Dinero digital ¿y virtual?

Dinero digital ¿y virtual?

Se acerca el final del año y es un buen momento para hablar de dinero. En estas fechas el dinero circula con fluidez y parece que este año hay más alegría, tras largos años de tristeza y crisis.

Voy a intentar poner un poco de luz en lo relacionado con el dinero digital: los pagos con el móvil, las aplicaciones móviles para envío de dinero entre personas, las app’s de banca móvil que pugnan por captar nuestra atención (“Digilosofía”, “la mejor app del mundo”, …) y también, cómo no, las criptomonedas (el famoso Bitcoin, el Ethereum, el Litecoin, …)

Mi punto de vista es tecnológico, de ingeniero deseoso de ayudar a que se use la tecnología en cosas útiles, de forma correcta, eficiente, eficaz, sostenible, feliz.

Yo no soy economista, ni jurista, ni sociólogo. Poco puedo explicar sobre qué es, verdaderamente, el dinero. Ni de qué implicaciones legales, psicológicas o emocionales tiene el uso del dinero.

Pero sí que les puedo compartir mi experiencia en el uso de dinero en entorno “digital” desde hace muchos años. Ya conté en estas páginas que compraba por la “red” a primeros de los años 90 (en portales de Videotexto). Conseguí pagar con mi móvil en un establecimiento hostelero de Valencia hace casi cuatro años. Por entonces el pago con el móvil estaba inmaduro y tuve que abandonar. Pero, desde el verano de 2016 estoy feliz: pago siempre que puedo con mi móvil: cafés, taxis, en el bazar chino de mi barrio, en el supermercado: cualquier cosa y cantidad.

He pagado con mi móvil español en 5 países sin problemas (bueno, algún “problemilla” sí que he tenido). Tengo instaladas en mi móvil más de 20 app’s de pago, es decir “wallets”, y de banca móvil. Algunas de estas app’s albergan hasta 5 tarjetas de débito o crédito. Además de decenas de tarjetas de fidelización, de billetes de autobús, metro, tren, o de avión o de entradas al cine.

Y puedo afirmar, sin ningún género de dudas, que el pago con el móvil es ya más seguro y más cómodo que el pago con una tarjeta de plástico y, por supuesto, que el pago con dinero en efectivo o con un cheque de papel.

Qué es el dinero

El observar cómo se están posicionando las empresas de tarjetas de crédito, los bancos, las empresas de servicios, los operadores de telecomunicación y los fabricantes tecnológicos y los grandes comercios en el escenario de pagos con el móvil, me está ayudando a entender qué es, en realidad, el dinero.

Porque yo creía que el dinero son esas monedas y billetes que aprendí a utilizar cuando era niño. Lo de las tarjetas de crédito, aquellas primeras tarjetas de VISA que emitió en España el Banco de Bilbao en 1978, se llamaron inicialmente “dinero de plástico”. Luego vinieron las tarjetas de débito, y desaparecieron las “libretas de ahorro” ¡qué tiempos!

Pero, cuando pagábamos con una tarjeta de crédito, en realidad no entregábamos nada. Y si lo hacíamos con una trasferencia o con un cheque, usábamos papeles escritos y sellados en cada momento: ¿era eso el dinero?

Entonces ¿qué era el dinero? ¿Una anotación escrita, a veces a mano, en mi “libreta de ahorro”?  ¿Un extracto de la cuenta en la Caja de Ahorros?

Exacto: el dinero es una “anotación” en la cuenta de una entidad de la que nos podamos fiar: sea un banco, una emisora de tarjetas de crédito o débito, un cheque regalo de un comercio, una ficha de un casino, un vale o cupón de una tienda.

El dinero resulta ser un medio que registra y permite almacenar e intercambiar “pedazos cuantificables de confianza” con los que podemos pagar productos y servicios.

Siempre que se pueda almacenar e intercambiar algo cuantificable de forma segura y fiable para las dos partes que realizan el intercambio, estaré usando dinero, de modo que es sencillo deducir que un intercambio seguro entre un móvil y un dispositivo de cobro es, sin duda, dinero.

Qué respalda el valor del dinero

Pero aún tenemos que entender quien respalda el valor cuantificable de esas anotaciones: son los bancos y entidades financieras, claro está. Pero ¿quién vigila a los bancos y entidades financieras? ¿Quién garantiza que los pagos y saldos anotados por los bancos no van a desaparecer? ¿Y quién asegura el valor de las monedas en las que se hacen las anotaciones en los sistemas financieros?

¿Tiene el mismo valor una anotación en una cuenta a la vista de un banco “sistémico” (los que tienen un volumen muy importante y no se les deja caer) que una anotación en una pequeña entidad de crédito al consumo?

No es lo mismo una cuenta en Euros en un banco que una cuenta en Bolívares venezolanos en una tienda de préstamos de la calle, desde luego. Y ambas monedas tienen detrás un Banco Central que las respalda.

Llegados a este punto solo me queda explicar que una criptomoneda (como el famoso Bitcoin) es una anotación en un medio electrónico (o también físico) respaldado por un sistema distribuido de copias de esas anotaciones encriptadas en los registros de muchísimos otros usuarios del conjunto de ordenadores de quienes usan esa criptomoneda. Las transacciones en criptomonedas no pueden, por tanto, ser alteradas dado que requeriría cambiar todas esas copias distribuidas.

