Revolución tecnológica

En el inicio de cada año son habituales las predicciones sobre tendencias tecnológicas. El año nuevo invita a reflexionar sobre el presente y el futuro y la tecnología no es una excepción.

Con este mes de enero casi concluido y teniendo por delante un 2015 lleno de “emociones” en el ámbito sociopolítico en España, es fácil perderse atendiendo sólo a lo urgente y olvidando lo importante.

El ilustre y veterano abogado Antonio Garrigues Walker ha escrito hace unos días: “El empresario de esta época histórica, cualquiera que sea la dimensión de su empresa, tiene que visualizar el mundo con otra mirada y con otras ambiciones. Su espacio y su capacidad operativa va a carecer de límites en todos los sentidos y por lo tanto sería absurdo autolimitarse en forma alguna”, refiriéndose a la revolución tecnológica y a la innovación permanente.

Quisiera aportar algunas ideas del por qué de estas palabras y por qué usa el término “revolución tecnológica”  una persona externa a ese ámbito.

¿Revolución o evolución?

Las palabras fuertes como “revolución” pueden asustar y paralizarnos o bien alertarnos y movernos a la acción.

Cuando algunas personas vemos la avalancha de la tecnología aplicada y los cambios que se van a provocar y que ya están produciendo, tenemos que usar esas palabras llamativas.

Hablamos de revolución porque nos produce alerta y nos alarma el desconocimiento generalizado que muestran muchas personas con puestos de responsabilidad en empresas y entidades.

Los cambios tecnológicos anteriores se producían evolucionando a lo largo de toda una generación. En unas cuantas décadas los humanos se acostumbraban a convivir con la electricidad, con los vehículos de motor de explosión, con el teléfono o con la televisión. Los ordenadores y las redes de datos en empresas trajeron un intenso cambio en la economía y el funcionamiento de las empresas.

Pero ahora los cambios se suceden en pocos años y globalmente en todo el mundo y, por razones económicas y demográficas, estos cambios van a ser de una intensidad muy superior.

Claves tecnológicas actuales

Destacaría tres claves: Una primera clave es la “inteligencia por todas las partes”. Las máquinas de LP revolucion tecnologica imagentodo tipo son cada vez más inteligentes. Pensemos en los robots que, tras años de probada fiabilidad en las industrias, están ya apareciendo en las oficinas y en los hogares.

Hay que destacar el mundo del automóvil o, por ampliar el plano, el mundo del transporte personal.  La mayoría de fabricantes está trabajando en funciones de automatización de la conducción, aumentando la seguridad de los viajeros y permitiendo un uso más eficiente de las autopistas y calles. Se trabaja ya en la autoconducción, por ejemplo en un avanzado proyecto de Google. En cuatro estados de los USA la legislación ya permite el test de vehículos autónomos circulando en carreteras públicas.

El confort y la experiencia a bordo, como una extensión móvil del hogar, es otro campo en el automóvil. El “coche concepto”  F015 de Mercedes, presentado en la feria CES de las Vegas, es un excelente ejemplo de confort en ruta: recomiendo ver el vídeo “F015 Luxury in motion”.

En transporte personal otra tendencia emergente en zonas urbanas es un cambio de concepto pasando los urbanitas de “tener un coche” a “hacer uso de un servicio de coches”.

Una segunda clave es la “fusión entre el mundo real y el virtual”. Se está dotando a muchos objetos de sensores (que miden parámetros como temperatura, aceleración, conductividad) y de actuadores (que activan motores, válvulas, excitadores químicos o eléctricos).

Y junto a los sensores se instalan diminutos computadores con capacidad de comunicación con una red. Esto se manifiesta en conceptos cada vez más populares: Internet de las cosas y Tecnología ponible (“wearables”).

Otro ejemplo son los drones, aéreos, terrestres o acuáticos. Son vehículos semiautónomos, de todos los tamaños, que se están usando ya en  seguridad, acceso a lugares no transitables, fotografía e inspección, etc. Amazon y Google están investigando su posible uso en tareas de reparto.

Y la tercera clave a destacar es la “computación disponible en la web” con carácter flexible, reconfigurable y accesible para múltiples formatos y equipos. Un inicio de esto es la “informática en la nube” que ya tenemos los usuarios (por ejemplo aplicaciones de correo y ofimática en la red) y que también contratan las empresas, sustituyendo servidores físicos por virtuales.

Tener un acceso fácil al conocimiento, procesado con inteligencia artificial y accesible con lenguaje natural, está permitiendo ya cosas como realizar traducciones orales en tiempo real o tener ayudas a diagnósticos médicos basadas en lo último conocido.

Una realidad tecnológica de doble filo es la recogida masiva de datos de personas y cosas que permite servicios que hacen la vida más eficiente y cómoda, pero que a la vez supone un riesgo real para la privacidad. Se precisa una nueva conciencia de autoprotección personal y de políticas de seguridad basadas en riesgos.

