La voz digital inteligente ya está aquí

La voz digital inteligente ya está aquí

Se cumplen ahora 10 años del inicio en la utilización masiva de los smartphones. Hasta 2008 los teléfonos móviles se usaban de forma mayoritaria para llamadas, mensajes de texto SMS y en algunos casos para fotos de escasa calidad. Algunos privilegiados usaban terminales inteligentes de Nokia o de Blackberry que se conectaban de forma rudimentaria al email o a la web.

En 2011 las Blackberry alcanzaron un récord mundial con 50 millones de terminales activos. Pero para entonces ya Apple con sus iPhone y los iPad de sistema IOS y Google con sus equipos Android, le pisaban los talones. En la actualidad hay 1.000 millones de terminales IOS activos y 2.000 millones de dispositivos Android.

Hemos cambiado mucho y en muy poco tiempo. Ya casi no lo recordamos, nos parece que “toda la vida” hemos tenido Whatsapp, Instagram, Spotify, … y que disfrutamos de la banda ancha en el móvil “desde que nacimos”. Pero no es así.

Hemos cambiado el modo de comunicarnos, tanto a distancia como en modo presencial (solo recordar las interrupciones excesivas por el uso del smartphone en las reuniones, por poner un ejemplo). Pero también hemos cambiado al caminar o cuando viajamos en transporte público, e incluso cuando conducimos. Hasta tal punto, que este año la DGT se ha puesto seria y está alertando que el uso del Whatsapp mientras se conduce puede llevarnos directamente a la tumba o por lo menos a un grave accidente.

Pues todo esto va a cambiar. Más pronto de lo que pensamos.

La voz digital está aquí

Un nuevo interfaz está llegando, complementario a la pantalla del móvil donde leemos y escribimos de forma tan intensa: se trata de la voz.

Ya nos resulta habitual escuchar mensajes hablados en el GPS del coche, en los ascensores, en las aspiradoras automáticas y, por supuesto, en los móviles. Muchos ya habrán oído los nombres de unos asistentes de voz llamados Siri, Cortana o Alexa. El asistente de voz de Google no tiene nombre, se le invoca diciendo “OK Google”.

Porque los asistentes de voz, no solo hablan: también escuchan entendiendo los sonidos que emitimos incluso en entornos ruidosos ¡y sin entrenamiento previo!.

Esto no era posible hace pocos años. Los programas de “dictado” o de reconocimiento del habla requerían entrenamientos previos para reconocer voces y formas de pronunciación. La “magia” actual consiste en que los nuevos asistentes de voz no solo entienden los sonidos y los convierten en palabras concretas, sino que también son capaces de comprender el significado de las frases que han escuchado y realizar algunas acciones.

En algunos casos esas acciones se expresan en forma de una imagen o una búsqueda de webs en la pantalla del dispositivo en el que hemos invocado al asistente. En otros casos ya son capaces de actuar en otro dispositivo distinto, con o sin pantalla (un altavoz, una televisión, unas luces o un termostato) y ponerlo en marcha o modificar su regulación.

Lo nuevo que viene, y que en España vamos a empezar a notar a partir de estas Navidades, son los “altavoces inteligentes” que algunos fabricantes están lanzando ya por fin adaptados al español y con precios muy asequibles.

En España los precios están en 35€ para el Amazon Echo Dot, y 59€ el Google Home Mini. Tan solo el Apple Homepod se mantiene con un precio de entrada de 349€. Telefónica por su parte ha anunciado un Movistar Aura Home por 49€, pero de momento las primeras unidades reservadas se han agotado, y aún no han comenzado los envíos.   

En Estados Unidos ya se han vendido 74 millones de estos aparatos y se calcula que en 2019 se van a vender otros 57 millones en tan solo un año.

Hay que decir que algunos modelos de “altavoces inteligentes para el hogar” tienen una pequeña pantalla. Por ejemplo, el Aura Home de Telefónica. Otro ejemplo es Facebook que ha anunciado un dispositivo inteligente con pantalla para el hogar, llamado Portal, con un planteamiento orientado a la comunicación por videoconferencia muy sencilla de usar: este lanzamiento ha sido acogido con temor, dada la merecida pésima reputación de Facebook con su respeto a la privacidad y la custodia de los valores democráticos de nuestra sociedad occidental…pero esa es otra historia.

Inteligencia digital con voz

Estos asistentes de voz tan modernos, parecen a veces “personas reales”, seres robóticos muy listos que tienen acceso a información infinita y que pueden llegar a actuar como HAL, la computadora heurística estrella de la película de “2001 odisea en el Espacio”, estrenada en 1968, hace ahora 50 años. HAL, en la película, estaba programado para cumplir sin dudar la programación, y cuando alguien dudaba, lo consideraba un “mecanismo defectuoso” y lo eliminaba.