Termino diciendo que las criptomonedas son formas de dinero muy nuevas, volátiles (que cambian rápidamente de valor), pero que no por ello van a dejar de crecer.

Usted, querido lector, las usará antes de que termine esta década. Estoy seguro. Dentro de dos años lo veremos.

Feliz Navidad y próspero y digital 2018.

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Publicado en Las Provincias el 17 de diciembre de 2017

http://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/dinero-digital-virtual-20171217002627-ntvo.html

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Vida digital y comercio

Vida digital y comercio

Disfrutamos (y sufrimos) una vida digital íntimamente interconectada con la vida presencial y “analógica”. Muy pocos cuestionan ya esa realidad.

Y esa vida digital ha llegado al comercio. Se siente, se percibe de una forma cada vez más intensa. Hay síntomas que nos lo señalan. Por ejemplo, hace unos días hemos escuchado al líder de la distribución en España, Juan Roig, afirmar que, ahora sí, ya cree y apuesta por la telecompra electrónica. Su empresa es la mayor de España con 79.000 empleados, un 25% de cuota de mercado en supermercados y una facturación total de 21.600 millones de euros. ¡Seguro que saben algo de comercio y de los cambios de tendencias en la compra en los últimos años!

En el mundo hay empresas comerciales que venden mucho y bien por vía digital: Amazon es el más importante. Es el líder mundial en comercio electrónico, tiene 542.000 empleados (más grande que 63 países) y factura 132.000 millones de euros, la mayor parte de ellos en venta electrónica. Amazon ha entrado en nuevos segmentos de productos en áreas geográficas concretas cambiando el mercado.  Como ejemplo de ello, el servicio Amazon Prime Now, que ya está presente en Madrid y Barcelona y se caracteriza por entregar diversos tipos de productos en casa en menos de dos horas, perecederos y no: alimentación y bebida, droguería, belleza, electrónica, deportes, juguetes, hogar, regalos entre otros.

Pero el comercio digital es mucho más que “tener una web para vender por Internet”. Este comercio se inició hace 50 años en USA, con la adopción del código de barras. A España llegó 10 años más tarde. Como anécdota decir que fue justamente en 1977 cuando una cajera valenciana de Mercadona pasó el primer producto por el lector de código de barras en un comercio.

A principio de los años 90 ya se podía comprar de forma electrónica en España: era con el sistema IBERTEX y a pesar de la extrema lentitud de las líneas telefónicas, funcionó muy bien varios años. En ese caso el pionero español fue el supermercado de El Corte Inglés: en mi familia lo utilizábamos.

El cambio exponencial

El comercio electrónico es España crece más de un 20% anual, partiendo de unas cifras que ya empiezan a ser notables (22.000 M€).

Hay segmentos de mercado con más venta electrónica que otros. En viajes y transportes las ventas representan ya más del 10%,  en prendas de vestir más del 7%, mientras que el segmento de alimentación es aún muy reducido, en torno al 1% del total.

Pero, la generalización del uso masivo de los smartphones, unida al cambio demográfico, con nuevas generaciones digitales con capacidad de compra y nuevos hábitos,  van a provocar un crecimiento exponencial.

La compra electrónica es una parte importante, pero no la única de la vida digital en el comercio. Desde la captación de tendencias, pasando por la creación e inducción de deseos y la detección de intereses, todas las fases previas a la compra están también reforzadas con aplicaciones del mundo digital.

La realización de la compra, en tiendas físicas o en la red, tiene mucho que ver con lo sencillo y rápido que resulte el proceso: la compra “sin fricción” es un objetivo que obsesiona a los especialistas de la venta.

Y luego viene el disfrute de la compra, la fase de soporte y atención al cliente, las opiniones y recomendaciones que se hagan en directo o en modo digital, que lleven a la repetición de la compra.

Todo ello también está favorecido por sistemas digitales (o perjudicado si los procesos, presenciales o digitales, no están bien diseñados o soportados).

Se habla mucho del “customer journey” (experiencia o “viaje” del cliente) para referirse a toda la interrelación del cliente con el producto o servicio que compra y disfruta. Y en ese viaje hay cientos de momentos digitales, a la vez que se generan miles de datos que permiten mejorar la experiencia y la venta.

La cadena digital

La presión digital llega a todos los eslabones de la cadena de producción y de distribución.

Los fabricantes son requeridos para personalizar más y más los productos. Las series de producción son más cortas y  las configuraciones se multiplican. Los embalajes y presentaciones del producto crecen hasta el infinito. Sean por ejemplo tornillos o grifos, ya no se hacen o embalan todos iguales: las cadenas de bricolaje o las tiendas especializadas tensionan la logística y la producción de los fabricantes.

La logística de transporte entre empresas, desde las fábricas a almacenes y tiendas, requiere gran flexibilidad y una capilaridad nunca antes imaginada.

Aparece todo tipo de campañas para promover el consumo. Acabamos de pasar el “día del soltero”: importado de China, que promociona el 11/11 y nos trata de hacer pensar en un día de buena suerte, y pronto vienen el “black Friday” (24/11) y el “cyber Monday” (27/11), éstos últimos importados de USA. En estas fechas se vende en algunas líneas de productos, más del 30% de las ventas todo el año.

