Dinero digital ¿y virtual?

Dinero digital ¿y virtual?

Se acerca el final del año y es un buen momento para hablar de dinero. En estas fechas el dinero circula con fluidez y parece que este año hay más alegría, tras largos años de tristeza y crisis.

Voy a intentar poner un poco de luz en lo relacionado con el dinero digital: los pagos con el móvil, las aplicaciones móviles para envío de dinero entre personas, las app’s de banca móvil que pugnan por captar nuestra atención (“Digilosofía”, “la mejor app del mundo”, …) y también, cómo no, las criptomonedas (el famoso Bitcoin, el Ethereum, el Litecoin, …)

Mi punto de vista es tecnológico, de ingeniero deseoso de ayudar a que se use la tecnología en cosas útiles, de forma correcta, eficiente, eficaz, sostenible, feliz.

Yo no soy economista, ni jurista, ni sociólogo. Poco puedo explicar sobre qué es, verdaderamente, el dinero. Ni de qué implicaciones legales, psicológicas o emocionales tiene el uso del dinero.

Pero sí que les puedo compartir mi experiencia en el uso de dinero en entorno “digital” desde hace muchos años. Ya conté en estas páginas que compraba por la “red” a primeros de los años 90 (en portales de Videotexto). Conseguí pagar con mi móvil en un establecimiento hostelero de Valencia hace casi cuatro años. Por entonces el pago con el móvil estaba inmaduro y tuve que abandonar. Pero, desde el verano de 2016 estoy feliz: pago siempre que puedo con mi móvil: cafés, taxis, en el bazar chino de mi barrio, en el supermercado: cualquier cosa y cantidad.

He pagado con mi móvil español en 5 países sin problemas (bueno, algún “problemilla” sí que he tenido). Tengo instaladas en mi móvil más de 20 app’s de pago, es decir “wallets”, y de banca móvil. Algunas de estas app’s albergan hasta 5 tarjetas de débito o crédito. Además de decenas de tarjetas de fidelización, de billetes de autobús, metro, tren, o de avión o de entradas al cine.

Y puedo afirmar, sin ningún género de dudas, que el pago con el móvil es ya más seguro y más cómodo que el pago con una tarjeta de plástico y, por supuesto, que el pago con dinero en efectivo o con un cheque de papel.

Qué es el dinero

El observar cómo se están posicionando las empresas de tarjetas de crédito, los bancos, las empresas de servicios, los operadores de telecomunicación y los fabricantes tecnológicos y los grandes comercios en el escenario de pagos con el móvil, me está ayudando a entender qué es, en realidad, el dinero.

Porque yo creía que el dinero son esas monedas y billetes que aprendí a utilizar cuando era niño. Lo de las tarjetas de crédito, aquellas primeras tarjetas de VISA que emitió en España el Banco de Bilbao en 1978, se llamaron inicialmente “dinero de plástico”. Luego vinieron las tarjetas de débito, y desaparecieron las “libretas de ahorro” ¡qué tiempos!

Pero, cuando pagábamos con una tarjeta de crédito, en realidad no entregábamos nada. Y si lo hacíamos con una trasferencia o con un cheque, usábamos papeles escritos y sellados en cada momento: ¿era eso el dinero?

Entonces ¿qué era el dinero? ¿Una anotación escrita, a veces a mano, en mi “libreta de ahorro”?  ¿Un extracto de la cuenta en la Caja de Ahorros?

Exacto: el dinero es una “anotación” en la cuenta de una entidad de la que nos podamos fiar: sea un banco, una emisora de tarjetas de crédito o débito, un cheque regalo de un comercio, una ficha de un casino, un vale o cupón de una tienda.

El dinero resulta ser un medio que registra y permite almacenar e intercambiar “pedazos cuantificables de confianza” con los que podemos pagar productos y servicios.

Siempre que se pueda almacenar e intercambiar algo cuantificable de forma segura y fiable para las dos partes que realizan el intercambio, estaré usando dinero, de modo que es sencillo deducir que un intercambio seguro entre un móvil y un dispositivo de cobro es, sin duda, dinero.

Qué respalda el valor del dinero

Pero aún tenemos que entender quien respalda el valor cuantificable de esas anotaciones: son los bancos y entidades financieras, claro está. Pero ¿quién vigila a los bancos y entidades financieras? ¿Quién garantiza que los pagos y saldos anotados por los bancos no van a desaparecer? ¿Y quién asegura el valor de las monedas en las que se hacen las anotaciones en los sistemas financieros?

¿Tiene el mismo valor una anotación en una cuenta a la vista de un banco “sistémico” (los que tienen un volumen muy importante y no se les deja caer) que una anotación en una pequeña entidad de crédito al consumo?

No es lo mismo una cuenta en Euros en un banco que una cuenta en Bolívares venezolanos en una tienda de préstamos de la calle, desde luego. Y ambas monedas tienen detrás un Banco Central que las respalda.

Llegados a este punto solo me queda explicar que una criptomoneda (como el famoso Bitcoin) es una anotación en un medio electrónico (o también físico) respaldado por un sistema distribuido de copias de esas anotaciones encriptadas en los registros de muchísimos otros usuarios del conjunto de ordenadores de quienes usan esa criptomoneda. Las transacciones en criptomonedas no pueden, por tanto, ser alteradas dado que requeriría cambiar todas esas copias distribuidas.

Termino diciendo que las criptomonedas son formas de dinero muy nuevas, volátiles (que cambian rápidamente de valor), pero que no por ello van a dejar de crecer.

Usted, querido lector, las usará antes de que termine esta década. Estoy seguro. Dentro de dos años lo veremos.

Feliz Navidad y próspero y digital 2018.

