lejanía, de lenguaje incomprensible, de frialdad, de visiones «cuadriculadas». A menudo los ingenieros no nos explicamos con suficiente claridad.

Me gustaría resaltar una característica fundamental que ha de tener un ingeniero: ha de ser ‘creativo’. Encontrar soluciones ‘sencillas’ a problemas complejos requiere mucha creatividad. Requiere usar ambos hemisferios del cerebro: el izquierdo que analiza y organiza y el hemisferio derecho que siente y sintetiza. La ingeniería usa fundamentalmente el análisis, el razonamiento ordenado.

Muchas ramas de la ingeniería tienen un impacto social indudable. Pensemos en las vías de transporte, en los coches, en la energía, en los barcos y los aviones. O las tecnologías que usamos para aprovechar la naturaleza a la vez que la conservamos. Pensemos también en las soluciones para procesar y compartir la comunicación superando las barreras del tiempo y el espacio.

Hemos tenido ilustres ingenieros en nuestra historia que han desempeñado un papel relevante: José Echegaray, Sagasta, son ejemplos en España. O los valencianos Juan Navarro Reverter, Fernando Abril Martorell y Jaime Caruana. Y también el muy querido José Ramón García Antón, recientemente fallecido.

Algunos pensadores como el emérito profesor Fernando Sáez Vacas hablan del Nuevo Entorno Tecnosocial (NET) que ha aparecido con el advenimiento de la Red Universal Digital (RUD) y el impacto de las Tecnologías para la Vida Cotidiana (TVIC). Constata Sáez Vacas que «a través de generaciones y generaciones aquí se han marginado casi siempre de los dominios de la cultura a la ciencia y la técnica, considerándolas como ‘artes’ utilitarias y esta situación se mantiene, apenas camuflada, entre la mayoría de nuestras clases dirigentes y otros referentes sociales». Y afirma también que «quienes usan la infotecnología, la RUD o alguna porción de ella (TVIC) van entrando en una esfera nueva y muy compleja, donde las nociones de tiempo, espacio, identidad, poder operativo, sentido de la acción, comunicación, inteligencia, concepto de realidad, relaciones sociales, privacidad, relaciones con el mundo material, movilidad, el concepto de yo, estructuras organizativas, educación, etc., son diferentes o muy diferentes».

Quizá estos son conceptos muy densos para un contexto de un artículo periodístico. Pero no quiero dejar de apuntar aquí la propuesta que defiende Sáez Vacas de un nuevo tipo de ingeniero, fuertemente orientado a la tecnocultura, un ingeniero sociotécnico. «Los problemas que un ingeniero actual tiene que afrontar, debido a la complejidad creciente del entorno, son, o pueden ser, al mismo tiempo o separadamente, de índole técnica, politécnica y sociotécnica, y estos últimos se caracterizan porque a las dimensiones técnicas propias de las categorías anteriores se suman (no linealmente) las múltiples y más complejas de factores humanos y sociales, que requieren ‘ingenieros híbridos’.»

Lo que está muy claro es que si nuestra sociedad tiene problemas, de cualquier índole, la ingeniería puede encontrar soluciones. Aplicando los conocimientos tecnológicos y también aplicando el «método ingenieril», que está desarrollado con el objetivo fundamental de resolver problemas. Se nos mira a veces como la antítesis del artista, pero en mi opinión debemos promover el «arte de la ingeniería».

Me emociona el episodio del ‘Apolo XIII’, tan bien reflejado en la película protagonizada por Tom Hanks, en el que desde la base de Houston tienen que diseñar un adaptador de los filtros de CO2 para que los del módulo lunar sirvan en el módulo de mando. En unas pocas horas tenían que diseñar una solución, asumiendo las escasas herramientas disponibles a bordo, y elaborar unas instrucciones que transmitir a los astronautas. Aquellos ingenieros lo lograron, porque además tenían un ingeniero líder que marcó el objetivo: no los vamos a perder, «failure is not an option».

La creatividad del ingeniero se canaliza a través de un «sentido común estructurado», acertada expresión acuñada por un notable ingeniero naval de Valencia. La ingeniería enriquece a la sociedad en las empresas, en las entidades públicas, en las asociaciones y clubs, en los espectáculos, en las organizaciones y en las ONG. Existe, naturalmente, la Ingeniería sin Fronteras (www.isf.es).

La ingeniería es más necesaria que nunca. La complejidad del mundo global necesita mentes analíticas y estructuradas. Personas esforzadas a las que no les asustan los retos difíciles, que se emocionan con la búsqueda de soluciones creativas y que resuelven con elegancia los problemas. En ello estamos.

La ingeniería como valor social
artículo de opinión publicado en Las Provincias el domingo 20 de septiembre de 2009
http://www.lasprovincias.es/valencia/20090920/opinion/ingenieria-como-valor-social-20090920.html