En la cadena digital, cuando hemos comprado algo, estamos ansiosos por ver nuestro producto y no queremos esperar mucho para tenerlo en nuestras manos.

La tensión en la logística y empresas de transportes y paquetería para tratar de satisfacer los deseos del cliente solo se puede aliviar con una excelente estructura digital.

 Personas reales con conocimiento digital

Las aplicaciones digitales ayudan al comercio, en todas sus etapas y a todos sus protagonistas. Pero, lo más importante prevalece: los valores tradicionales de buen producto y buen servicio son más necesarios que nunca. Pero, en este nuevo mundo con una oferta digital tan inmediata, solo será posible permanecer si se está visible en el comercio digital. Es preciso que se usen las herramientas digitales a nuestro alcance.

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Artículo publicado en Las Provincias el 12 de noviembre de 2017

http://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/vida-digital-comercio-20171112235755-ntvo.html

 

Turismofilia digital

Turismofilia digital

El verano, época turística por excelencia, va acercándose a su fin. Éste de 2017 está siendo un tanto especial. Hemos sufrido acontecimientos dramáticos y arrastraremos hasta el inicio del otoño polémicas muy serias que llenarán de noticias y comentarios los titulares de los medios de comunicación y las redes sociales.

Entre todas las noticias se ha entrecruzado un debate sobre el turismo en España: unos que si es beneficioso y otros que si es perjudicial, según sus efectos, y según también quien lo califique.

Todos (bueno, casi todos) somos turistas o viajeros en algún momento de nuestra vida.  Como protagonistas hemos experimentado en muy poco tiempo cómo la información disponible y la oferta de servicios se han multiplicado gracias al mundo digital, abriéndonos un sinfín de posibilidades en cuanto a destinos, precios, flexibilidad y tipos de experiencias.

Nos inspira el descubrir nuevos lugares o, simplemente, el descansar en sitios de ensueño. Nos gusta soñar, disfrutar de nuestro ocio viajando.

Hay algo en la condición humana que nos impulsa a viajar. Desde que nuestros ancestros comenzaron a caminar erguidos y la mente humana alcanzó su desarrollo, somos capaces de organizarnos en grupos complejos, más allá de la manada, y proponernos el hacer desplazamientos en los que nos visualizamos en acciones y situaciones: estamos dotados del poder de la abstracción.

Planificar y comparar

Esa maravillosa mente humana se ha visto aumentada en sus posibilidades gracias al mundo digital. La inspiración previa al viaje podemos ahora acompañarla con un recorrido virtual por el lugar de destino.

También podemos nutrirnos de las experiencias y vivencias compartidas en la red por otros viajeros y lugareños que nos ayudan complementando y valorando las informaciones de guías y folletos turísticos.

Comparamos, visualizamos y planificamos, anticipando en cierta medida el disfrute.

También podemos optar por viajar sin previo descubrimiento, reservándonos la sorpresa. Pero incluso en esos casos conviene planificar un plan alternativo y una previsión ante situaciones de emergencia, que nos permitirá viajar de forma despreocupada.

Reservar y viajar

Una vez ya hemos decidido nuestro destino, comparado opciones y visualizado la futura experiencia viajera, llega el momento de reservar.

Los comparadores, guías digitales, blogs y mapas interactivos ya nos han sugerido, seguramente, opciones hosteleras y de transporte especialmente “pensadas” para nosotros. Porque, como seguramente habrá experimentado, querido lector, a veces parece que las redes nos adivinan el pensamiento. O incluso nos han “inoculado” el deseo irrefrenable de alojarnos en determinado establecimiento o de visitar una específica atracción.

Si lo pensamos, en realidad esa inspiración ha ocurrido siempre: los relatos viajeros novelados, las revistas de viajes, los documentales, las agencias de viajes y los anuncios han ido haciendo su trabajo y nosotros, de buen grado, nos hemos dejado seducir.

Y ahora, la seducción es digital, insistente, penetrante incluso. Y, si está bien hecha, los deseos los asumiremos como propios.

Llega el momento de viajar: lo digital nos acompaña en las reservas y tarjetas de embarque que, cada vez más personas no llegamos ni tan siquiera a imprimir, las llevamos en el móvil.

Si dejamos que las redes conozcan nuestra posición geográfica y hemos dado permiso a algunas aplicaciones para tener acceso a esa geolocalización, pronto veremos cómo en nuestro móvil aparecen mensajes y avisos de interés. La utilización de los medios digitales en la oferta turística encuentra posiciones encontradas. Frente a los entusiastas del uso de las posibilidades actuales están los operadores tradicionales (agencias de viajes, hoteles, taxis) que se quejan en algunos casos de competencia desleal.

Cabe preguntarse si alguno de esos agentes está demasiado establecido (anquilosado) y no atienden adecuadamente a las necesidades de los viajeros.

Yo pienso que Uber y Cabify no están para destruir al taxi, y que Airbnb no se ha creado para matar a los hoteles, sino para para dar un servicio diferente y complementario a otros viajeros que no usarían quizá estos servicios tradicionales. Si se hace bien, pueden hasta conseguir un turismo más democrático, sostenible y complementario.

