Tecnología estimulante

¿Nos atrofia y entontece la tecnología? o por el contrario ¿su uso nos estimula y mantiene en forma nuestra mente?

El debate, cargado a menudo de preocupación y de alarma, está en nuestra sociedad. No es un debate nuevo. Desde que aparecieron las primeras calculadoras hay quien afirma que prefiere sumar y restar de cabeza para no perder facultades. El debate se ha incrementado con la ubicuidad de los teléfonos y las tabletas con conexión permanente a Internet.

La conjunción de aparatos electrónicos con un interfaz gráfico o auditivo sencillo, conectados con banda ancha a Internet y soportados por aplicaciones y bases de datos en la “nube” que tienen capacidades “infinitas”, supone toda una revolución para la forma en que los humanos aprendemos, desarrollamos y comunicamos el conocimiento.

Hace unos meses opinamos desde estas páginas que podíamos estar “Conectados y pensando” (http://j.mp/conpenLP) y contribuimos con siete consejos para un acercamiento entre entusiastas y escépticos de la tecnología. El debate persiste.

Las generaciones que hemos crecido sin esos medios tecnológicos vamos aprendiendo a adaptarnos poco a poco a base de tropiezos y aciertos y la mayoría logramos extraer de ellos un rendimiento gratificante.

Pero persiste una preocupación inevitable ¿estaremos haciendo daño a nuestra mente, acomodándola a la pereza de no tener que recordar las cosas y evitando el esfuerzo de hacer cálculos mentales?

Del cerebro sabemos muy poco. Está comprobado que “el cambio mantiene joven nuestro cerebro” y que “tenemos que forzarnos a estar expuestos a la necesidad de cambiar para mantenernos jóvenes”. Esto nos presentaba un reciente programa de Eduardo Punset en televisión: los hallazgos de la neurociencia y los avances para el mantenimiento de la mente en plena forma mediante la “gimnasia cerebral” (para saber más busque Cognifit en Internet).

Resolver crucigramas y hacer sudokus está muy bien, daño no hace, pero puede llegar a acostumbrarnos a una rutina en la que las habilidades de repetición nos acomoden en la complacencia. Someternos a situaciones más complejas como aprender un idioma son gimnasias cerebrales más estimulantes. Y ahí es donde las tecnologías pueden servir de herramientas que nos hagan más asequibles ejercicios tediosos de aprendizaje de idiomas. Viajar también estimula, nos saca de la rutina, de los escenarios habituales y nos reconecta las neuronas con nuevos circuitos. Anticipar un viaje, complementarlo durante su realización y recordarlo una vez finalizado se ha facilitado enormemente con Internet y los móviles.

Hasta aquí mis reflexiones sobre el estímulo tecnológico en los adultos.

En los jóvenes, especialmente con los de la “generación Internet” nacidos desde finales de los 90 y ya en el siglo XXI, la preocupación de sus padres y educadores respecto a los peligros de las tecnologías se multiplica.

¿Tienen los jóvenes carencias notables en funciones cognitivas básicas como son la memoria contextual y la planificación? ¿adolecen de capacidad de concentración, de fijación de la atención?

Pues depende de para qué. ¿Alguien duda de la capacidad de concentración de un adolescente con un videojuego de acción? ¿han visto a adolescentes, manteniendo varias conversaciones simultáneas en redes sociales, a la vez que miran un video y escriben un texto?

Las habilidades que demuestran en esos casos, de maestría, coordinación, agudeza visual y atención dividida son poco menos que impresionantes. Otra cosa es que los padres pensemos que pierden el tiempo como lo pensaban los padres de los años 70 y 80 con sus hijos en los billares o jugando a los marcianitos.

Lo que ocurre es que los medios de aprendizaje que surgieron con la imprenta y con las clases impartidas con repetición monótona de textos y memorización de los reyes godos se han quedado anticuados. En los orígenes los maestros enseñaban con dibujos y con la palabra. En las cavernas de nuestros ancestros las enseñanzas se transmitían en colores y 3 dimensiones, como las pinturas de Altamira. El video hoy en día puede crearse con cierta facilidad y utilizarse para enseñar. Ya lo usan en casos de éxito como la academia de Salman Khan en los USA que desde 2004 acumula más de 3.200 videos de matemáticas, física, historia y finanzas o en la web www.lasmatematicas.es del valenciano Juan Medina.

Necesitamos docentes y desarrolladores de contenidos educativos que realmente entiendan las nuevas herramientas, los nuevos lenguajes y que lleven a los nuevos modos de atender y de aprender los conocimientos esenciales para el crecimiento como personas.

¿Quien recuerda hoy día un número de teléfono? Puede resultar un ejercicio apasionante, pero puestos a ejercitar la memoria, ¿no sería mejor recordar la asociación de caras con nombres y circunstancias personales (o profesionales) que nos acerquen mucho más a una interrelación fructífera?. Si quiere querido lector ejercitar esa habilidad, no deje de anotar en su agenda electrónica de contactos las circunstancias que quiera recordar de sus amigos, clientes y colaboradores y trate de ponerles una foto (las redes sociales son una buena fuente). La memoria es como un racimo de ideas asociadas, con una pista inicial de nombres y caras podremos recordar otros detalles gratos para una relación o interesantes para un negocio.

No tardarán mucho en comercializarse las “gafas de realidad aumentada” que nos podrán traer a la memoria informaciones o ilustrar con datos relevantes de una imagen real que se muestre ante nuestros ojos.

Cosas como éstas son algo que con el tiempo veremos tan natural como tomar un avión para recorrer en pocas horas miles de kilómetros. Esas tecnologías no nos hacen más torpes, más bien al contrario, bien empleadas nos permiten emplear nuestro cuerpo y nuestra mente en tareas más elevadas.

Perdimos hace años la habilidad de usar el arado romano o de segar la hierba con guadaña. Tractores y segadoras han facilitado las tareas del campo y con ello hemos liberado recursos para otras funciones más elevadas.

Al igual que un astronauta o un piloto de fórmula 1 han de estar en plena forma física y mental para conducir esos sofisticados aparatos, la mente humana disfrutará y rendirá mucho más si está correctamente entrenada.

Del mismo modo que debemos cuidar nuestro cuerpo con un ejercicio moderado y regular, caminando, montando en bici, jugando al tenis o bailando claqué, si llega el caso, igualmente nuestra mente se tonifica con un ejercicio moderado que le estimule a cambiar y crear nuevas conexiones para nuestras viejas neuronas.

Las tecnologías actúan a la vez que como una extensión de nuestras habilidades como un gimnasio cerebral que nos mantiene en forma.

No lo dude amigo lector, las tecnologías electrónicas bien empleadas le traerán beneficios personales y además un ejercicio mental tonificante.

Feliz semana y feliz verano.

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Artículo publicado en Las Provincias el domingo 24 de junio de 2012

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