Industria 4.0: máquinas o procesos

Industria 4.0: máquinas o procesos

En la nueva industria ¿son los robots y materiales, o son los procesos lo que más importa?. Adolfo Montalvo y Raúl Martín contraponen opiniones en este artículo a doble columna.

Máquinas, materiales y productos 4.0 (por @adomon)

Un mundo nuevo, lleno de oportunidades y de amenazas, llega a nuestras industrias: es el que traen las máquinas y los materiales 4.0 que nos permiten crear productos 4.0

La robótica, la fabricación aditiva (conocida también como impresión 3D, o incluso 4D), los nanotubos y nanomateriales, los nano-robots, el “polvo inteligente” (no se ría, en inglés se llama “smart dust”, pero no sé cómo traducirlo)  y también la computación cognitiva, son algunos ejemplos de términos tecnológicos emergentes que escuchamos en eventos sobre innovación y que leemos en medios especializados y revistas divulgativas.

Pocos directivos y empresarios dudarán ya de la necesidad de innovar. Así lo defendimos hace unas semanas en estas mismas páginas mi compañero de columna Raúl Martín y yo mismo (si se lo perdió puede leerlo en este enlace: j.mp/dondeinnovacion).

Pues este domingo pretendemos ayudar, querido lector, a encontrar caminos para desarrollar una innovación factible en las empresas.robot-talk-host-expo-asis-robot-dream-recortado

En esta columna defiendo que lo mejor es lo tangible, lo que produce: las máquinas y herramientas. Y también lo que se produce: productos innovadores con materiales avanzados.

Fabrica un producto estrella, que arrase en el mercado, y lo demás vendrá por añadidura.

El dominio de los materiales por parte de la ciencia y la industria ha progresado una enormidad. Somos capaces de fabricar cosas de unos pocos nanómetros, a escala de unos átomos. Piense en el grosor de un cabello humano (entre 50 y 100 micras) y divídalo por 10.000: 5 a 10 nanómetros es el tamaño de las pistas electrónicas de los chips en los nuevos teléfonos móviles.

Y del mismo modo que se maneja el silicio y los materiales inertes, los biotecnólogos ya son capaces de manipular materiales vivos como por ejemplo el ADN de las células (busque en Internet sobre el sistema CRISPR y verá a qué me refiero).

Hay que conocer, explorar y experimentar con los nuevos materiales, sin duda.

En la fabricación los avances son también portentosos. La robótica se está democratizando a pasos agigantados: hasta los niños de primaria aprenden a programar robots (no es broma, eso ocurre en Valencia, ahora mismo).

La mejora ha de ser disruptiva. Y eso se logra con el uso de herramientas avanzadas. Como por ejemplo las máquinas y cadenas de fabricación dotadas de visión artificial, capaz de superar con creces el ojo humano, ya sea para inspeccionar un producto alimenticio o para detectar defectos en la pintura de un coche.

Innovar en la industria es obligatorio. Ahora lo llaman 4.0, un término llamativo que evoca modernidad. Pero a la velocidad que se evoluciona, pronto no tendremos numeración: no se detenga, no se asuste, mirando bien hay muchas oportunidades.

Industria 4.0 sí, pero con procesos (por @raulmartincalvo)

Inmersos en pleno siglo XXI, y escuchando hablar de la cuarta revolución industrial cada vez con más frecuencia, el sector industrial, que supone cerca del 13% del valor añadido en nuestro país con un 11% del mercado laboral, sigue acometiendo lentamente la introducción de tecnologías que deberían permitirle convertirse en “industria inteligente”, o lo que es lo mismo, desarrollar su inmenso potencial aprovechando la innovación existente.

Un paso muy importante en esta adopción ha sido entender que las partidas presupuestarias destinadas a tecnología no son simplemente invertir en un sistema de gestión ERP o comprar ordenadores o servidores de última gama.  Se empieza a tomar conciencia de que, para estar a la altura de las exigencias del mercado actual, se necesita información en tiempo real que permita analizar cómo se comportan las compañías. Datos y más datos, esa es la tendencia.

Toda esta amalgama de información puede ser obtenida con una facilidad insultante por la mayoría de dispositivos que están en el mercado. Su posterior análisis y tratamiento debería de permitirnos detectar vulnerabilidades o funcionamientos no deseados a todos los niveles, desde el proceso de fabricación a  problemas de personal, pasando por fallos en la cadena de distribución o problemas de calidad para anticiparnos a los problemas y sacar el máximo partido a esta BigData de la que todo el mundo habla.bigdata-elefante

Ahora bien, empiezan a proliferar las empresas con etiqueta de Industria 4.0 pero con procesos y funcionamiento 1.0.  Este perfil de compañía, invierte en maquinaria de última generación y asiste a eventos que hablan de esta nueva revolución industrial, pero se olvidan de que apostar por la tecnología y la innovación supone acometer, con voluntad y firmeza, un análisis y  redefinición de sus procesos a nivel industrial, organizativo y de personal para poder ser capaces de realmente tratar, entender y usar esta cantidad ingente de información que se genera en estos días y que, en la mayoría de casos, acaba en sobreinformación.

Variables como la horizontalidad a nivel de estructura, la agilidad, la apuesta por las personas y su implicación y, sobre todo, la flexibilidad a la hora de adaptarse, suponen un obligatorio paso previo a pasar a formar parte de esta fascinante cuarta revolución industrial que llega para quedarse.

La mejora continua viene de un diagnóstico claro y una solución comprometida, valiente y decidida para cambiar funcionamientos obsoletos que pueden agilizarse con small and “smart moves”, acciones pequeñas y fáciles de implementar que cambian modelos y procesos complejos.