Los esquemas de comportamiento han variado, y los agentes tradicionales pueden adaptarse a responder a los deseos del cliente, algunos afortunadamente ya lo hacen. Las autoridades pueden encauzar la oferta para que se mantenga, en todo momento, la seguridad y sostenibilidad. No es fácil conseguir satisfacer a todos cuando los cambios son tan rápidos.

 Compartir y revivir experiencias

Mientras viajamos podemos no renunciar, si queremos, a nuestra vida digital. Podemos acceder a nuestras redes y servicios.

En este sentido, el viajero “digital” considera cada vez más imprescindible la existencia de Wifi de calidad en su alojamiento: se ha vuelto exigente y quiere soporte para el Netflix, HBO, Filmin, Amazon-Video, Movistar+, etc.,   (hace falta una banda bien ancha) y que la latencia (el “ping”) esté al gusto de los “gamers”

Así, los servicios hoteleros podrán ser calificados como buenos o malos por los usuarios si responden o no estas exigencias del usuario digital: ¡atención hoteleros que en esos “detalles” se marcha el cliente a la competencia!

La credibilidad de los destinos y los establecimientos se juega en el wasap de los usuarios actuales. Y en redes como Instagram, Tripadvisor, Facebook, Booking, Google-Places: las opiniones se entremezclan con las informaciones de interés viajero.

Ya tenemos “digitofilia” y “turismofilia” como usuarios. De nosotros depende, también, que esas filias crezcan de forma sostenible para territorios y poblaciones. Y también de nosotros depende, con el buen uso de los medios digitales, de no caer en la “digitofobia” y “turismofobia”.

El turismo es la principal “industria” de España. Somos buenos en turismo, seamos digitalmente aún mejores.

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Artículo publicado en Las Provincias el 27 de agosto de 2017

http://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/turismofilia-digital-20170827003202-ntvo.html

Máquinas que aprenden

Divulgando sobre “Inteligencia Aumentada” en LAS PROVINCIAS y en Radio SER Valencia

“Inteligencia artificial”, “robots inteligentes”: sólo con ver estas palabras, nos entra miedo en el cuerpo. Día tras día vemos titulares en la prensa y reportajes en revistas y televisiones que nos avisan de los puestos de trabajo que van a desaparecer porque los van a ejercer, mejor y más barato, las máquinas que aprenden.

La máquina de vapor primero, y después el motor eléctrico y el motor de explosión, superaron con creces a la fuerza física de los humanos y los animales. Los ordenadores mecanizaron y automatizaron cálculos y tareas repetitivas, superando a las personas en aquellos “tiempos modernos” de la industria.

Hace años, las películas de ciencia ficción nos trasladaban a un futuro en el que había computadoras y robots inteligentes y con emociones, pero lo que leíamos sobre la “inteligencia artificial” parecía quedar después en simples anécdotas, en puros experimentos científicos o acaso en aplicaciones muy específicas. Ese futuro idílico o terrorífico, según se mire, no llegaba nunca.

El futuro ya está aquí

Pero, como decía la canción de los años 80, el futuro de las máquinas y robots inteligentes ya está aquí (o algo muy parecido a ese futuro).

Muchos hablan ahora de la nueva revolución de la Industria 4.0, o de las ciudades inteligentes (“Smart cities”) o de las innovaciones en biónica que nos convertirán en “ciberpersonas”. Hay, en efecto, un conjunto de tecnologías emergentes que han alcanzado un punto de maduración.  Se presiente que la combinación de su uso va a suponer una revolución superior a la de Internet y los teléfonos inteligentes.

foto de Siyan Ren

Una tecnología clave en esta ecuación combinada va a ser el “Machine Learning”, las máquinas que aprenden “solas”. Hasta hace bien poco, para desarrollar un programa informático o una aplicación de un móvil o dispositivo, se necesitaba un experto, que es el que sabía qué necesidad se quería resolver, y que se juntaba a un programador que traducía ese conocimiento en algoritmos e instrucciones.

Lo nuevo es que ya se han logrado desarrollar algoritmos de propósito general que facilitan enormemente la traslación del conocimiento del experto a una máquina. Así la máquina adquiere la habilidad resolviendo cuestiones de forma repetitiva …  y cada vez mejor. El experto aporta “arboles de decisión” y series validadas de datos y entrena inicialmente a la máquina para ir depurando su precisión. Y llega un momento en el que, la propia máquina genera y procesa más y más datos llegando a un proceso de “aprendizaje”.

Un ejemplo de este aprendizaje podemos verlo con   los programas elaborados para jugar al ajedrez y a un juego de mesa de origen chino llamado GO, miles de veces más complejo (su tablero tiene 19×19 casillas, frente a las 9×9 del ajedrez): hace unos años los ordenadores vencieron a los campeones mundiales de ajedrez a base de “fuerza bruta computacional”, es decir, a base de calcular de forma muy rápida millones de opciones de movimientos. Con la complejidad del GO, la “fuerza bruta” era casi imposible (era necesario muchísimo más tiempo de proceso en grandísimos supercomputadores).