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Publicado en Las Provincias el 17 de diciembre de 2017

http://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/dinero-digital-virtual-20171217002627-ntvo.html

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Vida digital y comercio

Vida digital y comercio

Disfrutamos (y sufrimos) una vida digital íntimamente interconectada con la vida presencial y “analógica”. Muy pocos cuestionan ya esa realidad.

Y esa vida digital ha llegado al comercio. Se siente, se percibe de una forma cada vez más intensa. Hay síntomas que nos lo señalan. Por ejemplo, hace unos días hemos escuchado al líder de la distribución en España, Juan Roig, afirmar que, ahora sí, ya cree y apuesta por la telecompra electrónica. Su empresa es la mayor de España con 79.000 empleados, un 25% de cuota de mercado en supermercados y una facturación total de 21.600 millones de euros. ¡Seguro que saben algo de comercio y de los cambios de tendencias en la compra en los últimos años!

En el mundo hay empresas comerciales que venden mucho y bien por vía digital: Amazon es el más importante. Es el líder mundial en comercio electrónico, tiene 542.000 empleados (más grande que 63 países) y factura 132.000 millones de euros, la mayor parte de ellos en venta electrónica. Amazon ha entrado en nuevos segmentos de productos en áreas geográficas concretas cambiando el mercado.  Como ejemplo de ello, el servicio Amazon Prime Now, que ya está presente en Madrid y Barcelona y se caracteriza por entregar diversos tipos de productos en casa en menos de dos horas, perecederos y no: alimentación y bebida, droguería, belleza, electrónica, deportes, juguetes, hogar, regalos entre otros.

Pero el comercio digital es mucho más que “tener una web para vender por Internet”. Este comercio se inició hace 50 años en USA, con la adopción del código de barras. A España llegó 10 años más tarde. Como anécdota decir que fue justamente en 1977 cuando una cajera valenciana de Mercadona pasó el primer producto por el lector de código de barras en un comercio.

A principio de los años 90 ya se podía comprar de forma electrónica en España: era con el sistema IBERTEX y a pesar de la extrema lentitud de las líneas telefónicas, funcionó muy bien varios años. En ese caso el pionero español fue el supermercado de El Corte Inglés: en mi familia lo utilizábamos.

El cambio exponencial

El comercio electrónico es España crece más de un 20% anual, partiendo de unas cifras que ya empiezan a ser notables (22.000 M€).

Hay segmentos de mercado con más venta electrónica que otros. En viajes y transportes las ventas representan ya más del 10%,  en prendas de vestir más del 7%, mientras que el segmento de alimentación es aún muy reducido, en torno al 1% del total.

Pero, la generalización del uso masivo de los smartphones, unida al cambio demográfico, con nuevas generaciones digitales con capacidad de compra y nuevos hábitos,  van a provocar un crecimiento exponencial.

La compra electrónica es una parte importante, pero no la única de la vida digital en el comercio. Desde la captación de tendencias, pasando por la creación e inducción de deseos y la detección de intereses, todas las fases previas a la compra están también reforzadas con aplicaciones del mundo digital.

La realización de la compra, en tiendas físicas o en la red, tiene mucho que ver con lo sencillo y rápido que resulte el proceso: la compra “sin fricción” es un objetivo que obsesiona a los especialistas de la venta.

Y luego viene el disfrute de la compra, la fase de soporte y atención al cliente, las opiniones y recomendaciones que se hagan en directo o en modo digital, que lleven a la repetición de la compra.

Todo ello también está favorecido por sistemas digitales (o perjudicado si los procesos, presenciales o digitales, no están bien diseñados o soportados).

Se habla mucho del “customer journey” (experiencia o “viaje” del cliente) para referirse a toda la interrelación del cliente con el producto o servicio que compra y disfruta. Y en ese viaje hay cientos de momentos digitales, a la vez que se generan miles de datos que permiten mejorar la experiencia y la venta.

La cadena digital

La presión digital llega a todos los eslabones de la cadena de producción y de distribución.

Los fabricantes son requeridos para personalizar más y más los productos. Las series de producción son más cortas y  las configuraciones se multiplican. Los embalajes y presentaciones del producto crecen hasta el infinito. Sean por ejemplo tornillos o grifos, ya no se hacen o embalan todos iguales: las cadenas de bricolaje o las tiendas especializadas tensionan la logística y la producción de los fabricantes.

La logística de transporte entre empresas, desde las fábricas a almacenes y tiendas, requiere gran flexibilidad y una capilaridad nunca antes imaginada.

Aparece todo tipo de campañas para promover el consumo. Acabamos de pasar el “día del soltero”: importado de China, que promociona el 11/11 y nos trata de hacer pensar en un día de buena suerte, y pronto vienen el “black Friday” (24/11) y el “cyber Monday” (27/11), éstos últimos importados de USA. En estas fechas se vende en algunas líneas de productos, más del 30% de las ventas todo el año.

En la cadena digital, cuando hemos comprado algo, estamos ansiosos por ver nuestro producto y no queremos esperar mucho para tenerlo en nuestras manos.

La tensión en la logística y empresas de transportes y paquetería para tratar de satisfacer los deseos del cliente solo se puede aliviar con una excelente estructura digital.

 Personas reales con conocimiento digital

Las aplicaciones digitales ayudan al comercio, en todas sus etapas y a todos sus protagonistas. Pero, lo más importante prevalece: los valores tradicionales de buen producto y buen servicio son más necesarios que nunca. Pero, en este nuevo mundo con una oferta digital tan inmediata, solo será posible permanecer si se está visible en el comercio digital. Es preciso que se usen las herramientas digitales a nuestro alcance.

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Artículo publicado en Las Provincias el 12 de noviembre de 2017

http://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/vida-digital-comercio-20171112235755-ntvo.html