Tecnología a 150

Culminando ya la celebración del 150 aniversario de LAS PROVINCIAS es buen momento para una reflexión sobre cómo ha evolucionado la tecnología y cómo ésta nos va a cambiar la vida.

Predecir los cambios tecnológicos para dentro de 150 años sería un ejercicio demasiado atrevido por mi parte. Vamos a dar mejor una mirada a un horizonte de 150 meses, algo más de una década.

Las personas, empresas y entidades se han sometido a cambios tecnológicos generación tras generación. Durante los últimos 150 años han experimentado un cambio importante cada 20 o 30 años. Pero en la última década los cambios se suceden de forma acelerada, con varios saltos tecnológicos en solo una generación. 150 meses es ahora un plazo muy amplio en términos de tecnologías.

Comunicaciones, transporte, energía, salud, comercio, banca, fabricación y distribución son áreas en las que podemos detenernos para echar esa mirada al futuro desde la óptica de la digitalización del conocimiento y la electrónica.

Asomándonos al futuro  

  • Comunicaciones entre personas individuales, en grupos o comunicaciones masivas:

Desde la imprenta, el correo postal y el telégrafo, las comunicaciones han avanzado de forma asombrosa. Gozamos hoy día de conexión permanente con personas y con la información  de los medios y de las redes sociales a través de Internet y los móviles. Las carencias que sufrimos con estos modos de comunicación, tales como la falta de concentración y las limitaciones de textos y fotos en un pequeño aparato,  deseamos que pronto sean superadas.

Tendremos en unos años una comunicación más ordenada y filtrada por “agentes personales” que podremos configurar en función de nuestros deseos y necesidades en cada momento del día.

Los interfaces directos con el cerebro permitirán una comunicación más rica, con todos los sentidos, no solo con la vista y el oído. Será una comunicación telepática, de pensamiento a pensamiento.LP Tecnologia 150 imagen

  • Transporte de personas y mercancías:

El ferrocarril y el motor de explosión han supuesto una revolución para la humanidad. La nueva revolución viene por una parte del lado de la propulsión: los coches serán eléctricos o híbridos. Y por otro lado se extenderá la conducción autónoma de los vehículos y la compartición de su uso. En las áreas urbanas, donde vivirá el 60% de la población en 2030, estas aplicaciones tecnológicas serán esenciales.

  • Energía, su producción, distribución y consumo:

Es imprescindible que disminuya de forma drástica la dependencia de los combustibles fósiles para la producción de energía. De las energías renovables abogo por las que convierten la energía solar en producción de electricidad con células fotovoltaicas de nuevos materiales como el grafeno. La gran ventaja de la fotovoltaica es que puede producirse muy cerca del equipo donde se consume.

El almacenamiento de la energía con baterías de alta eficiencia también cambiará la forma en que se distribuye y se consume la energía. Los avances tecnológicos en este caso vienen también de nuevos materiales y  de avanzados procesos químicos y orgánicos.

  • Salud, monitorización y tratamientos:

Las pulseras de actividad y los relojes que registran constantes vitales son solo un comienzo. Veremos generalizarse implantes de chips capaces de hacer análisis de sangre o de administrar fármacos. Otros ejemplos son dispositivos electrónicos que sustituyen a la retina o el oído interno y nanorobots capaces de navegar y actuar en nuestro interior.

  • Comercio, promoción, compra y venta:

El comercio digital y la presencia de medios electrónicos en los establecimientos físicos van a seguir creciendo hasta convertirse en la nueva forma de comercio. Tecnologías de sensores, de realidad virtual y de realidad aumentada son buenos exponentes de cosas que cambiarán el comercio.

  • Banca y finanzas:

El sector financiero va a experimentar un cambio profundo con la presencia en la cadena de valor de nuevos actores (empresas tecnológicas como Google y Apple) y con la transformación digital de los actores tradicionales (bancos). La extensión de los micropagos electrónicos, la desintermediación, las monedas virtuales basadas en cadenas criptográficas, los préstamos directos y el tratamiento masivo de datos (big data) son ejemplos de usos tecnológicos que van a cambiar este sector.

  • Fabricación, diseño, desarrollo, producción:

Se generalizará la impresión 3D de piezas y productos completos para prototipos y series cortas. Los robots serán mayoritarios en las fábricas. La conexión entre los sistemas de ventas y de fabricación permitirá productos personalizados a la medida.

  • Distribución de mercancías:

Los productos llegarán a sus destinatarios en muchos casos en cuestión de horas, gracias a redes logísticas optimizadas con sistemas capaces de predecir la demanda. En zonas abiertas se usarán drones aéreos que transportarán la mercancía hasta la casa del comprador. El transporte de mercancías también disfrutara de vehículos de conducción autónoma.

Optimismo ante todo 

Puede apreciar, querido lector, que propongo una visión optimista de la evolución de las tecnologías y su influjo en la vida de las personas.

No faltan las visiones agoreras de un mundo dominado por fuerzas oscuras a modo de un “Gran hermano” de la novela de Orwell. Esto es un gran reto y no tiene que ocurrir si estamos alerta.

Animo desde estas líneas a mantenernos informados sobre las tecnologías emergentes y a aprovecharlas como usuarios decididos y prudentes, protegiendo nuestra privacidad.