Pues bien, con la inteligencia artificial se emplean otras estrategias de programación que superan la “fuerza bruta computacional”. Hay varias escuelas de inteligencia artificial, desarrolladas algunas en los años 80: las redes neuronales, los tensores vectoriales, las regresiones de grado “n” y los árboles de decisión, entre otras, que utilizan   métodos matemáticos, estadísticos, algebraicos y de lógica muy complejos como para tratar de intentar explicarlos, en un artículo de divulgación como éste.

Pero más importante que saber “cómo aprenden las máquinas”, lo es el conocer la nueva utilidad que éstas nos aportan, son una nueva herramienta.

Por poner un ejemplo, tampoco sabemos cómo funciona un avión y bien que lo utilizamos. Además, el transporte aéreo, accesible para mucha gente, ha supuesto un avance inmenso para la humanidad sin que nos preocupemos en demasía, más allá de propugnar un uso ambientalmente sostenible.

Inteligencia aumentada

No me gusta el término “inteligencia artificial”, aunque reconozco que va a ser difícil usar otro de forma generalizada. Hace años que evito hablar de “nuevas tecnologías” utilizando en su lugar “tecnologías digitales” o “tecnologías emergentes”, según el contexto (porque lo “nuevo”, tarde o pronto, resulta ser “viejo”).

Por eso, desde aquí hago un llamamiento para adoptar la denominación de “inteligencia aumentada”, porque en realidad se trata, se debe tratar, de una herramienta que aumente nuestras capacidades, que nos libere de tareas tediosas, repetitivas o peligrosas. Tenemos que “cambiar el chip” y aprender a usar las máquinas que aprenden solas, que por cierto, en realidad, solas no aprenden. Puede parecerlo en muchas ocasiones, pero siempre necesitan a un super experto que las entrene inicialmente y que vigile su evolución.

Aumentar nuestra inteligencia no es una amenaza a nuestros puestos de trabajo. Ha de ser un aliado que nos ayude a ser más productivos y poder disfrutar más de la vida sin dañar el planeta.

Se cuenta la historia de dos sabios que observaban en una obra cómo se estaba usando un elevador de materiales de construcción. Fíjate, dijo un sabio, que ese elevador ha reemplazado a 10 puestos de obreros subiendo el material a capazos. En efecto, respondió el otro sabio, pero si en vez de capazos les damos cucharillas tendremos a 200 obreros trabajando para subir los materiales.

Pues esto mismo pasa con los robots y las máquinas que aprenden, querido lector. Vamos a ir entendiendo en qué nos puede ayudar el “machine learning” porque le aseguro que en otras latitudes llevan en ello una velocidad de crucero, y no debemos quedarnos atrás. Feliz semana y feliz verano.

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Artículo publicado en Las Provincias el domingo 9 de julio 2017

www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/maquinas-aprenden-20170709235628-ntvo.html

 

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En la radio SER Valencia

Acompañando a Francisco J. Martín fundador de la empresa BigML en el programa Hoy por Hoy Locos por Valencia

http://cadenaser.com/emisora/2017/06/27/radio_valencia/1498556618_295826.html

Robots sustituirán a médicos y jueces

El ‘Machine Learning ‘ (autoaprendizaje de las computadoras) se atisba como la próxima gran revolución, más decisiva que Internet y los móviles juntos

Credibilidad 4.0

Credibilidad 4.0

Nadie duda a estas alturas que la digitalización ha llegado a nuestras vidas para quedarse.

Con la digitalización y la interconexión se eliminan las barreras para crear y difundir informaciones, noticias y opiniones, y así éstas se multiplican acelerándose su transmisión de un extremo a otro del planeta.

Pero, ¿qué es la digitalización? Y, ¿qué es la digitización?

Digitización es el proceso de convertir una variable continua (un sonido, una imagen, temperatura, etc.) o la representación de un símbolo, en un valor numérico: un dígito. Una vez que todo está convertido en dígitos, su tratamiento, almacenamiento, análisis y envío a distancia se simplifica.

Digitalización se refiere a posibilitar, mejorar y transformar las operaciones y funciones de empresas y entidades apoyándose en tecnologías digitales. En un sentido más amplio consiste en aprovechar el tratamiento de lo digitizado para extraer conocimiento o realizar acciones.

El mundo 1.0 (el físico y presencial) se vio ampliado por mundo el 2.0 (el de la digitalización y difusión unidireccional) y estos dos mundos han sido desbordados por el mundo 3.0 en el que cualquier persona interviene en la creación de contenidos, en un debate continuo y globalizado.

El tener mucha información, por muy entretenida o motivadora que sea, no supone necesariamente un incremento del conocimiento. Muchas veces es justo lo contrario. Desde el comienzo de la humanidad, la generación y difusión de la información ha sido soportada en unos medios caros y escasos: el cincelado en piedra, los papiros, los pergaminos, la escritura amanuense, las imprentas… Las dificultades en la trasmisión de la información tenían la virtud de que, “normalmente”, existía un filtro que facilitaba la validación y el contraste de la veracidad y utilidad de una información antes de ser publicada y difundida.

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                                imagen de Technopolicy Daily

Pero esto ya no es así. Hemos asistido atónitos a recientes fenómenos deformativos de la información, como los ocurridos con el Brexit en el Reino Unido y con las elecciones presidenciales en USA. En estos casos se ha demostrado cómo la influencia de noticias falsas publicadas en medios digitales (y también en medios impresos) y su propagación con la ayuda de redes sociales y de mensajería digital, sin otro filtro que la curiosidad o la “viralidad”, ha llevado a dos democracias consolidadas a votar por unas opciones cuanto menos sorprendentes.