Es cierto que todos estos dispositivos, incluidos los móviles que llevamos encima, y muchos televisores, están permanentemente escuchando: esperan un comando de activación tipo “OK Google” “Alexa” o “Siri” y a partir de ese comando procesado localmente en el aparato, registran y suben a servidores especiales de Internet lo que han escuchado para interpretarlo y tomar acciones.

Pero, ¡no temamos!, los guionistas de “2001 odisea en el Espacio” y de muchas otras novelas y películas de ciencia futurista han anunciado un tipo de “inteligencia artificial general” que está muy lejos de existir.

Del mismo modo que cuando apareció la bicicleta o el automóvil no pensamos que ya existía un “vehículo universal” capaz de escalar montañas, volar a Marte y bucear dentro del torrente circulatorio de un mamífero, tampoco es posible el “robot universal con inteligencia artificial general”.

Seamos prudentes, eso sí, y cuidemos nuestros bienes y nuestra privacidad. Pero disfrutemos estas Navidades, sin miedo, de los nuevos “juguetes inteligentes”.

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Artículo publicado en diario Las Provincias el domingo 9 de diciembre 2018

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En Radio SER Valencia sobre Dinero digital y virtual

Para comenzar el 2018 hemos estado hablando en “Hoy por hoy, Locos por Valencia” de Radio Valencia cadena SER sobre el uso de dinero digital para pagos con el teléfono móvil y sobre el sistema Bizum desarrollado por el sistema bancario en España para pagos entre personas conociendo únicamente el número de móvil.

Y también hemos hablado de las criptomonedas (como Bitcoin, Litecoin, Ethereum) y su tecnología Blockchain.

Dinero digital ¿y virtual?

Dinero digital ¿y virtual?

Se acerca el final del año y es un buen momento para hablar de dinero. En estas fechas el dinero circula con fluidez y parece que este año hay más alegría, tras largos años de tristeza y crisis.

Voy a intentar poner un poco de luz en lo relacionado con el dinero digital: los pagos con el móvil, las aplicaciones móviles para envío de dinero entre personas, las app’s de banca móvil que pugnan por captar nuestra atención (“Digilosofía”, “la mejor app del mundo”, …) y también, cómo no, las criptomonedas (el famoso Bitcoin, el Ethereum, el Litecoin, …)

Mi punto de vista es tecnológico, de ingeniero deseoso de ayudar a que se use la tecnología en cosas útiles, de forma correcta, eficiente, eficaz, sostenible, feliz.

Yo no soy economista, ni jurista, ni sociólogo. Poco puedo explicar sobre qué es, verdaderamente, el dinero. Ni de qué implicaciones legales, psicológicas o emocionales tiene el uso del dinero.

Pero sí que les puedo compartir mi experiencia en el uso de dinero en entorno “digital” desde hace muchos años. Ya conté en estas páginas que compraba por la “red” a primeros de los años 90 (en portales de Videotexto). Conseguí pagar con mi móvil en un establecimiento hostelero de Valencia hace casi cuatro años. Por entonces el pago con el móvil estaba inmaduro y tuve que abandonar. Pero, desde el verano de 2016 estoy feliz: pago siempre que puedo con mi móvil: cafés, taxis, en el bazar chino de mi barrio, en el supermercado: cualquier cosa y cantidad.

He pagado con mi móvil español en 5 países sin problemas (bueno, algún “problemilla” sí que he tenido). Tengo instaladas en mi móvil más de 20 app’s de pago, es decir “wallets”, y de banca móvil. Algunas de estas app’s albergan hasta 5 tarjetas de débito o crédito. Además de decenas de tarjetas de fidelización, de billetes de autobús, metro, tren, o de avión o de entradas al cine.

Y puedo afirmar, sin ningún género de dudas, que el pago con el móvil es ya más seguro y más cómodo que el pago con una tarjeta de plástico y, por supuesto, que el pago con dinero en efectivo o con un cheque de papel.

Qué es el dinero

El observar cómo se están posicionando las empresas de tarjetas de crédito, los bancos, las empresas de servicios, los operadores de telecomunicación y los fabricantes tecnológicos y los grandes comercios en el escenario de pagos con el móvil, me está ayudando a entender qué es, en realidad, el dinero.

Porque yo creía que el dinero son esas monedas y billetes que aprendí a utilizar cuando era niño. Lo de las tarjetas de crédito, aquellas primeras tarjetas de VISA que emitió en España el Banco de Bilbao en 1978, se llamaron inicialmente “dinero de plástico”. Luego vinieron las tarjetas de débito, y desaparecieron las “libretas de ahorro” ¡qué tiempos!