En 150 meses disfrutaremos, con alta probabilidad,  de muchos de los avances tecnológicos que enuncio aquí. En 150 años los avances serán infinitamente mayores, aunque eso no lo podremos ver.

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Artículo publicado en Las Provincias el domingo 13 de diciembre 2015

LP Tecnologia 150 pagina

Inteligencia diseminada

La semana pasada se ha celebrado en Barcelona la feria mundial de móviles MWC, uno de los más importantes eventos del mundo que gira alrededor de la electrónica, los móviles, las telecomunicaciones y la vida digital.

Por más que se repitan cifras, éstas no dejan de asombrarme: la mitad de la humanidad usa el móvil y un tercio  tiene conexión a Internet móvil.

La cantidad de mensajes, llamadas, aplicaciones y transacciones son apabullantes: se cuenta por centenares de miles de millones.

A la feria han acudido 93.000 visitantes record histórico de asistencia. Los casi 2.000 expositores han presentado ideas y productos y han intercambiado visiones del presente y del futuro.

Me llama la atención que este foro sea cada vez más un lugar multidisciplinar que congrega a profesionales de muchos sectores. Acuden y son entrevistados, como ejemplo, presidentes de grandes bancos tradicionales y de tarjetas de crédito líderes mundiales.  Estos importantes visitantes al MWC ha dicho frases que se han convertido  en titulares  en los medios de comunicación: “El dinero son datos”, “El futuro de la banca se decide aquí” o “El móvil será pronto el canal más importante para la banca”.

Hay operadores de telecomunicación que están comprando bancos. Hay bancos que están comprando empresas de software y de servicios electrónicos. Hay empresas tecnológicas que compran fábricas de termostatos. Existen fabricantes de cepillos dentales que están integrando la electrónica y sus aplicaciones en sus productos par que éstos sean mejores.

Los coches se han convertido en omnipresentes en el MWC. En ellos pasamos mucho tiempo y, por su condición de movilidad y exigencias de seguridad, se convierten en un objetivo donde ubicar todos los avances de la electrónica. Pero los coches son sólo un ejemplo de lo que está llegando: los chips electrónicos con sensores, procesadores, memoria y comunicaciones están poblando todos los objetos. Este fenómeno se llama ahora “Internet de las cosas”. Las siglas en inglés IoT (Internet of Things) han sido unas de las más repetidas en las conferencias, carteles y exposiciones del MWC.

Inteligencia en todas partes

La inteligencia conectada presente en las cosas, en la ropa y en los accesorios es una clave tecnológica actual, tal y como  se apuntaba hace unas semanas desde estas páginas al hablar de “Revolución tecnológica” (j.mp/revotecno).

Se trata de una “inteligencia diseminada” con un ritmo de crecimiento exponencial que va a provocar cambios aún mayores que los que hemos visto desde la explosión de Internet y de la telefonía móvil.LP inteligencia diseminada imagen

El teléfono móvil, o mejor llamado “dispositivo móvil inteligente conectado permanentemente a redes de banda ancha” va a continuar siendo un elemento clave, haciendo de pasarela o de almacén y sirviendo para conectar a otros accesorios inteligentes.

No puedo asegurar qué productos tendrán éxito entre los que hoy día se clasifican como de la “tecnología ponible” (wearables) y entre los de “Internet de las cosas”. Pero a la vista del masivo interés de desarrolladores y de empresas de tecnología y de servicios que estamos viendo en ferias como MWC, es seguro que algunas propuestas triunfarán.

La lógica hace pensar que para acceder a esa “inteligencia diseminada” pronto evitaremos el estar continuamente mirando una pequeña pantalla con el smartphone en la mano. Se dice, y con razón, que el uso actual  de los móviles  es peligroso para conductores, pero también lo es para peatones. Además el uso abusivo de los smartphones se ha convertido en un elemento molesto en muchas conversaciones o reuniones.

Tendremos quizá interfaces que conecten con el oído, la vista y  el tacto: dispositivos auditivos cloqueares, gafas o lentillas con proyección 3D, interfaces táctiles con tecnologías hápticas o incluso conexiones directas con el sistema nervioso del cerebro.

La tecnología se hará pues más invisible y  de aspecto menos intrusivo. Tendremos “superpoderes” estando dotados de una gran memoria, de información filtrada, capacidad de cálculo y proceso y de funciones de inteligencia artificial. En realidad hoy día ya estamos disfrutando de algunos de esos “superpoderes” aunque para ello tengamos que estar mirando el móvil.

Datos masivos. Privacidad y transparencia

Esta hiperconexión de personas y cosas genera millones de datos, algunos de ellos muy privados (datos de salud por ejemplo).

Será necesaria una buena cultura tecnológica de nuestros legisladores y dirigentes para que las normas que regulen la privacidad se adapten a la cultura de los europeos sin llegar a ser un estorbo para la innovación.

El Análisis de datos anonimizados de historiales de salud, junto a registros de constantes vitales correlacionados con esos datos puede traer grandes avances en la detección precoz de enfermedades o de epidemias.

Los datos de las ciudades y territorios que no afecten a la seguridad deben ponerse en formatos agregables a disposición de proyectos y desarrollo de nuevos servicios. Son datos públicos y deberá imperar la transparencia.