Qué podemos hacer con esta revolución

Esta avalancha de tecnologías es mucho más que unos elementos aislados. La conjunción de todas ellas, unidas a poblaciones que nacen y crecen sin tener condicionantes de viejos procesos, está modelando el mundo.

Se abren oportunidades para las industrias de productos tradicionales. El automóvil es un buen ejemplo para España. Estas tecnologías caben en casi cualquier producto y permitirán competir a las empresas europeas. También hay oportunidades en la suma híbrida de productos y servicios.

Lo último que podemos hacer es ignorar la “revolución tecnológica” y permanecer quietos como si las formas empresariales fueran a regresar al tiempo pasado.

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Artículo publicado en Las Provincias domingo 25 enero 2015

LP revolucion tecnologica

Clase digital menguante

La clase media está desapareciendo, está menguando a un ritmo alarmante. Es un hecho que preocupa universalmente a entidades poco sospechosas de ser revolucionarias, como por ejemplo el Foro Económico Mundial (WEF) que se reúne en Davos a comienzos de cada año. Ya lo dijo en 2014 y en sus documentos preparatorios para la próxima cita se alerta que el problema se agrava, señalándose la creciente desigualdad como uno de los principales riesgos globales en 2015.

“Cuando la economía y el empleo crezcan, es posible que la desigualdad y la pobreza se queden endémicas” ha dicho recientemente Antón Costas, presidente de Cercle d’Economía, prestigiosa asociación de empresarios, habitualmente muy bien informada.

Una clase media amplia, educada y consciente, es la base de la democracia. Una masa dividida, atemorizada y desinformada está en riesgo de caer en manipulaciones y de dejarse llevar por engaños y populismos, de signos diversos, pero siempre perversos.

La digitalización debería contribuir positivamente a tener una mejor información y una mayor consciencia. Pero, para mi sorpresa, la “maldad” de algunos y la pereza de muchos están produciendo los efectos contrarios.

Me dispongo pues a aportar mi granito de arena en este acto de transitar por el acelerado mundo digital que a todos nos supera.

Mucha información igual a desinformación

Los ingenieros estamos acostumbrados a conceptos como el “ruido”, las “interferencias” y la “saturación”. LP Clase digital menguante ImagenHablamos también de “sintonizar” la fuente adecuada de la señal y de filtrar las señales perturbadoras.

Con la extensión masiva del correo electrónico primero, el acceso al mismo desde el móvil, la mensajería instantánea continua (Whatsapp y similares) y las redes sociales que nos incitan continuamente a participar, observo que muchas personas tienen la sensación de que dominan todas las fuentes de información y de que las suyas son las “veraces” y confiables.

Esa loca carrera de convertir en “virales” algunos mensajes (informaciones que se propagan rápidamente),  y las pocas ganas y consciencia para contrastar de muchos, convierten a personas teóricamente formadas en corderillos en fila hacia la “papilla informativa” primero, y al “matadero intelectual” después.

Nuestro trabajo lo hará un robot

Se ha publicado hace unos meses un serio estudio de la Universidad de Oxford predice que entre 10-20 años la mitad de los trabajos actuales los harán mejor robots o computadores dotados de inteligencia artificial.

La clase media nacida en los 50, 60 y 70 en el mundo desarrollado somos conscientes que nuestros hijos van a tener una vida más complicada que la nuestra. Es una sensación vivida por muchos como un drama.

Los niños y jóvenes actuales tienen que prepararse para un mundo de complejidad poliédrica infinita.

Pero la demografía de los países emergentes es aplastante. Y sus clases medias tienen derecho a una mejora de condiciones de vida: sus jóvenes sí que vivirán mejor que sus padres.

Las sociedades “maduras” como la europea, tenemos que saber bien cuales son nuestras cartas. Y eso requiere un conocimiento inteligente de las reglas del juego y una esforzada y creativa inversión en nuestras fortalezas.

Los robots podrían eliminar la humanidad

Ríase usted de ficciones como las de las películas sobre “El planeta de los simios” o las que tratan de robots asesinos en las series de “Terminator”, “Cyborg” o “Némesis”.

Nos acercamos a un momento en el que la inteligencia artificial de los robots superará a la del conjunto de la humanidad. Esa fecha, conocida como la “singularidad tecnológica”, muchos expertos la sitúan en el año 2045 y otros la adelantan al 2030 o incluso al 2025.

Gente muy seria está analizando de cerca las evoluciones de la inteligencia artificial y temen que en algún momento los robots lleguen a la conclusión de que los humanos somos algo molesto y nos eliminen como si de  un virus se tratase.

Pero no quiero ser alarmista (asusta todo esto un poco ¿verdad?)

Razones para el optimismo

Querido lector, estamos en fechas navideñas, en tiempos de revisión de lo hecho y de buenos propósitos para el año que viene.

No quisiera que con estas reflexiones quedara en usted un mensaje alarmista o una sensación pesimista.