Pero, cuando pagábamos con una tarjeta de crédito, en realidad no entregábamos nada. Y si lo hacíamos con una trasferencia o con un cheque, usábamos papeles escritos y sellados en cada momento: ¿era eso el dinero?

Entonces ¿qué era el dinero? ¿Una anotación escrita, a veces a mano, en mi “libreta de ahorro”?  ¿Un extracto de la cuenta en la Caja de Ahorros?

Exacto: el dinero es una “anotación” en la cuenta de una entidad de la que nos podamos fiar: sea un banco, una emisora de tarjetas de crédito o débito, un cheque regalo de un comercio, una ficha de un casino, un vale o cupón de una tienda.

El dinero resulta ser un medio que registra y permite almacenar e intercambiar “pedazos cuantificables de confianza” con los que podemos pagar productos y servicios.

Siempre que se pueda almacenar e intercambiar algo cuantificable de forma segura y fiable para las dos partes que realizan el intercambio, estaré usando dinero, de modo que es sencillo deducir que un intercambio seguro entre un móvil y un dispositivo de cobro es, sin duda, dinero.

Qué respalda el valor del dinero

Pero aún tenemos que entender quien respalda el valor cuantificable de esas anotaciones: son los bancos y entidades financieras, claro está. Pero ¿quién vigila a los bancos y entidades financieras? ¿Quién garantiza que los pagos y saldos anotados por los bancos no van a desaparecer? ¿Y quién asegura el valor de las monedas en las que se hacen las anotaciones en los sistemas financieros?

¿Tiene el mismo valor una anotación en una cuenta a la vista de un banco “sistémico” (los que tienen un volumen muy importante y no se les deja caer) que una anotación en una pequeña entidad de crédito al consumo?

No es lo mismo una cuenta en Euros en un banco que una cuenta en Bolívares venezolanos en una tienda de préstamos de la calle, desde luego. Y ambas monedas tienen detrás un Banco Central que las respalda.

Llegados a este punto solo me queda explicar que una criptomoneda (como el famoso Bitcoin) es una anotación en un medio electrónico (o también físico) respaldado por un sistema distribuido de copias de esas anotaciones encriptadas en los registros de muchísimos otros usuarios del conjunto de ordenadores de quienes usan esa criptomoneda. Las transacciones en criptomonedas no pueden, por tanto, ser alteradas dado que requeriría cambiar todas esas copias distribuidas.

Termino diciendo que las criptomonedas son formas de dinero muy nuevas, volátiles (que cambian rápidamente de valor), pero que no por ello van a dejar de crecer.

Usted, querido lector, las usará antes de que termine esta década. Estoy seguro. Dentro de dos años lo veremos.

Feliz Navidad y próspero y digital 2018.

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Publicado en Las Provincias el 17 de diciembre de 2017

http://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/dinero-digital-virtual-20171217002627-ntvo.html

Vida digital y comercio

Vida digital y comercio

Disfrutamos (y sufrimos) una vida digital íntimamente interconectada con la vida presencial y “analógica”. Muy pocos cuestionan ya esa realidad.

Y esa vida digital ha llegado al comercio. Se siente, se percibe de una forma cada vez más intensa. Hay síntomas que nos lo señalan. Por ejemplo, hace unos días hemos escuchado al líder de la distribución en España, Juan Roig, afirmar que, ahora sí, ya cree y apuesta por la telecompra electrónica. Su empresa es la mayor de España con 79.000 empleados, un 25% de cuota de mercado en supermercados y una facturación total de 21.600 millones de euros. ¡Seguro que saben algo de comercio y de los cambios de tendencias en la compra en los últimos años!

En el mundo hay empresas comerciales que venden mucho y bien por vía digital: Amazon es el más importante. Es el líder mundial en comercio electrónico, tiene 542.000 empleados (más grande que 63 países) y factura 132.000 millones de euros, la mayor parte de ellos en venta electrónica. Amazon ha entrado en nuevos segmentos de productos en áreas geográficas concretas cambiando el mercado.  Como ejemplo de ello, el servicio Amazon Prime Now, que ya está presente en Madrid y Barcelona y se caracteriza por entregar diversos tipos de productos en casa en menos de dos horas, perecederos y no: alimentación y bebida, droguería, belleza, electrónica, deportes, juguetes, hogar, regalos entre otros.

Pero el comercio digital es mucho más que “tener una web para vender por Internet”. Este comercio se inició hace 50 años en USA, con la adopción del código de barras. A España llegó 10 años más tarde. Como anécdota decir que fue justamente en 1977 cuando una cajera valenciana de Mercadona pasó el primer producto por el lector de código de barras en un comercio.