Oportunidades y amenazas

La “inteligencia diseminada” va a llegar y estamos viendo sus primeros pasos.

Según el presidente de la  empresa tecnológica Cisco, la mitad de los actuales proveedores de servicios van a desaparecer en una década. Y se refiere a servicios de todo tipo: transporte, hostelería, publicidad, entretenimiento, finanzas, comercios, seguros, telecomunicaciones…

La mezcla híbrida de servicios y productos y la canibalización disruptiva de diferentes industrias se va a acelerar. Las empresas y sectores que no se transformen a sí mismos se convertirán en irrelevantes y desaparecerán.

En estos cambios también aparecerán oportunidades: es preciso estar alerta. Los empresarios y profesionales podemos aprovechar nichos y trabajar en una evolución inteligente de nuestros talentos y negocios. Pero para ello tendremos que  entender las corrientes tecnológicas.

El futuro ya está aquí con inteligencia diseminada por todas partes.

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Artículo publicado el Las Provincias el martes 10 marzo 2015

LP inteligencia diseminada

Revolución tecnológica

En el inicio de cada año son habituales las predicciones sobre tendencias tecnológicas. El año nuevo invita a reflexionar sobre el presente y el futuro y la tecnología no es una excepción.

Con este mes de enero casi concluido y teniendo por delante un 2015 lleno de “emociones” en el ámbito sociopolítico en España, es fácil perderse atendiendo sólo a lo urgente y olvidando lo importante.

El ilustre y veterano abogado Antonio Garrigues Walker ha escrito hace unos días: “El empresario de esta época histórica, cualquiera que sea la dimensión de su empresa, tiene que visualizar el mundo con otra mirada y con otras ambiciones. Su espacio y su capacidad operativa va a carecer de límites en todos los sentidos y por lo tanto sería absurdo autolimitarse en forma alguna”, refiriéndose a la revolución tecnológica y a la innovación permanente.

Quisiera aportar algunas ideas del por qué de estas palabras y por qué usa el término “revolución tecnológica”  una persona externa a ese ámbito.

¿Revolución o evolución?

Las palabras fuertes como “revolución” pueden asustar y paralizarnos o bien alertarnos y movernos a la acción.

Cuando algunas personas vemos la avalancha de la tecnología aplicada y los cambios que se van a provocar y que ya están produciendo, tenemos que usar esas palabras llamativas.

Hablamos de revolución porque nos produce alerta y nos alarma el desconocimiento generalizado que muestran muchas personas con puestos de responsabilidad en empresas y entidades.

Los cambios tecnológicos anteriores se producían evolucionando a lo largo de toda una generación. En unas cuantas décadas los humanos se acostumbraban a convivir con la electricidad, con los vehículos de motor de explosión, con el teléfono o con la televisión. Los ordenadores y las redes de datos en empresas trajeron un intenso cambio en la economía y el funcionamiento de las empresas.

Pero ahora los cambios se suceden en pocos años y globalmente en todo el mundo y, por razones económicas y demográficas, estos cambios van a ser de una intensidad muy superior.

Claves tecnológicas actuales

Destacaría tres claves: Una primera clave es la “inteligencia por todas las partes”. Las máquinas de LP revolucion tecnologica imagentodo tipo son cada vez más inteligentes. Pensemos en los robots que, tras años de probada fiabilidad en las industrias, están ya apareciendo en las oficinas y en los hogares.

Hay que destacar el mundo del automóvil o, por ampliar el plano, el mundo del transporte personal.  La mayoría de fabricantes está trabajando en funciones de automatización de la conducción, aumentando la seguridad de los viajeros y permitiendo un uso más eficiente de las autopistas y calles. Se trabaja ya en la autoconducción, por ejemplo en un avanzado proyecto de Google. En cuatro estados de los USA la legislación ya permite el test de vehículos autónomos circulando en carreteras públicas.

El confort y la experiencia a bordo, como una extensión móvil del hogar, es otro campo en el automóvil. El “coche concepto”  F015 de Mercedes, presentado en la feria CES de las Vegas, es un excelente ejemplo de confort en ruta: recomiendo ver el vídeo “F015 Luxury in motion”.

En transporte personal otra tendencia emergente en zonas urbanas es un cambio de concepto pasando los urbanitas de “tener un coche” a “hacer uso de un servicio de coches”.

Una segunda clave es la “fusión entre el mundo real y el virtual”. Se está dotando a muchos objetos de sensores (que miden parámetros como temperatura, aceleración, conductividad) y de actuadores (que activan motores, válvulas, excitadores químicos o eléctricos).

Y junto a los sensores se instalan diminutos computadores con capacidad de comunicación con una red. Esto se manifiesta en conceptos cada vez más populares: Internet de las cosas y Tecnología ponible (“wearables”).

Otro ejemplo son los drones, aéreos, terrestres o acuáticos. Son vehículos semiautónomos, de todos los tamaños, que se están usando ya en  seguridad, acceso a lugares no transitables, fotografía e inspección, etc. Amazon y Google están investigando su posible uso en tareas de reparto.

Y la tercera clave a destacar es la “computación disponible en la web” con carácter flexible, reconfigurable y accesible para múltiples formatos y equipos. Un inicio de esto es la “informática en la nube” que ya tenemos los usuarios (por ejemplo aplicaciones de correo y ofimática en la red) y que también contratan las empresas, sustituyendo servidores físicos por virtuales.