La humanidad, el “homo sapiens”, ha alcanzado niveles de progreso, de igualdad y de felicidad difícilmente imaginables por cualquier otra especie o por nuestros antepasados hace pocos cientos de años.

Los humanos tenemos unos valores y unas virtudes que ninguna máquina podrá nunca replicar. Somos nosotros quienes diseñamos y construimos las máquinas y tenemos que seguir logrando que éstas sean una extensión más de nuestras facultades.

No tenemos garras, nuestros colmillos son pequeños, nuestra vista limitada, nuestro olfato es muy simple. Pero tenemos un sistema nervioso distribuido por todo el cuerpo, con un cerebro prodigioso, capaz de idear abstracciones y de integrar emociones.

Las máquinas, los robots, los computadores, las redes de telecomunicación, los sensores, no son más que unos “órganos” reforzados que nuestro cerebro va creando.

Muchas quejas se escuchan sobre la rigidez que su uso nos genera, de las dificultades para dominarlos, de tener que adaptar nuestro trabajo a unas máquinas. Aprendamos a usarlos, a dominarlos y a adaptarlos a nuestras necesidades.

Estos son mis deseos para 2015, para usted, paciente lector, y para todos sus seres queridos. Que así sea.

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Artículo publicado en Las Provincias el domingo 14 diciembre 2014

LP Clase digital menguante

La empresa hacia lo digital

Pensando en empresas como Amazon o Google, ya nadie duda que vivimos en un mundo en donde predomina lo digital y en el que las empresas emergentes son esencialmente digitales.

Pero, ¿qué pasa con las empresas “tradicionales”? ¿qué ocurrirá con las empresas que se encargan de la alimentación, transporte, energía, vivienda, cultura, ocio y vestimenta?. Vemos a empresas como Inditex (Zara) que atienden estas necesidades con agilidad y éxito mundial y nos preguntamos qué las distingue.

Y también vemos otras empresas de distintos sectores en las que no percibimos esa agilidad y frescura en la atención a sus clientes y mercados.

Sobrevivirán las empresas que comprendan el mundo digital y lo integren en sus procesos y su forma de trabajar.

Serán aniquiladas aquellas empresas que no entiendan los nuevos tiempos y tecnologías y carguen en la batalla con armas ya anticuadas, ignorando lo digital, como cuenta la mítica historia de lo que hicieron lanceros polacos a caballo cargando contra los panzers alemanes en 1939.

La buena gestión en la empresa

Un prestigioso empresario comentaba hace unos días que en su empresa “está todo en el  SAP”, que es el nombre de una conocida aplicación de gestión empresarial, y que “gracias a ello todos manejamos las mismas cifras y la misma información y la eficiencia es enorme”.

El “viejo” empresario que funciona solo con su olfato y que mantiene sus organizaciones desconectadas con informaciones estancas, es una especie a extinguir.

Afortunadamente todas las grandes empresas españolas (de las más competitivas del mundo) y muchas de las pequeñas y medianas, ya disponen de una infraestructura y de aplicativos digitales que dan soporte a su actividad y su negocio.

Pero no basta con eso. La colosal aceleración de la digitalización de las personas y los objetos, unida a la revolución demográfica y económica de Asia y África, nos traen un mundo en el que no caben las empresas basadas en divisiones funcionales y procesos inamovibles. Se necesitan empresas con un corazón y una mente digitales.

Las empresas de la era industrial se diseñaron para ser robustas y capaces de producir de forma repetitiva y consistente muchos productos iguales con cambios incrementales. El mundo ya no es así.

Una buena explicación de esto es la que relata el consultor Aaron Dignan cuando habla de las empresas exitosas que tienen un “sistema operativo digital” porque “lo digital no es un programa informático, es un estado mental”.LP Empresa hacia lo digital - Imagen

Las empresas que tienen éxito, explica, son las que tienen:

  • Una VISIÓN de empresa con enfoque a largo plazo, con un propósito,  resistentes a la incertidumbre y el riesgo, transparentes, incómodas para muchos y que dejan un legado, una forma de ser, aunque desaparezcan.
  • Una forma de TRABAJAR continua 24h x 7d, con productos “inteligentes” que interactúan con los clientes, funcionando de forma ligera (“lean”), con planificación flexible, cambiando en cuanto es preciso (“pivotar”), con oficinas móviles, roles flexibles y proyectos de las personas.
  • EQUIPOS de trabajo con líderes que convencen y motivan en vez de ser jefes que ordenan y mandan, que atraen talento, con técnicos integrados en el negocio, centrados en las personas, equipos digitales.
  • PRODUCTOS híbridos entre producto y servicio, con modelos de negocio difíciles de catalogar en esquemas clásicos. El conocimiento del producto es clave en la cuenta de resultados: se invierte más en el producto que en la publicidad, con una orientación global, para todo el mundo.
  • Con COLABORACIÓN entre clientes y proveedores, estableciendo comunidades entre ellos, formando equipos que colaboran y trabajan en red. De este modo las empresas consiguen  maximizar la interacción con su mercado.