El fenómeno de la rápida propagación de bulos y noticias falsas lo experimentamos todos los días a través de Whatsapp, Facebook y Twitter, y en menor medida también vía correo electrónico. Los filtros y el etiquetado automático del email nos están librando, afortunadamente, de mucho ruido y spam (correos basura).

¿Hay que volver atrás?

Una reacción precipitada ante esta situación sería el abandonar toda interacción digital, el salirnos de las redes sociales y de sistemas de mensajería y restringir al máximo el correo electrónico. Regresar a la comunicación oral y en soporte de papel y recuperar las cartas manuscritas o mecanografiadas con su sobre y su sello.

Pero no es posible volver atrás, cerrar Internet, abolir lo digital. Ni en dictaduras tan cerradas como Corea del Norte lo han logrado del todo. Además, la propagación de chismes, bulos e información deformada no es algo nuevo: Recordemos los tabloides tan populares en Reino Unido y las revistas de chismes leídas en todo el mundo. Y no olvidemos la televisión basura. Pero en estos medios, como llevan más tiempo, gran parte de la población está ya vacunada y cuando lee esos semanarios o ve esa televisión le presta una credibilidad limitada, situación que no siempre sucede con lo que se trasmite por Internet.

Desde luego es un placer usar esos valiosos soportes en papel para las ocasiones especiales y disfrutar de todo el ritual y las sensaciones que nos deleitan. Sin embargo, salvo para unos pocos “ermitaños analógicos”, la gran mayoría de nosotros estamos inmersos inevitablemente en un acelerado mundo en soporte digital.

He leído hace poco que un influyente escritor afirma que las “redes sociales eran y son una amenaza más grave para la civilización que el fundamentalismo islámico”. Leo también sobre iniciativas parlamentarias que, presuntamente, pretenden restringir que se pongan fotos humorísticas en Internet con críticas de cualquier persona. Estoy asombrado. ¿Estamos así aún?.

Las consecuencias de la digitalización no son malas de por sí, ni muchísimo menos, son fundamentalmente buenas. Lo que es muy malo es no entender el entorno digital, y lo peor aún es el negarlo y despreciarlo.

Porque esto va en progresión exponencial. Si en 2016 tenemos poco más de una conexión por cada persona, en 2020 entre objetos que llevemos encima y cosas que nos rodean, saldremos a no menos de cinco cosas conectadas por persona. Y todo ello generando datos mientras los servidores en la “nube” están almacenándolos. Y hay potentes “cerebros” de inteligencia artificial procesando y aprendiendo de los datos. ¿Qué información será fiable en esa situación? ¿Tiene sentido ignorar el fenómeno como si no fuera a ocurrir?.

Una nueva credibilidad

Es necesario aprender pronto a navegar en este entorno 4.0. La interconexión de personas y cosas se va a multiplicar. La rapidez se va a acelerar. La complejidad va a aumentar. La jerarquía y las barreras van a caer. La transparencia va a ser imperativa en los negocios y gobiernos.

El mejor filtro para contrastar la credibilidad somos las propias personas, entrenadas en el nuevo entorno y ejercitando nuestros derechos para buscar información veraz. Promoviendo comportamientos, normas y leyes que vayan adaptando lo digitalizado a la ley natural. Entendiendo los desequilibrios que lo nuevo pueda traer y cambiando para mantener lo esencial.

Anclarse en el pasado no sirve. No lo haga querido lector. Todos nos sentimos desbordados en mayor o menor medida en este mundo digital. Úselo en la medida que su curiosidad le permita y confíe en las personas de su círculo para ayudarle en el resto.

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Articulo publicado en Las Provincias el domingo 4 de diciembre de 2016

www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/201612/04/credibilidad-20161204000400-v.html

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Industria 4.0: máquinas o procesos

Industria 4.0: máquinas o procesos

En la nueva industria ¿son los robots y materiales, o son los procesos lo que más importa?. Adolfo Montalvo y Raúl Martín contraponen opiniones en este artículo a doble columna.

Máquinas, materiales y productos 4.0 (por @adomon)

Un mundo nuevo, lleno de oportunidades y de amenazas, llega a nuestras industrias: es el que traen las máquinas y los materiales 4.0 que nos permiten crear productos 4.0

La robótica, la fabricación aditiva (conocida también como impresión 3D, o incluso 4D), los nanotubos y nanomateriales, los nano-robots, el “polvo inteligente” (no se ría, en inglés se llama “smart dust”, pero no sé cómo traducirlo)  y también la computación cognitiva, son algunos ejemplos de términos tecnológicos emergentes que escuchamos en eventos sobre innovación y que leemos en medios especializados y revistas divulgativas.

Pocos directivos y empresarios dudarán ya de la necesidad de innovar. Así lo defendimos hace unas semanas en estas mismas páginas mi compañero de columna Raúl Martín y yo mismo (si se lo perdió puede leerlo en este enlace: j.mp/dondeinnovacion).