Tener un acceso fácil al conocimiento, procesado con inteligencia artificial y accesible con lenguaje natural, está permitiendo ya cosas como realizar traducciones orales en tiempo real o tener ayudas a diagnósticos médicos basadas en lo último conocido.

Una realidad tecnológica de doble filo es la recogida masiva de datos de personas y cosas que permite servicios que hacen la vida más eficiente y cómoda, pero que a la vez supone un riesgo real para la privacidad. Se precisa una nueva conciencia de autoprotección personal y de políticas de seguridad basadas en riesgos.

Qué podemos hacer con esta revolución

Esta avalancha de tecnologías es mucho más que unos elementos aislados. La conjunción de todas ellas, unidas a poblaciones que nacen y crecen sin tener condicionantes de viejos procesos, está modelando el mundo.

Se abren oportunidades para las industrias de productos tradicionales. El automóvil es un buen ejemplo para España. Estas tecnologías caben en casi cualquier producto y permitirán competir a las empresas europeas. También hay oportunidades en la suma híbrida de productos y servicios.

Lo último que podemos hacer es ignorar la “revolución tecnológica” y permanecer quietos como si las formas empresariales fueran a regresar al tiempo pasado.

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Artículo publicado en Las Provincias domingo 25 enero 2015

LP revolucion tecnologica

Clase digital menguante

La clase media está desapareciendo, está menguando a un ritmo alarmante. Es un hecho que preocupa universalmente a entidades poco sospechosas de ser revolucionarias, como por ejemplo el Foro Económico Mundial (WEF) que se reúne en Davos a comienzos de cada año. Ya lo dijo en 2014 y en sus documentos preparatorios para la próxima cita se alerta que el problema se agrava, señalándose la creciente desigualdad como uno de los principales riesgos globales en 2015.

“Cuando la economía y el empleo crezcan, es posible que la desigualdad y la pobreza se queden endémicas” ha dicho recientemente Antón Costas, presidente de Cercle d’Economía, prestigiosa asociación de empresarios, habitualmente muy bien informada.

Una clase media amplia, educada y consciente, es la base de la democracia. Una masa dividida, atemorizada y desinformada está en riesgo de caer en manipulaciones y de dejarse llevar por engaños y populismos, de signos diversos, pero siempre perversos.

La digitalización debería contribuir positivamente a tener una mejor información y una mayor consciencia. Pero, para mi sorpresa, la “maldad” de algunos y la pereza de muchos están produciendo los efectos contrarios.

Me dispongo pues a aportar mi granito de arena en este acto de transitar por el acelerado mundo digital que a todos nos supera.

Mucha información igual a desinformación

Los ingenieros estamos acostumbrados a conceptos como el “ruido”, las “interferencias” y la “saturación”. LP Clase digital menguante ImagenHablamos también de “sintonizar” la fuente adecuada de la señal y de filtrar las señales perturbadoras.

Con la extensión masiva del correo electrónico primero, el acceso al mismo desde el móvil, la mensajería instantánea continua (Whatsapp y similares) y las redes sociales que nos incitan continuamente a participar, observo que muchas personas tienen la sensación de que dominan todas las fuentes de información y de que las suyas son las “veraces” y confiables.

Esa loca carrera de convertir en “virales” algunos mensajes (informaciones que se propagan rápidamente),  y las pocas ganas y consciencia para contrastar de muchos, convierten a personas teóricamente formadas en corderillos en fila hacia la “papilla informativa” primero, y al “matadero intelectual” después.

Nuestro trabajo lo hará un robot

Se ha publicado hace unos meses un serio estudio de la Universidad de Oxford predice que entre 10-20 años la mitad de los trabajos actuales los harán mejor robots o computadores dotados de inteligencia artificial.

La clase media nacida en los 50, 60 y 70 en el mundo desarrollado somos conscientes que nuestros hijos van a tener una vida más complicada que la nuestra. Es una sensación vivida por muchos como un drama.

Los niños y jóvenes actuales tienen que prepararse para un mundo de complejidad poliédrica infinita.

Pero la demografía de los países emergentes es aplastante. Y sus clases medias tienen derecho a una mejora de condiciones de vida: sus jóvenes sí que vivirán mejor que sus padres.

Las sociedades “maduras” como la europea, tenemos que saber bien cuales son nuestras cartas. Y eso requiere un conocimiento inteligente de las reglas del juego y una esforzada y creativa inversión en nuestras fortalezas.

Los robots podrían eliminar la humanidad

Ríase usted de ficciones como las de las películas sobre “El planeta de los simios” o las que tratan de robots asesinos en las series de “Terminator”, “Cyborg” o “Némesis”.

Nos acercamos a un momento en el que la inteligencia artificial de los robots superará a la del conjunto de la humanidad. Esa fecha, conocida como la “singularidad tecnológica”, muchos expertos la sitúan en el año 2045 y otros la adelantan al 2030 o incluso al 2025.

Gente muy seria está analizando de cerca las evoluciones de la inteligencia artificial y temen que en algún momento los robots lleguen a la conclusión de que los humanos somos algo molesto y nos eliminen como si de  un virus se tratase.

Pero no quiero ser alarmista (asusta todo esto un poco ¿verdad?)