Transformación hacia lo digital

El empresario es quien lidera, es el que tiene la visión de la empresa y la transmite a empleados y directivos. Sin una visión bien informada no hay nada que hacer.

Pero, una vez que se tiene esa visión, la empresa hoy necesita vivir el mundo digital. Necesita trabajar con una estructura plana y colaborativa.

Para una transición e inmersión en el mundo digital no es suficiente el comprarse un aplicativo de moda o el poner ordenadores portátiles y dar smartphones a los empleados para que trabajen con sus datos en la “nube”. Se necesita algo más que “echar” cubos de tecnología.

Existe la tentación de comprar lo que está de moda. A ello nos impulsan los grandes operadores de telecomunicación y proveedores informáticos que, también ellos, están sufriendo su propia transición. En ese devenir los mercados se entrecruzan y solapan y las empresas emergentes de Internet cambian las cadenas de valor y de suministro. Las opciones se multiplican y aumenta la confusión sobre qué comprar: algunas opciones se  nos  presentan como el paradigma de la modernidad.

Es fácil que una empresa “tradicional” se sienta confundida: consultores y proveedores le cuentan modelos distintos envueltos de un futuro prometedor: nombres de moda mezclados con marcas comerciales y casos de éxito que nos pueden llevar por caminos que comprometan el futuro de nuestra empresa.

Malo es no hacer nada, quedarse anclado en los métodos y modelos del siglo pasado. Pero caer en una digitalización sin conocer previamente hacia dónde vamos es quizá más peligroso.

No todo vale para cualquier empresa y no todas las soluciones son abiertas y transparentes en sus objetivos: a menudo prevalece la estrategia del suministrador frente a las necesidades del cliente.

Mantener la curiosidad informada y  un estado mental digital resulta vital para la empresa que quiera perdurar. Desde una visión clara y bien asesorada será  posible elegir entre las distintas ofertas con más posibilidades de éxito.

Deseo haber contribuido desde este espacio con mi granito de arena en la inmensa playa de la empresa digital.

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Artículo publicado en Las Provincias el domingo 5 octubre 2014

LP Empresa hacia lo digital

Recuperación digital

Nos encontramos en el año 7 de la crisis y parece que, esta vez sí, la recuperación va en serio.

Discrepo, no obstante, con el uso reiterado del término “recuperación”, dado que parece indicar que vamos a “recuperar” la situación de aparente bonanza que vivíamos en el primer lustro del siglo XXI y que pronto volveremos a estar como en 2006 o 2007.

Pero el  mundo ha cambiado mucho en estos siete años: la economía, la demografía y la tecnología se han aliado provocando unos cambios profundos como nunca antes había experimentado la humanidad.

Y lo “bueno” es que en los próximos siete años vamos a vivir cambios aún mayores. Creo que puedo afirmarlo sin temor a equivocarme. Al  menos, en lo que respecta a la tecnología. Las telecomunicaciones, la informática, la biotecnología, la robótica, y muy especialmente  las tecnologías híbridas que conjugan el uso de las áreas  más emergentes entre estas tecnologías citadas  es a lo que me refiero.

Escribo “bueno” entrecomillado porque pienso en primer lugar, que los cambios que vienen propiciados por el desarrollo tecnológico son buenos. Y las comillas matizan la “bondad” porque temo que algunos de mis compatriotas ciudadanos, profesionales, directivos y empresarios, quizá no se hayan dado cuenta de las oportunidades y vivan los cambios habidos y los que vamos a vivir con gran temor y recelo.

Una recuperación buena no sería la que nos retrotraiga a los malos hábitos de la explosión inmobiliaria propulsada por una barata y descuidada (en la previsión de riesgos) sobrefinanciación. No lo sería porque, además de que ser perjudicial, creo que no es posible que ocurra.

El mundo ya es digital

Incluso lo más analógico y natural está siendo afectado por la realidad digital. Somos las personas las que estamos cambiando Recuperacion digital LP imagennuestro comportamiento y enfocamos la vida real. Hace unas semanas desde estas mismas páginas hablábamos de los “millennials” y su “Poder digital” (j.mp/poderdig).

Pretender que la economía se recupere como si solo una pequeña parte de nuestros clientes usara Internet y siempre lo hiciera con ordenadores fijos es un disparate.

Pensar que nuestros productos o servicios se van a vender como algo “monolítico” en mercados estancos en los que nos anunciamos usando sólo la prensa impresa y los anuncios en televisión es una locura.

Digital es ya la información, el comercio de servicios y, lo está empezando a ser  también la fabricación. Y la asunción de que el mundo es digital es algo connatural en la población mundial urbanita que crece de forma exponencial: las nuevas generaciones no han nacido con las rémoras de los procedimientos del siglo XIX y no necesitan cambiar nada. Asumen directamente las nuevas formas de hacer.