Pues este domingo pretendemos ayudar, querido lector, a encontrar caminos para desarrollar una innovación factible en las empresas.robot-talk-host-expo-asis-robot-dream-recortado

En esta columna defiendo que lo mejor es lo tangible, lo que produce: las máquinas y herramientas. Y también lo que se produce: productos innovadores con materiales avanzados.

Fabrica un producto estrella, que arrase en el mercado, y lo demás vendrá por añadidura.

El dominio de los materiales por parte de la ciencia y la industria ha progresado una enormidad. Somos capaces de fabricar cosas de unos pocos nanómetros, a escala de unos átomos. Piense en el grosor de un cabello humano (entre 50 y 100 micras) y divídalo por 10.000: 5 a 10 nanómetros es el tamaño de las pistas electrónicas de los chips en los nuevos teléfonos móviles.

Y del mismo modo que se maneja el silicio y los materiales inertes, los biotecnólogos ya son capaces de manipular materiales vivos como por ejemplo el ADN de las células (busque en Internet sobre el sistema CRISPR y verá a qué me refiero).

Hay que conocer, explorar y experimentar con los nuevos materiales, sin duda.

En la fabricación los avances son también portentosos. La robótica se está democratizando a pasos agigantados: hasta los niños de primaria aprenden a programar robots (no es broma, eso ocurre en Valencia, ahora mismo).

La mejora ha de ser disruptiva. Y eso se logra con el uso de herramientas avanzadas. Como por ejemplo las máquinas y cadenas de fabricación dotadas de visión artificial, capaz de superar con creces el ojo humano, ya sea para inspeccionar un producto alimenticio o para detectar defectos en la pintura de un coche.

Innovar en la industria es obligatorio. Ahora lo llaman 4.0, un término llamativo que evoca modernidad. Pero a la velocidad que se evoluciona, pronto no tendremos numeración: no se detenga, no se asuste, mirando bien hay muchas oportunidades.

Industria 4.0 sí, pero con procesos (por @raulmartincalvo)

Inmersos en pleno siglo XXI, y escuchando hablar de la cuarta revolución industrial cada vez con más frecuencia, el sector industrial, que supone cerca del 13% del valor añadido en nuestro país con un 11% del mercado laboral, sigue acometiendo lentamente la introducción de tecnologías que deberían permitirle convertirse en “industria inteligente”, o lo que es lo mismo, desarrollar su inmenso potencial aprovechando la innovación existente.

Un paso muy importante en esta adopción ha sido entender que las partidas presupuestarias destinadas a tecnología no son simplemente invertir en un sistema de gestión ERP o comprar ordenadores o servidores de última gama.  Se empieza a tomar conciencia de que, para estar a la altura de las exigencias del mercado actual, se necesita información en tiempo real que permita analizar cómo se comportan las compañías. Datos y más datos, esa es la tendencia.

Toda esta amalgama de información puede ser obtenida con una facilidad insultante por la mayoría de dispositivos que están en el mercado. Su posterior análisis y tratamiento debería de permitirnos detectar vulnerabilidades o funcionamientos no deseados a todos los niveles, desde el proceso de fabricación a  problemas de personal, pasando por fallos en la cadena de distribución o problemas de calidad para anticiparnos a los problemas y sacar el máximo partido a esta BigData de la que todo el mundo habla.bigdata-elefante

Ahora bien, empiezan a proliferar las empresas con etiqueta de Industria 4.0 pero con procesos y funcionamiento 1.0.  Este perfil de compañía, invierte en maquinaria de última generación y asiste a eventos que hablan de esta nueva revolución industrial, pero se olvidan de que apostar por la tecnología y la innovación supone acometer, con voluntad y firmeza, un análisis y  redefinición de sus procesos a nivel industrial, organizativo y de personal para poder ser capaces de realmente tratar, entender y usar esta cantidad ingente de información que se genera en estos días y que, en la mayoría de casos, acaba en sobreinformación.

Variables como la horizontalidad a nivel de estructura, la agilidad, la apuesta por las personas y su implicación y, sobre todo, la flexibilidad a la hora de adaptarse, suponen un obligatorio paso previo a pasar a formar parte de esta fascinante cuarta revolución industrial que llega para quedarse.

La mejora continua viene de un diagnóstico claro y una solución comprometida, valiente y decidida para cambiar funcionamientos obsoletos que pueden agilizarse con small and “smart moves”, acciones pequeñas y fáciles de implementar que cambian modelos y procesos complejos.

La industria tradicional necesita repensar, reestudiar y reanalizar (las tres R) sus procesos, antes de analizar los miles de inputs, variables, señales o alertas que cualquier sistema que se precie ofrece. Industria 4.0 si, pero con procesos 4.0.

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Artículo publicado en Las Provincias el domingo 18 de septiembre de 2016

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Empresa 1.0 y 4.0

Empresa 1.0 y 4.0

Cuando muchas personas escuchan o leen términos tan “modernos” como “Empresa 4.0”, en seguida desconectan y se pasan a otra cosa. NO LO HAGA, querido lector, siga leyendo hasta el final. Prometo no defraudarle.

La vida real es la que merece la pena. El contacto cara a cara, los sentimientos y las emociones que se transmiten con los cinco sentidos, con el lenguaje no verbal, son algo imposible de emular, ni con la mejor tecnología del mundo.