Razones para el optimismo

Querido lector, estamos en fechas navideñas, en tiempos de revisión de lo hecho y de buenos propósitos para el año que viene.

No quisiera que con estas reflexiones quedara en usted un mensaje alarmista o una sensación pesimista.

La humanidad, el “homo sapiens”, ha alcanzado niveles de progreso, de igualdad y de felicidad difícilmente imaginables por cualquier otra especie o por nuestros antepasados hace pocos cientos de años.

Los humanos tenemos unos valores y unas virtudes que ninguna máquina podrá nunca replicar. Somos nosotros quienes diseñamos y construimos las máquinas y tenemos que seguir logrando que éstas sean una extensión más de nuestras facultades.

No tenemos garras, nuestros colmillos son pequeños, nuestra vista limitada, nuestro olfato es muy simple. Pero tenemos un sistema nervioso distribuido por todo el cuerpo, con un cerebro prodigioso, capaz de idear abstracciones y de integrar emociones.

Las máquinas, los robots, los computadores, las redes de telecomunicación, los sensores, no son más que unos “órganos” reforzados que nuestro cerebro va creando.

Muchas quejas se escuchan sobre la rigidez que su uso nos genera, de las dificultades para dominarlos, de tener que adaptar nuestro trabajo a unas máquinas. Aprendamos a usarlos, a dominarlos y a adaptarlos a nuestras necesidades.

Estos son mis deseos para 2015, para usted, paciente lector, y para todos sus seres queridos. Que así sea.

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Artículo publicado en Las Provincias el domingo 14 diciembre 2014

LP Clase digital menguante

La empresa hacia lo digital

Pensando en empresas como Amazon o Google, ya nadie duda que vivimos en un mundo en donde predomina lo digital y en el que las empresas emergentes son esencialmente digitales.

Pero, ¿qué pasa con las empresas “tradicionales”? ¿qué ocurrirá con las empresas que se encargan de la alimentación, transporte, energía, vivienda, cultura, ocio y vestimenta?. Vemos a empresas como Inditex (Zara) que atienden estas necesidades con agilidad y éxito mundial y nos preguntamos qué las distingue.

Y también vemos otras empresas de distintos sectores en las que no percibimos esa agilidad y frescura en la atención a sus clientes y mercados.

Sobrevivirán las empresas que comprendan el mundo digital y lo integren en sus procesos y su forma de trabajar.

Serán aniquiladas aquellas empresas que no entiendan los nuevos tiempos y tecnologías y carguen en la batalla con armas ya anticuadas, ignorando lo digital, como cuenta la mítica historia de lo que hicieron lanceros polacos a caballo cargando contra los panzers alemanes en 1939.

La buena gestión en la empresa

Un prestigioso empresario comentaba hace unos días que en su empresa “está todo en el  SAP”, que es el nombre de una conocida aplicación de gestión empresarial, y que “gracias a ello todos manejamos las mismas cifras y la misma información y la eficiencia es enorme”.

El “viejo” empresario que funciona solo con su olfato y que mantiene sus organizaciones desconectadas con informaciones estancas, es una especie a extinguir.

Afortunadamente todas las grandes empresas españolas (de las más competitivas del mundo) y muchas de las pequeñas y medianas, ya disponen de una infraestructura y de aplicativos digitales que dan soporte a su actividad y su negocio.

Pero no basta con eso. La colosal aceleración de la digitalización de las personas y los objetos, unida a la revolución demográfica y económica de Asia y África, nos traen un mundo en el que no caben las empresas basadas en divisiones funcionales y procesos inamovibles. Se necesitan empresas con un corazón y una mente digitales.

Las empresas de la era industrial se diseñaron para ser robustas y capaces de producir de forma repetitiva y consistente muchos productos iguales con cambios incrementales. El mundo ya no es así.

Una buena explicación de esto es la que relata el consultor Aaron Dignan cuando habla de las empresas exitosas que tienen un “sistema operativo digital” porque “lo digital no es un programa informático, es un estado mental”.LP Empresa hacia lo digital - Imagen

Las empresas que tienen éxito, explica, son las que tienen:

  • Una VISIÓN de empresa con enfoque a largo plazo, con un propósito,  resistentes a la incertidumbre y el riesgo, transparentes, incómodas para muchos y que dejan un legado, una forma de ser, aunque desaparezcan.
  • Una forma de TRABAJAR continua 24h x 7d, con productos “inteligentes” que interactúan con los clientes, funcionando de forma ligera (“lean”), con planificación flexible, cambiando en cuanto es preciso (“pivotar”), con oficinas móviles, roles flexibles y proyectos de las personas.
  • EQUIPOS de trabajo con líderes que convencen y motivan en vez de ser jefes que ordenan y mandan, que atraen talento, con técnicos integrados en el negocio, centrados en las personas, equipos digitales.
  • PRODUCTOS híbridos entre producto y servicio, con modelos de negocio difíciles de catalogar en esquemas clásicos. El conocimiento del producto es clave en la cuenta de resultados: se invierte más en el producto que en la publicidad, con una orientación global, para todo el mundo.
  • Con COLABORACIÓN entre clientes y proveedores, estableciendo comunidades entre ellos, formando equipos que colaboran y trabajan en red. De este modo las empresas consiguen  maximizar la interacción con su mercado.