La empresa o es digital o no existirá

El motor de la economía está formado por las empresas, las organizaciones de personas, capital y conocimiento para producir bienes y servicios. La recuperación que tengamos será debida a la que logren las empresas.

La administración puede facilitar y sobre todo no entorpecer la recuperación, pero la clave está en las empresas. Nos acercamos a periodos electorales y algunos “salvadores de la patria” nos intentarán vender sus logros o las hazañas que van a lograr si les elegimos.

Es por eso que nos debemos ocupar en que las empresas entiendan en profundidad, desde los propietarios y directivos hasta el último trabajador, cómo funcionará el mundo en los próximos siete años.

Se precisa una mente abierta, curiosa y con ganas de aprender. Los cambios continuos son la “nueva estabilidad” y en el flujo de los cambios aparecerán oportunidades si sabemos leerlas.

Peligros en el devenir digital

Como todas las novedades, especialmente las que parece que van a ser un negocio, el mundo digital atrae a muchas personas entre los que hay “feriantes” y “vendedores de ilusiones”.

Hay grandes empresas que en su reconversión digital adoptan una jerga y formas modernas, pero que en el fondo, en su interior siguen con esquemas anticuados. Hay algunos “proveedores digitales” que pueden envolvernos en estrategias suyas que acaban llevando a nuestra empresa a situaciones cautivas.

El mundo tecnológico está lleno de modas y de “palabros” que engatusan y embaucan a los incautos. Detrás de esas modas hay ciertamente tendencias imparables (“la nube”, el “big data”, “impresión 3D” …) pero hay que evitar seguir ciegamente una moda sin entender antes cómo tiene que cambiar nuestra empresa.

Es preciso tener un conocimiento directo del mundo digital. Es necesario entender y poder comparar para elegir las opciones más adecuadas a la propia empresa.

Cada empresa debe centrarse en sus fortalezas y su núcleo de negocio y buscar ayuda fuera de la empresa para seleccionar y adoptar las tecnologías y servicios que mejor sirvan a sus objetivos.

Parece un camino difícil, es cierto que nadie nos va a regalar mercados y que muchos van a intentar aprovechar  para sí nuestras oportunidades. Pero creo que estamos preparados, más de lo que a veces creemos, y con ese espíritu curioso, y bien asesorados, lograremos una recuperación verdadera. Aunque nunca más seremos el “asombro de occidente” como tontamente proclamaron algunos ignorantes. Mejor la humildad que surge del conocimiento.

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En plena canícula no es fácil pensar con claridad. Es momento de oxigenar las neuronas y de mirar desde fuera nuestra realidad. Confío haber contribuido a ello. Feliz resto del verano.

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Artículo publicado en Las Provincias el domingo 10 de agosto 2014

Recuperacion digital LP 10ago14

Poder digital

Este artículo es no apto para personas nacidas después de 1980. Si usted tiene menos de 35 años no siga leyendo.

Vamos a compartir aquí algunas claves de los “millennials”, de la generación de jóvenes que hoy tienen entre 18 y 34 años, que ya han alcanzado la plenitud de derechos y que pronto tomarán al 100% las riendas.

En 2025 esa generación representará el 50% de la población laboral y en países jóvenes como USA esa proporción será del 75%.

Los queremos tener como clientes, como empleados en las empresas, como líderes de proyectos innovadores. Los necesitamos, pero recelamos de ellos.

La tecnología es algo determinante en sus vidas. Es uno de los elementos clave que conforma su carácter y su experiencia.

Muchos adultos piensan sobre ellos que, al menos los de occidente, son una generación malcriada: listos y muy preparados pero impacientes y apoltronados por la prosperidad en la que crecieron.

Creo que están muy equivocados quienes proclaman que son una generación perdida. Quienes así se manifiestan son los mismos que también se sorprenden por las preferencias de personas de esas edades que tienen confianza en fenómenos “populistas”, como ese partido revelación del que todos hablan y que comienza por “P”.

No voy a escribir aquí de política, ya que hay muchos y mejores escritores en estas páginas que saben de eso. Mi especialidad es otra.

Tecnología y “millennials”LP proder digital imagen

Esta generación usa la tecnología digital como algo natural, intrínseco a su forma de comunicar, de informarse y de pensar.