Nuestros trabajos y nuestras empresas están llenas de personas, afortunadamente. Por muchos anuncios que haya sobre la llegada de la robotización masiva o de la inteligencia artificial con una potencia imbatible, las empresas no pueden existir sin las personas. Personas buenas, personas inteligentes, desde luego, pero esa es otra historia.

El mundo presencial, las cartas en papel, las llamadas telefónicas, los apretones de manos, los abrazos, los gritos, las palmadas en la espalda. Todo eso es el mundo 1.0.

En un mundo exclusivo 1.0 el dominio de la información y la jerarquía son imprescindibles. Los jefes con sus empleados y los vendedores con sus clientes dominan en ese escenario toda la información y su flujo de comunicación. Pero todo eso cambió con la aparición de las webs en Internet. De repente “el mundo se hizo plano” (Thomas Friedman, 2005) y la información ya estaba al alcance de todos. Había nacido el mundo 2.0.

La vida 2.0Empresa 1.0 y 4.0 Dron Aquila Facebook

La vida en las empresas sometidas al escenario 2.0 se hizo más transparente. Todos tuvimos que cambiar y comprender que el poder ya no estaba en controlar la información de los asuntos concretos. Los vendedores fueron confrontados por sus clientes porque estos ya conocían los productos de la competencia que eran iguales o mejores que los de la empresa. La respuesta comercial 2.0 fue el generar el concepto de que nosotros “no vendemos sólo productos sueltos, vendemos soluciones, creamos entornos y plataformas que ayudan a los clientes a avanzar hacia el futuro”. Algo de cierto hay en ese nuevo paradigma. Del mismo modo que los médicos no se dedican a seleccionar un fármaco para una enfermedad, sino que se ocupan de la salud del paciente, caso a caso, de ese mismo modo las empresas vendedoras crean productos y servicios que o bien  “curan” (solucionan problemas) o “vitaminan” (para fortalecer el rendimiento de sus clientes).

Llegamos al mundo 3.0

Pero ese universo 2.0 que trajo la información disponible para todos de una forma casi ilimitada y transparente, se encontró con la oportunidad y la capacidad de los que antes eran únicamente lectores-usuarios, para aportar sus puntos de vista. Los usuarios y clientes ahora intervienen creando contenidos, publicando opiniones y nuevas ideas en blogs y compartiendo todo en Redes Sociales (Facebook, Twitter, LinkedIn, Youtube) o en sistemas de mensajería directa (Whatsapp, Telegram, Skype).

La conversación digital se convierte en multidireccional y los contenidos se multiplican hasta el punto de que nadie puede leerlo todo y menos aún controlarlo. Hay un desbordamiento de información, una saturación de contenidos, Algunos de los canales de comunicación dejan de funcionar porque ya no se escuchan o pierden credibilidad y relevancia y los líderes empresariales o los vendedores veteranos sienten que pierden la conexión con sus subordinados o con sus clientes: la comunicación no llega.

La solución entonces para gerentes y vendedores es entrar a formar parte de la conversación, participar con artículos propios o compartiendo aquellos textos e informes que su experiencia y veteranía les permite distinguir como valiosos entre la maraña de la información infinita en las redes.

Los verdaderos líderes recuperan así su misión compartiendo y guiando, más que controlando e imponiendo. El mundo 3.0 es en el que ahora estamos y nos parece de lo más natural e insuperable.

Llega el mundo 4.0

Pero cuando estábamos tan tranquilitos habiendo conseguido entender las dinámicas de las redes sociales, resulta que comenzamos a escuchar sobre tecnologías que nos vuelven a sembrar desasosiego. Por ejemplo el Big data, la inteligencia artificial, realidad virtual, Internet de las cosas, realidad aumentada (sí, la que usa Pokemon Go), fabricación aditiva 3D, computación cognitiva, exoesqueletos robóticos, drones y neurotecnología, son algunos de los términos emergentes más habituales.

Los humanos se convierten en superhombres apoyados en estas tecnologías. Los datos disponibles se multiplican por miles. Las capacidades enormes de almacenamiento, de cálculo, de análisis con lógica difusa y de comunicación casi telepática, combinadas entre sí y en tiempo real, crean un nuevo mundo en empresas y sociedades.

Podría venir, teóricamente, un operario chino o vietnamita a nuestro entorno español más singular y avanzado en cualquier materia y, mediante traducción oral inteligencia artificial y prótesis robóticas, aparecer entre nosotros como un sabio experto, súper poderoso y hasta empático, pues sería capaz de conocer nuestros nombres y preferencias y ofrecernos servicios justo para nosotros.

Esa circunstancia teórica se está convirtiendo en posible, o incluso probable, en un tiempo cercano. No es cuestión de asustar al lector en víspera del día de Santiago. Pero sí de avisar que esta vez la intervención del santo no va a ser suficiente para salvarnos de la amenaza exterior.

De nuevo las personas, nosotros mismos querido lector, seremos capaces de superar los miedos, volver a aprender a transitar este nuevo mundo 4.0 y superar a la máquina, usando a nuestro favor sus capacidades. Sin dormirse, sin esperar a que pase la moda, porque no va a pasar, lo podremos lograr con esfuerzo inteligente. Feliz verano.

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Artículo publicado en Las Provincias el domingo 24 de julio de 2016

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