Transformación hacia lo digital

El empresario es quien lidera, es el que tiene la visión de la empresa y la transmite a empleados y directivos. Sin una visión bien informada no hay nada que hacer.

Pero, una vez que se tiene esa visión, la empresa hoy necesita vivir el mundo digital. Necesita trabajar con una estructura plana y colaborativa.

Para una transición e inmersión en el mundo digital no es suficiente el comprarse un aplicativo de moda o el poner ordenadores portátiles y dar smartphones a los empleados para que trabajen con sus datos en la “nube”. Se necesita algo más que “echar” cubos de tecnología.

Existe la tentación de comprar lo que está de moda. A ello nos impulsan los grandes operadores de telecomunicación y proveedores informáticos que, también ellos, están sufriendo su propia transición. En ese devenir los mercados se entrecruzan y solapan y las empresas emergentes de Internet cambian las cadenas de valor y de suministro. Las opciones se multiplican y aumenta la confusión sobre qué comprar: algunas opciones se  nos  presentan como el paradigma de la modernidad.

Es fácil que una empresa “tradicional” se sienta confundida: consultores y proveedores le cuentan modelos distintos envueltos de un futuro prometedor: nombres de moda mezclados con marcas comerciales y casos de éxito que nos pueden llevar por caminos que comprometan el futuro de nuestra empresa.

Malo es no hacer nada, quedarse anclado en los métodos y modelos del siglo pasado. Pero caer en una digitalización sin conocer previamente hacia dónde vamos es quizá más peligroso.

No todo vale para cualquier empresa y no todas las soluciones son abiertas y transparentes en sus objetivos: a menudo prevalece la estrategia del suministrador frente a las necesidades del cliente.

Mantener la curiosidad informada y  un estado mental digital resulta vital para la empresa que quiera perdurar. Desde una visión clara y bien asesorada será  posible elegir entre las distintas ofertas con más posibilidades de éxito.

Deseo haber contribuido desde este espacio con mi granito de arena en la inmensa playa de la empresa digital.

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Artículo publicado en Las Provincias el domingo 5 octubre 2014

LP Empresa hacia lo digital

Vengo del futuro

Conversaba hace unos días con un amigo, experto comunicador, sobre mis peripecias para poder estar en varios sitios a la vez y mantenerme comunicado en días ajetreados, como la tarde del encuentro ciudadano #ValenciaEsMuchoMas.

Hacía poco que había estado en la feria mundial de los móviles MWC en Barcelona donde 67.000 profesionales de más de 200 países intercambiaron durante una semana nuevos productos y negocios globales.

El presidente de Google adelantó en ese congreso su predicción de cosas que tendremos en un futuro próximo: gafas de realidad aumentada y telepresencia remota holográfica, sensorial y robótica.

Le comentaba a mi amigo que comprendo bien esas predicciones y que siento que necesito esos productos dado que experimento ahora mismo unos anticipos de esos servicios.

La revista TIME acaba de publicar un interesante artículo titulado “Tu cabeza está en la nube” (“Your head is in the cloud” puede leerse en este enlace http://j.mp/headcloud). Se mencionan ahí los cambios en el funcionamiento de la mente debido al uso de Internet que han sido observados y documentados por prestigiosos psicólogos. Un fenómeno que no es nuevo y que hace décadas describieron como “memoria transactiva” para referirse al desarrollo de un sistema de “memoria en común” y complementaria que surge entre dos personas que se conocen bien. En una pareja uno recuerda las fechas de revisión del coche y otro las de vacunación de los niños. Memorizamos cómo encontrar la información de detalle, más que recordar los datos concretos...

Todo este comentario viene al hilo porque al igual que los historiadores aprecian que los comportamientos humanos se repiten a lo largo de los siglos, mi vida profesional me hace pertenecer a un subconjunto de humanos que comienzan a usar aparatos y aplicaciones varios años antes de que su uso se universalice. Y esto me hace observar igualmente que los comportamientos se repiten.

Bromeando con mi amigo, éste me dijo primero que soy un “friki” y después que si el futuro es tal y como yo le describo mi vida cotidiana en los días de ajetreo, que él no quiere vivir ese futuro.
Me ocurre eso, es cierto, me siento que “vengo del futuro” como la futurística chica del anuncio en TV de una lejía de los años 90.

Los que estamos en ese futuro “friki”, en España hay unos cuantos, a menudo nos ponemos nerviosos porque nos damos cuenta de cosas tecnológicas que pasan allende nuestras fronteras, sea en el Silicon Valley, Shanghai, Israel, Bangalore, Sao Paulo, Bangladés o Nigeria.

No podemos explicarnos bien y transmitir nuestro sentido de urgencia. Seguramente por nuestra torpeza comunicativa o por la lejanía de esas vivencias en el día a día de nuestra sociedad y economía.

Pero algunas realidades ya están al alcance de muchos. Este artículo sale impreso en LAS PROVINCIAS en papel cuando yo me encuentro a más de 700 kms. de Valencia. Puedo leerlo remotamente tal y como se publica (en la plataforma KioskoyMas) y puedo compartirlo por Twitter o en mi blog.