Algunos datos significativos, extraídos de un interesante estudio de Telefónica Global hecho en 27 países significativos de todos los continentes (datos 2013):

El 76% tiene un smartphone. En Europa es el 79%, África y Medio Oriente 72%, Asia 83%

  • Están una media de 6 horas / día conectados a Internet
  • Para credibilidad de noticias confían un 45% en Internet, un 36% en TV y un 15% en prensa impresa.
  • Para noticias actualizadas la confianza es de un 54% en Internet, 34% TV y 8% prensa impresa.
  • Piensan que sus gobiernos no representan sus valores y creencias. Este sentimiento es especialmente fuerte en Europa (65%) con España (79%) e Italia (87%) a la cabeza.
  • Una media global del 36% cree que la tecnología es el campo de conocimiento más importante para su futuro éxito personal, destacando Asia (44%) por arriba y Europa occidental por abajo con sólo un 23%

Con ellos la irrupción de lo digital en todos los aspectos de la vida es imparable. Hablamos no solo de información y entretenimiento. Lo digital está también en las compras de viajes, ropa, electrónica, transporte urbano y muy pronto tendrá un fuerte impacto en la comida y los cosméticos.

La confianza digital

Una de las cosas que distingue a los jóvenes de esa generación es la forma en que construyen y mantienen la confianza.

Es difícil convencerles de la fiabilidad de los estamentos clásicos de nuestro sistema establecido cuando están presenciando los rescates de bancos tras las tropelías hechas en las cajas. O cuando perciben que los corruptos de guante blanco y los de que gozan de un aforamiento protector, casi siempre salen de “rositas” y muy raramente son condenados. Y menos aún entran en la cárcel.

Han construido una nueva red de confianza basada en aplicaciones digitales más densa y enriquecida. Una red en la que se presentan con su personalidad real, nada de anonimatos. Donde muestran sus gustos, ilusiones y también sus causas. Donde se puede contrastar una trayectoria y una coherencia (o la falta de ella) y por ello las personas que transitan esas redes van aprendiendo a distinguir.

Esas relaciones digitales a menudo se validan con encuentros cara a cara, en transacciones en persona, a las que se llega cuando ya se han contrastado previamente las identidades digitales y se han pasado los filtros que cada uno quiera establecer.

Los jóvenes comparten alojamientos, coches, motos, equipamientos profesionales, cuidado de mascotas en redes como  Airbnb, Blablabla, Relayrides, DigVacay,…

La propiedad digital

Otro hecho significativo en esta generación de “millennials” es su concepto de la propiedad de los bienes duraderos. O más bien deberíamos decir su concepto de la “no propiedad”.

El valor de las viviendas y la tendencia a liberar las ciudades del tráfico de coches particulares provoca que no sea conveniente, y en muchos casos ni tan siquiera posible, el tener una casa o un coche en propiedad.

Si se tiene la propiedad de estos bienes, se comparten para poder obtener unos ingresos adicionales que permitan disfrutarlos cuando no están en uso por otros.

Esta tendencia cambiará sin lugar a dudas el mercado inmobiliario y el de los automóviles. Empresas como Avis y Daimler ya lo están haciendo.

De modo que es posible, es necesario, es deseable entender y atender a esta generación. Son nuestros clientes, nuestros empleados, nuestros colaboradores (y en algunos casos nuestros hijos).

Si ha llegado leyendo hasta aquí espero que le haya sido de alguna utilidad. Estamos ya a mitad del verano y es un tiempo propicio para la reflexión sosegada. He pretendido contribuir a ello con estas líneas. Feliz verano y feliz semana.

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Artículo publicado en Las Provincias el domingo 27 de julio 2014

LP Poder Digital

Leyendo nuestras mentes

Vivimos tiempos cambiantes. No sólo por los estimulantes cambios en la jefatura del Estado en España, sino por el acelerado influjo de la tecnología en nuestras vidas.

Vivir con inquietud y temor no es saludable, y algunas personas de mi entorno me inquieren con dudas razonables sobre la pérdida de privacidad y los accesos a nuestra vida por parte de extraños.

Intentaré en este espacio aclarar algunos conceptos y tranquilizar a los lectores. Aunque, bien pensado, igual alguna cosa les inquieta aún más.

Nada nuevo bajo el sol 

Comencemos repasando que la exposición de nuestra vida privada al conocimiento público no es nada nuevo. Por no LP Leyendo mentes imagenremitirnos a las cavernas, recordemos que “desde siempre” nos ha agradado que nuestro “tendero habitual” conociera nuestros gustos y compras habituales y se anticipara a nuestras peticiones sirviéndonos antes incluso de haber hecho una comanda en un bar o haber solicitado algo en un ultramarinos.

Avancemos en el tiempo y recordemos las “tarjetas de fidelización” que nos hacen regalos acumulando puntos. O esas “misteriosas” preguntas de nuestro código postal cuando compramos algo con una tarjeta de crédito.

Hace décadas que existe el “data mining”, literalmente “minería de datos”. Nuestros operadores de tarjetas de crédito y bancos hace años que usan la información que generamos con nuestras compras para ofrecernos otros servicios propios y de terceros.

El análisis masivo de datos produce situaciones curiosas como la de los almacenes Target en los USA que hace un par de años “adivinaron” que una adolescente estaba embarazada, antes de que sus padres lo supieran. En función de un patrón de compras de determinados productos cosméticos, comenzaron a enviarle ofertas de artículos para embarazadas y madres primerizas a su domicilio. El padre se quejó enojado a los almacenes por el “error”, para tener que descubrir semanas más tarde que quien estaba en un error era él mismo.

