El fax es culpable

El fax es culpable de gran parte del retraso tecnológico en España y la extensión de su uso está lastrando gravemente nuestra productividad y competitividad. Guerra al fax.

Querido lector de la prensa dominical, no se apure. Si ha enviado usted algún fax en los últimos meses, no es usted culpable, seguramente es una víctima. Voy a tratar de convencerle y ayudarle a luchar contra esta plaga.

El fax tiene (diría más bien tuvo) alguna indudable virtud que explica su persistencia: entre los años 80 y 90 reemplazó en las sociedades desarrolladas el envío de cartas gracias a la autonomía que supuso el poder enviar y recibir en pocos minutos la imagen de un papel desde una línea telefónica convencional y con un coste reducido del equipo, del papel o tinta y de la llamada telefónica provincial, nacional o internacional. Esto le confiere una falsa apariencia de modernidad.

Yo quisiera transmitir que esas virtudes han sido superadas por sistemas de comunicación telemática más eficientes y baratos.

Una sustitución directa sería el enviar por correo electrónico una foto o una imagen digitalizada con un escáner del papel que se desea enviar: solución suficiente y al alcance de cualquiera.

El paso siguiente es darse cuenta de que la gran mayoría de “papeles” han sido producidos previamente de forma digital con un ordenador de modo que me pregunto: ¿para qué imprimirlos para después digitalizarlos, enviarlos y volverlos a imprimir por el destinatario?

Rebatir esta forma de actuar me obligaría a declarar también la “guerra al papel” y ese asunto tiene muchos matices y requiere quizá otro artículo.

Volvamos al fax: lo que encuentro preocupante es que algunas empresas y entidades han decidido adoptar el fax como medio de comunicación fehaciente y fiable. Pero los envíos de fax normales y corrientes, a los que algunas empresas y entidades confieren valor, se pueden usurpar y falsificar fácilmente.

Algún informado lector me podría decir que hace menos de dos años fue el Tribunal Constitucional el que sentenció la validez del fax como medio de comunicación procesal y que si el TC lo respalda, entonces el fax es la apuesta segura para las comunicaciones.

Pero se precipitaría quien así pensara, porque el TC avala su uso siempre y cuando la comunicación por fax tenga unas características y circunstancias que no se cumplen en la mayoría de los casos.

De hecho el TC se basa en la LEC (Ley de Enjuiciamiento Civil) que permite “actos de comunicación (que) dispusieren de medios electrónicos, telemáticos, infotelecomunicaciones o de otra clase semejante, que permitan el envío y la recepción de escritos y documentos, de forma tal que esté garantizada la autenticidad de la comunicación y de su contenido y quede constancia fehaciente de la remisión y recepción íntegras y del momento en que se hicieron”.

Dejo constancia que me agrada leer en una Ley el término “infotelecomunicaciones” y pido desde aquí que me informen si algún lector conoce quien fue el valiente y preclaro legislador que introdujo esta palabra.

Pero este artículo se empieza a parecer a algo escrito por un jurista. No querido lector, sigo siendo únicamente un ingeniero, pero ello no obsta para que no sea consciente del entorno jurídico-social al que dirijo mis opiniones.

Actúo como ingeniero: hay un problema real (no conseguimos deshacernos del fax en España) y busco una solución posible.

Intento prescindir del fax desde hace una década y en los últimos años he conseguido incluso que importantes instituciones sociales y empresariales recogieran esta recomendación. Pero ¿por qué trato de prescindir del fax? Pues porque, como he dicho más arriba, considero que ha sido superado por los sistemas de comunicación telemática y que son más eficientes y baratos. Todo tiene un tiempo. Del mismo modo que en su día la imprenta sustituyó a la escritura manual.

Desafortunadamente la falta de cultura tecnológica en muchos estamentos confiere al papel un valor de certeza y fiabilidad muy superior a cualquier medio electrónico. Me pregunto cómo pueden algunas empresas y entidades defender que un comunicado por fax es fehaciente en su remitente, contenido, receptor y fecha, teniendo en cuenta que puede ser objeto de falsificación.

No me refiero al Burofax, claro está. Se trata éste de un excelente servicio de comunicación fiable y fehaciente de Correos al que por cierto se puede acceder directamente sin necesidad de acudir a una oficina de Correos desde la dirección web http://www.burofax.es.

Ejemplos de esta desconfianza ante los sistemas de comunicación telemática hay muchos. Puedo decir algunos ejemplos:
-Esta pasada semana un banco español, que por cierto presume de tecnológico, ha pretendido que les enviara un fax.
-Un importantísimo operador internacional de telecomunicaciones, ¡¡en pleno siglo XXI y siendo un operador telefónico avanzado!!, igualmente ha pretendido que les enviara un fax.

En ambos casos me he negado, me he resistido como un jabato, proponiendo alternativas más seguras, o alternativas sustitutivas como la del documento escaneado y enviado por email indicado al principio. No ha habido forma: las únicas alternativas aceptadas han sido la visita en persona a una sucursal del banco y la grabación de la conversación en el caso del operador. Por cierto aún estoy esperando copia de la grabación, espero que no tarde mucho.

Quizá querido lector usted conozca más casos igualmente llamativos. No creo que mi banco o mi empresa de servicios sean los únicos que obliguen a enviar un fax.

Algo de esto me han dicho personas a las que he comentado este problema y mi decidida voluntad de que se resuelva. Es por ello que hemos creado una página en Internet para compartir el conocimiento sobre empresas y entidades “culpables” y proponemos hacerlo aprovechando la “inteligencia colectiva” en modo “wiki”.

Hay amigos que me recuerdan que el papel es cálido y muchos aún imprimen el 99% de los escritos que les llegan por medios electrónicos y los archivan en carpetas y expedientes. Como uso individual para facilitar la lectura es entendible (¿ para cuándo pantallas gigantes en todas las mesas?), pero el papel puede estar sirviendo de refugio a la burocracia y a empresas que quieren poner barreras bien altas para ocultar sus ¿malas? prácticas y dificultar así reclamaciones y bajas de sus clientes.

Por supuesto que con procesos electrónicos mal diseñados también puede haber errores, manipulaciones y malas prácticas. Pero ese riesgo no se soluciona volviendo al papel y al fax. Se soluciona diseñando procesos robustos a todo tipo de fallos y ataques, especialmente los que practican los “hackers” sociales: timadores de toda la vida que no usan la tecnología sino que se aprovechan de la ignorancia de las personas y de los agujeros en los procesos de las empresas.

Las empresas más competitivas usan desde décadas el intercambio electrónico de datos (EDI) y los afortunados profesionales de las empresas más avanzadas utilizan el correo electrónico desde los años 80 y realizan transacciones por Internet desde los años 90.

Hay países en que se están saltando la “revolución de la telefonía fija” y también por supuesto la “revolución del fax” e incluso la “revolución del papel”. Ya hacen transacciones electrónicas fehacientes basándose en el teléfono móvil. Esos países están en África y Asia y sus habitantes tienen ganas y “hambre” para cambiar el mundo y que el siglo XXI les favorezca.

No se asuste querido lector, pero movilícese. Usted puede ayudar a cambiar su sociedad con pequeñas cosas como la que yo propongo desde estas páginas: Guerra al fax, porque el fax es culpable.

Cambiemos eso con perseverancia y rigor y habremos avanzado adentrándonos verdaderamente en este siglo.
Feliz semana.
.-.-.-.
Artículo publicado en Las Provincias el domingo 16 de septiembre de 2012

Anuncios