A la vez que me ausento de Valencia estoy trabajando con un socio en un proyecto que tenemos que entregar el martes 20. Compartimos un disco “en la nube” donde vemos en tiempo real las modificaciones que hacemos sobre los documentos de trabajo.

Quizá querido lector sea usted como mi amigo el experto comunicador: no quiere ni oír hablar de esa vida ajetreada llena de artilugios y comunicaciones aceleradas.

Pero es que se nos exige: tenemos que ser más productivos y esforzarnos más. Son mensajes que nos llegan de forma machacona. Y es cierto, solo así Europa podrá seguir existiendo en el concierto mundial. Pero sobre todo lo que tenemos que hacer es que trabajar mejor. Abandonemos el “presencialismo” como medida del esfuerzo en el trabajo. Algunos puestos que requieren atención al público o en los que hay operaciones críticas o manejo de instrumentos no queda más remedio que estar presente. Pero para un alto porcentaje de trabajos lo que cuenta es el resultado. El lograr un buen rendimiento no depende necesariamente de las horas que se esté presente en el trabajo, a veces incluso es inversamente proporcional.

Si yo no tuviera herramientas y aplicaciones de trabajo remoto eficiente no podría viajar fuera de Valencia aprovechando estos días festivos.

Me pierdo la mascletá y los castillos en directo, ya lo sé. Los dan por la web www.rtvv.es pero no es lo mismo. Intentaré llegar a tiempo para la Cremà.

Ese teletrabajo, esa telepresencia, podrá ahorrar muchos desplazamientos. El presidente de Google puso como ejemplo las decenas de miles de personas que mueren en accidente de coche en sus desplazamientos al trabajo cada año y el tiempo de ocio y las toneladas de CO2 que se ahorrarían evitando esos desplazamientos.

Y ahora que hablamos tanto de los jóvenes emigrantes sobradamente preparados (JESP) no me digan que cualquiera que conozca a alguno en su entorno cercano no tiene la sensación de tenerlo mucho más cerca gracias al correo electrónico, las videoconferencias por Skype y en algunos casos a las redes sociales.

Otro ejemplo es el Whatsapp: ya hay 10 millones de usuarios en España, inicialmente adolescentes y jóvenes y después sus padres o tíos. Tengo un grupo de amigos cuarentones y cincuentones que compartimos chascarrillos y citas para almorzar que organizamos en un grupo de Whatsapp.

Cuando se transita el futuro desde hace años, cuando se ve nacer tecnologías y aplicaciones de las cuales algunas fracasan y otras prosperan, se desarrolla un cierto olfato para intuir la evolución de nuestra sociedad.

Hace justo dos años, desde estas mismas páginas dejé escrito: “querido lector: usted accederá a Internet con el móvil muy pronto. Si cree que no será así, no siga leyendo” (http://j.mp/intmovLP). Para un gran porcentaje de lectores eso ya ha ocurrido.

Vengo del futuro y traigo buenas noticias: usaremos tecnologías que nos permitirán vivir mejor sin destrozar el planeta. Si las comprendemos con serenidad y las abordamos con la curiosidad y el espíritu de un niño, nos permitirán seguir aprendiendo, mantenernos siempre jóvenes vitales.

Aprenderemos a desconectar, a aislarnos del ruido mediático e hipercomunicado. Los niños ya han aprendido a soportar una sucesión de estímulos sin perder la calma, consiguen concentrarse en tareas que requieren concentración, reflejos y habilidad: pruebe usted a jugar con alguno de esos videojuegos modernos en red y sabrá a lo que me refiero. Tenemos que entender su mundo y acompañarles en los procesos reflexivos, los que consolidan el conocimiento y la madurez.

Vengo del futuro: la tecnología cada vez será más invisible, con interfaces intuitivos, “sin fricción” como gustan en calificar últimamente a las aplicaciones exitosas. Aún existen adultos que cuando se refieren a los ordenadores hablan de que no les gusta “programar” por esa deformación de los años 80 y 90 cuando había que tener una mente de programador para usar un ordenador.

Tabletas, televisores inteligentes, smartphones, coches conectados, Internet de las cosas, redes de sensores … muchos hablan ya de la era post-PC.

Vengo del futuro y voy a hacer una predicción: mañana día de San José “arderá Valencia”. Centenares de hogueras quemarán unos artísticos monumentos. Intente explicar eso mismo hoy a un extranjero que llegue a Valencia y no tenga noticia de la fiesta. Así me siento yo “en el futuro”.
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Artículo publicado en tribuna de opinión en Las Provincias 18 marzo 2012

Tecnología en el verano de 2029

Agosto de 2029, hace casi 40 años que cayó el muro de Berlín y 60 años de la llegada del hombre a la Luna. Recuerdo ahora el verano de 2009, justo a mitad de la «Gran crisis del 2008-2010». ¡Éramos tan jóvenes!

Mi hijo pequeño sólo tenía 12 años, pero ya era en casa el que mejor se manejaba con los aparatos para ver y grabar la TDT. Aquel verano fue el último de la TV analógica. Los valencianos empezábamos a descubrir que teníamos 40 canales gratuitos de televisión. Claro que eso era cuando aún existía el concepto «canal de televisión» y aún nos sentábamos a ver lo que «echan en la tele».