Otro caso ilustrativo es el que ha puesto de manifiesto el ciudadano alemán Malte Spitz. Tras una batalla legal logró que su operadora de móvil le facilitara copia de los datos recogidos sobre él en los archivos técnicos y comerciales. Una vez obtenidos nada menos que 35.850 registros de sus movimientos en medio año, los puso a disposición pública en la web. Busque “Zeit Malte Spitz” y asómbrese.

Pero no hay problema. Incluso la canciller alemana Angela Merkel es espiada en sus conversaciones con otros mandatarios y ese escándalo a penas provoca una tímida queja.

No hay delito, y esto se acelera

Hemos conocido esta semana que la Fiscalía contra la “criminalidad informática” de España ha determinado que, a pesar de ser un hecho probado que la NSA, los servicios de espionaje de USA, han espiado millones de llamadas telefónicas en España, esos hechos no son delito. Tranquilos pues.

Lo del espionaje, al alcance únicamente de las superpotencias, es casi una broma. Aunque no lo es tanto cuando a alguno le retienen en una frontera porque el sistema ha detectado en nuestro patrón de comunicaciones semi-públicas una cierta hostilidad hacia un estado concreto. OJO al tema, porque esto ya está pasando.

La disponibilidad masiva de datos se multiplica exponencialmente. Desde este espacio hemos escrito en otras ocasiones sobre “big data” (datos “a lo bestia”), sobre “Internet de las cosas” (sensores por todos sitios recogiendo información de todo tipo) y de “tecnología ponible” (wearable) que llevaremos pegada a nuestro cuerpo, más aún de lo que ya llevamos ahora nuestros “smartphones”.

Otra situación reciente son las constantes preguntas que recibimos al navegar en Internet para que aceptemos la nueva política de “cookies”. Una legislación reciente obliga a las webs que recogen y comparten datos de nuestro comportamiento al navegar a que nos pidan nuestro consentimiento para hacerlo. Querido lector ¿ha leído y entendido lo que le preguntan antes de seguir navegando?… Pues eso.

Si quiere verdaderamente inquietarse visualice el video sarcástico del juego en la web datadealer.com sobre el comercio masivo de datos privados.

No hay donde esconderse, sea bueno

La filósofa y escritora Elsa Punset nos tranquiliza sobre la hiperconectividad moderna y nos anima a desarrollar nuestra “inteligencia social”. Vamos a ser más transparentes, lo estamos siendo ya, afirmó hace unas semanas en su conferencia en Valencia.

Quien actúe de forma oscura, maliciosa, tarde o pronto será descubierto. Eso deseamos la gente de bien.

Pero aunque seamos buenos, a nadie nos gusta que nuestra intimidad se exponga en lugares indebidos. Seamos prudentes por tanto y evitemos registrar en el mismo sitio, en el mismo proveedor de servicios, toda nuestra información. Y lo que no queramos que se sepa, casi mejor que ni tan siquiera lo pensemos.

Van a leer nuestras mentes. Adivinando, o incluso induciendo, nuestros comportamientos. De momento recogiendo y analizando datos para personalizar los mensajes que recibimos. Y en el futuro próximo, interactuando directamente con nuestro cerebro.

No es que vayamos hacia el  “Mundo feliz” de Orwell, es algo más sutil, y quizá más efectivo. Pero de nuevo, no se asuste, no se preocupe. Ocúpese y sea consciente, adapte sus comportamientos sociales a la nueva realidad y exija que las leyes y su aplicación se adapten también con auditabilidad y transparencia.

La vida digital se apodera de todo. El conflicto de los taxis con la aplicación Uber es un ejemplo de una punta del iceberg. De nada sirve esconder la cabeza como un avestruz. Seamos conscientes y juiciosamente prudentes en aprovechar y gestionar los nuevos entornos.

Desde este espacio he intentado aportar un poco de luz a este empeño. Feliz semana.

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Artículo publicado en Las Provincias el domingo 22 junio 2014

LP leyendo mentes

Europa Digital

El 9 de mayo se ha celebrado el Día de Europa y estamos en vísperas de las elecciones al Parlamento Europeo más importantes de la historia. Es una fecha óptima para hablar de la Europa digital.

Europa es una pequeña región del mundo. En términos de población apenas supone el 7%. En economía  poco más del 18% mundial (PIB con paridad de poder adquisitivo). Y además nuestro peso relativo en ambos parámetros decrece rápidamente.

En el mundo digital también estamos perdiendo fuerza. No es cuestión de aburrir con estadísticas, pero las cifras de Europa en Internet, telecomunicaciones, electrónica, informática, contenidos, juegos, aplicaciones, etc, que nunca estuvieron al nivel de nuestra economía, están también menguando en términos relativos.