La industria tradicional necesita repensar, reestudiar y reanalizar (las tres R) sus procesos, antes de analizar los miles de inputs, variables, señales o alertas que cualquier sistema que se precie ofrece. Industria 4.0 si, pero con procesos 4.0.

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Artículo publicado en Las Provincias el domingo 18 de septiembre de 2016

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Clase digital menguante

La clase media está desapareciendo, está menguando a un ritmo alarmante. Es un hecho que preocupa universalmente a entidades poco sospechosas de ser revolucionarias, como por ejemplo el Foro Económico Mundial (WEF) que se reúne en Davos a comienzos de cada año. Ya lo dijo en 2014 y en sus documentos preparatorios para la próxima cita se alerta que el problema se agrava, señalándose la creciente desigualdad como uno de los principales riesgos globales en 2015.

“Cuando la economía y el empleo crezcan, es posible que la desigualdad y la pobreza se queden endémicas” ha dicho recientemente Antón Costas, presidente de Cercle d’Economía, prestigiosa asociación de empresarios, habitualmente muy bien informada.

Una clase media amplia, educada y consciente, es la base de la democracia. Una masa dividida, atemorizada y desinformada está en riesgo de caer en manipulaciones y de dejarse llevar por engaños y populismos, de signos diversos, pero siempre perversos.

La digitalización debería contribuir positivamente a tener una mejor información y una mayor consciencia. Pero, para mi sorpresa, la “maldad” de algunos y la pereza de muchos están produciendo los efectos contrarios.

Me dispongo pues a aportar mi granito de arena en este acto de transitar por el acelerado mundo digital que a todos nos supera.

Mucha información igual a desinformación

Los ingenieros estamos acostumbrados a conceptos como el “ruido”, las “interferencias” y la “saturación”. LP Clase digital menguante ImagenHablamos también de “sintonizar” la fuente adecuada de la señal y de filtrar las señales perturbadoras.

Con la extensión masiva del correo electrónico primero, el acceso al mismo desde el móvil, la mensajería instantánea continua (Whatsapp y similares) y las redes sociales que nos incitan continuamente a participar, observo que muchas personas tienen la sensación de que dominan todas las fuentes de información y de que las suyas son las “veraces” y confiables.

Esa loca carrera de convertir en “virales” algunos mensajes (informaciones que se propagan rápidamente),  y las pocas ganas y consciencia para contrastar de muchos, convierten a personas teóricamente formadas en corderillos en fila hacia la “papilla informativa” primero, y al “matadero intelectual” después.

Nuestro trabajo lo hará un robot

Se ha publicado hace unos meses un serio estudio de la Universidad de Oxford predice que entre 10-20 años la mitad de los trabajos actuales los harán mejor robots o computadores dotados de inteligencia artificial.

La clase media nacida en los 50, 60 y 70 en el mundo desarrollado somos conscientes que nuestros hijos van a tener una vida más complicada que la nuestra. Es una sensación vivida por muchos como un drama.

Los niños y jóvenes actuales tienen que prepararse para un mundo de complejidad poliédrica infinita.

Pero la demografía de los países emergentes es aplastante. Y sus clases medias tienen derecho a una mejora de condiciones de vida: sus jóvenes sí que vivirán mejor que sus padres.

Las sociedades “maduras” como la europea, tenemos que saber bien cuales son nuestras cartas. Y eso requiere un conocimiento inteligente de las reglas del juego y una esforzada y creativa inversión en nuestras fortalezas.

Los robots podrían eliminar la humanidad

Ríase usted de ficciones como las de las películas sobre “El planeta de los simios” o las que tratan de robots asesinos en las series de “Terminator”, “Cyborg” o “Némesis”.

Nos acercamos a un momento en el que la inteligencia artificial de los robots superará a la del conjunto de la humanidad. Esa fecha, conocida como la “singularidad tecnológica”, muchos expertos la sitúan en el año 2045 y otros la adelantan al 2030 o incluso al 2025.

Gente muy seria está analizando de cerca las evoluciones de la inteligencia artificial y temen que en algún momento los robots lleguen a la conclusión de que los humanos somos algo molesto y nos eliminen como si de  un virus se tratase.

Pero no quiero ser alarmista (asusta todo esto un poco ¿verdad?)

Razones para el optimismo

Querido lector, estamos en fechas navideñas, en tiempos de revisión de lo hecho y de buenos propósitos para el año que viene.

No quisiera que con estas reflexiones quedara en usted un mensaje alarmista o una sensación pesimista.

La humanidad, el “homo sapiens”, ha alcanzado niveles de progreso, de igualdad y de felicidad difícilmente imaginables por cualquier otra especie o por nuestros antepasados hace pocos cientos de años.

Los humanos tenemos unos valores y unas virtudes que ninguna máquina podrá nunca replicar. Somos nosotros quienes diseñamos y construimos las máquinas y tenemos que seguir logrando que éstas sean una extensión más de nuestras facultades.

No tenemos garras, nuestros colmillos son pequeños, nuestra vista limitada, nuestro olfato es muy simple. Pero tenemos un sistema nervioso distribuido por todo el cuerpo, con un cerebro prodigioso, capaz de idear abstracciones y de integrar emociones.

Las máquinas, los robots, los computadores, las redes de telecomunicación, los sensores, no son más que unos “órganos” reforzados que nuestro cerebro va creando.

Muchas quejas se escuchan sobre la rigidez que su uso nos genera, de las dificultades para dominarlos, de tener que adaptar nuestro trabajo a unas máquinas. Aprendamos a usarlos, a dominarlos y a adaptarlos a nuestras necesidades.

Estos son mis deseos para 2015, para usted, paciente lector, y para todos sus seres queridos. Que así sea.

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Artículo publicado en Las Provincias el domingo 14 diciembre 2014

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