Movilidad en la Red Universal Digital

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Hay que ver cómo ha cambiado la forma de ver la tele y los vídeos. Porque ya casi nada lo vemos a la vez todos los «televidentes» (¡qué palabra!). Tan sólo los grandes acontecimientos deportivos y afortunadamente incluso esos los podemos detener y repetir las jugadas a nuestro gusto y sin perdernos detalle de lo que pasa en cada rincón del estadio.

Las múltiples pantallas de casa, de proyección en 3D, nos permiten ver noticias, vídeos, películas y deportes en cualquier momento. Y también en las pantallas móviles, flexibles y plegables que caben en un bolsillo. Aquel verano de 2009 aún nos sorprendía la velocidad con la que las nuevas pantallas eran cada vez más grandes, más finas y con mayor resolución y realismo. Hoy ya es algo superado.

Aquel verano los periodistas andaban un poco asustados. La crisis económica hizo caer los ingresos publicitarios y aquello fue una puntilla a los modelos monolíticos de periodismo. Los grandes grupos mediáticos, llenos de deudas en casi todos los casos, aprovecharon para limpiar plantillas y torpemente deshacerse de grandes valores. 20 años después sabemos que necesitamos buenos periodistas, cada vez más. Los ilustrados, abiertos, cultos y sabios periodistas que nos ayudan a entender con maestría lo que pasa en el mundo. Los audaces periodistas de fino olfato que transitan la calle, la real y la virtual, y entresacan las piezas informativas y las ponen a nuestra disposición con documentada objetividad. Los expertos periodistas que analizan y cuestionan la evolución de los acontecimientos y elaboran crónicas y artículos. Y leemos la prensa en esas pantallas flexibles móviles, de tinta electrónica. También a veces las leemos en papel, qué romántica experiencia. Sin temor a mancharlo o romperlo y con múltiples utilidades tras su uso como soporte de noticias. Pero, claro, el papel no nos gusta para leer noticias viejas de agencia, o refritos mal documentados y a veces mal redactados, como ocurría y a veces aún ocurre. Nos gustan las infografías de gran formato, que sintetizan en imágenes una situación compleja. Los análisis inteligentes, reposados. Las páginas de humor, de cotilleo, los deportes, la economía, la política, las noticias globales, nacionales, locales y las ultralocales. También leemos los sucesos, aunque a mí personalmente no me gustan, pero ya sé que el morbo vende bien. ¡Qué placer leer desayunando en un bar frente al mar mi ejemplar de LAS PROVINCIAS!

Pero también nos gusta opinar, participar. Y en mi generación esa necesidad no es nada comparada con la generación de mi hija. En 2009 ella usaba a todas horas el Tuenti, que ahora se llama ‘Cuarenti’ (es broma, que ya sabemos que Tuenti no tiene nada que ver con 20 :p ). Ellos ya tenían superado el correo electrónico, el Messenger y el Facebook. Lo del Twitter también llegó y pasó. Un año después Google Wave marcó el camino de una nueva forma de comunicación.

Este verano de 2029 he vuelto a Berlín. La primera vez que estuve fue hace casi 40 años y llegué a picar con mis manos un trozo del muro. Hace 20 años mi mujer me organizó un fantástico periplo a un precio de risa. Y en un hotel «de categoría», como nos gusta decir. En Berlín he disfrutado de la «realidad aumentada», una tecnología incipiente hace 20 años y que en 2029 nos resulta increíble cómo podíamos viajar sin estas facilidades. En 2009 disfruté por primera vez en el extranjero de un acceso permanente a internet con mi móvil, a un precio muy razonable. El disponer de Google y Wikipedia en mi bolsillo nos permitía contrastar al instante un dato o un nombre y hacer nuestra visita más gratificante. El tener Google Maps con GPS en mi móvil me permitió encontrar con precisión un magnífico restaurante en el barrio Kreuzberg de una chica coreana que me había recomendado mi amigo Juergen del blog http://www.holavalencia.net. Pero ahora, en 2029, aquello que me parecía tan moderno, y que asombraba a mis amigos cuando se lo contaba, con la «realidad aumentada» nos parece algo de las cavernas, casi tanto como el mapa más antiguo del mundo que se descubrió en 2009 en una caverna de Navarra y que se calcula que tiene 13.680 años.

Y es que la ubicuidad de la información, con más de 1 Gbps de velocidad garantizada en cualquier lugar y circunstancia, nos permite plantearnos otra forma de vida. Los esfuerzos de los operadores por traernos la última tecnología (ya estamos en la 6G, cuando en 2009 aún teníamos una lenta 3G) y el impulso de algunas entidades públicas para que la cobertura no fuera privilegio de unos pocos lugares o personas, hicieron mucho por mejorar la banda ancha. Y para la facilidad de uso de los móviles, que ya aguantan días de batería funcionando a todo trapo, ha sido fundamental la optoelectrónica que siguió a la nanoelectrónica. En 2009 en China se alcanzó la cifra de los 1.000 millones de móviles. Hoy sólo en España tenemos 10.000 millones de dispositivos móviles conectados a la red.

Cuánto hemos evolucionado desde 2009 y más que vamos a cambiar. En ello estamos.

Tecnología en el verano de 2029
artículo de opinión publicado en Las Provincias domingo 9 de agosto de 2009
www.lasprovincias.es/valencia/20090809/opinion/tecnologia-verano-2029-20090809.html