Europa es una región de un mundo cambiante en el que si no nos “ponemos las pilas” corremos el riesgo de convertirnos en un lugar en el que solo habrá gente enfadada que discute mucho sin tomar decisiones, que vive en casas viejas y que tiene ideas antiguas.

El mundo se mueve (se ha movido ya) hacia lo digital. No solo como base de empresas innovadoras, sino también como elemento imprescindible en todo tipo de empresas, entidades y ciudades.

Un rápido vistazo a los currículos de los candidatos de los principales partidos me permite constatar que predominan de forma abrumadora los titulados en derecho y economía, pero escasea la formación y la experiencia tecnológica y científica. También escasea la experiencia internacional, pero esa es otra historia.

No pretendo arreglar Europa con un simple artículo. Ni tan siquiera arreglar el devenir digital de Europa. Simplemente deseo aportar algunas preguntas e ideas para reflexionar y para que quien pueda las asuma y actúe.

Algunas preguntas

¿Cómo están cambiando los flujos de valor en las comunicaciones? ¿y en la electrónica?LP Europa digital imagen

¿Por qué una empresa como Facebook compra Whatsapp por 19.000 millones de dólares, un valor equivalente a la suma del de Indra más Banco Popular?

¿Por qué Google gasta miles de millones de dólares en una empresa de termostatos y en otra de ‘drones’?

¿Dónde fabrica sus teléfonos y tabletas el gigante tecnológico Apple? ¿Dónde genera PIB? ¿Dónde paga sus impuestos?

¿Cuánto cuesta dar cobertura de banda ancha fija de más de 100 Mbps al 50% de los hogares europeos?

¿Sustituye la banda ancha móvil 3G+ o 4G a la banda ancha fija? ¿Cuál es el  coste de dar cobertura 4G al 90% de la población?

¿Qué relación tiene una buena política de “datos abiertos” con la competitividad de una ciudad, una región o un continente?

¿Cuántos titulados en carreras tecnológicas y científicas produce Europa? ¿Y cuántos China? ¿Y la India?

Entender la importancia de estas cuestiones es fundamental para poder proponer una estrategia, para legislar una normativa o para entender y responder estratégicamente ante propuestas de grupos de interés o de iniciativas de otros países.

Algunas ideas 

La Unión Europea es muy buena escribiendo estrategias. Ojalá fuera la mitad de buena llevándolas a la práctica.

Una de las siete iniciativas emblemáticas de la Estrategia Europa 2020 es precisamente la Agenda Digital Europea.

Esta agenda estratégica está organizada en siete pilares que agrupan 101 acciones.  Para aproximarnos a la Agenda Digital es más comprensible hacerlo usando las cinco áreas de la sociedad y la economía en las que se pretende influir positivamente. Estas cinco áreas y los temas relacionados con ellas son:

–          Viviendo ‘online’: incluye cuidado del entorno, la movilidad, ciudades inteligentes, la salud y cuidado de personas mayores, la confianza y fiabilidad, los servicios públicos.

–          Crecimiento y trabajo: las empresas ‘startup’, un pacto para atajar la escasez de profesionales TIC, la formación, la innovación abierta.

–          Ciencia y tecnología: tecnologías emergentes, tecnologías del lenguaje, ciencia digital, el futuro digital, la robótica, los componentes, materiales avanzados, Internet del futuro.

–          Comunicaciones e Internet: Servicios y software, telecomunicaciones, banda ancha, Internet abierto, confianza y seguridad, computación en la ‘nube’.

–          Contenido y Medios de Comunicación: herencia cultural, políticas de medios, almacenamiento y tratamiento de datos (‘big data’), plataformas de conciencia colectiva sobre sostenibilidad e innovación social.

Este guión es una excelente referencia de temas en los que profundizar por parte de nuestros representantes parlamentarios en Europa. También es útil para su uso en España por gestores políticos y para empresarios y directivos.

Es muy importante que se entiendan las fortalezas actuales de Europa (por ejemplo en operadores de telecomunicación, en diseños electrónicos híbridos con biotecnología, en tecnologías de lenguaje, …) para favorecer su crecimiento.

Hay que entender también dónde otras grandes regiones globales son fuertes (Internet, buscadores, marketing digital, fabricación electrónica) para usar sus servicios y evitar que fagociten los flujos de creación de valor europeos.

La ilusión y entusiasmo que se respira en ambientes emprendedores debería extenderse y contagiar a toda nuestra sociedad.

La eficiencia y excelencia que abunda en entornos tecnológicos debería propagarse por todo tipo de organizaciones, administraciones y empresas.

Europa puede y debe encontrar sus nichos en la economía digital. Nuestra sociedad y economía no podrán progresar si no integran y aprovechan el mundo digital.

Participemos todos en las próximas elecciones europeas y exijamos a nuestros representantes que estén a la altura para impulsar una Europa digital con protagonismo y presencia global.

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Artículo publicado en Las Provincias el domingo 11 mayo 2014

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