A principio de los años 90 ya se podía comprar de forma electrónica en España: era con el sistema IBERTEX y a pesar de la extrema lentitud de las líneas telefónicas, funcionó muy bien varios años. En ese caso el pionero español fue el supermercado de El Corte Inglés: en mi familia lo utilizábamos.

El cambio exponencial

El comercio electrónico es España crece más de un 20% anual, partiendo de unas cifras que ya empiezan a ser notables (22.000 M€).

Hay segmentos de mercado con más venta electrónica que otros. En viajes y transportes las ventas representan ya más del 10%,  en prendas de vestir más del 7%, mientras que el segmento de alimentación es aún muy reducido, en torno al 1% del total.

Pero, la generalización del uso masivo de los smartphones, unida al cambio demográfico, con nuevas generaciones digitales con capacidad de compra y nuevos hábitos,  van a provocar un crecimiento exponencial.

La compra electrónica es una parte importante, pero no la única de la vida digital en el comercio. Desde la captación de tendencias, pasando por la creación e inducción de deseos y la detección de intereses, todas las fases previas a la compra están también reforzadas con aplicaciones del mundo digital.

La realización de la compra, en tiendas físicas o en la red, tiene mucho que ver con lo sencillo y rápido que resulte el proceso: la compra “sin fricción” es un objetivo que obsesiona a los especialistas de la venta.

Y luego viene el disfrute de la compra, la fase de soporte y atención al cliente, las opiniones y recomendaciones que se hagan en directo o en modo digital, que lleven a la repetición de la compra.

Todo ello también está favorecido por sistemas digitales (o perjudicado si los procesos, presenciales o digitales, no están bien diseñados o soportados).

Se habla mucho del “customer journey” (experiencia o “viaje” del cliente) para referirse a toda la interrelación del cliente con el producto o servicio que compra y disfruta. Y en ese viaje hay cientos de momentos digitales, a la vez que se generan miles de datos que permiten mejorar la experiencia y la venta.

La cadena digital

La presión digital llega a todos los eslabones de la cadena de producción y de distribución.

Los fabricantes son requeridos para personalizar más y más los productos. Las series de producción son más cortas y  las configuraciones se multiplican. Los embalajes y presentaciones del producto crecen hasta el infinito. Sean por ejemplo tornillos o grifos, ya no se hacen o embalan todos iguales: las cadenas de bricolaje o las tiendas especializadas tensionan la logística y la producción de los fabricantes.

La logística de transporte entre empresas, desde las fábricas a almacenes y tiendas, requiere gran flexibilidad y una capilaridad nunca antes imaginada.

Aparece todo tipo de campañas para promover el consumo. Acabamos de pasar el “día del soltero”: importado de China, que promociona el 11/11 y nos trata de hacer pensar en un día de buena suerte, y pronto vienen el “black Friday” (24/11) y el “cyber Monday” (27/11), éstos últimos importados de USA. En estas fechas se vende en algunas líneas de productos, más del 30% de las ventas todo el año.

En la cadena digital, cuando hemos comprado algo, estamos ansiosos por ver nuestro producto y no queremos esperar mucho para tenerlo en nuestras manos.

La tensión en la logística y empresas de transportes y paquetería para tratar de satisfacer los deseos del cliente solo se puede aliviar con una excelente estructura digital.

 Personas reales con conocimiento digital

Las aplicaciones digitales ayudan al comercio, en todas sus etapas y a todos sus protagonistas. Pero, lo más importante prevalece: los valores tradicionales de buen producto y buen servicio son más necesarios que nunca. Pero, en este nuevo mundo con una oferta digital tan inmediata, solo será posible permanecer si se está visible en el comercio digital. Es preciso que se usen las herramientas digitales a nuestro alcance.

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Artículo publicado en Las Provincias el 12 de noviembre de 2017

http://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/vida-digital-comercio-20171112235755-ntvo.html

 

Turismofilia digital

Turismofilia digital

El verano, época turística por excelencia, va acercándose a su fin. Éste de 2017 está siendo un tanto especial. Hemos sufrido acontecimientos dramáticos y arrastraremos hasta el inicio del otoño polémicas muy serias que llenarán de noticias y comentarios los titulares de los medios de comunicación y las redes sociales.

Entre todas las noticias se ha entrecruzado un debate sobre el turismo en España: unos que si es beneficioso y otros que si es perjudicial, según sus efectos, y según también quien lo califique.

Todos (bueno, casi todos) somos turistas o viajeros en algún momento de nuestra vida.  Como protagonistas hemos experimentado en muy poco tiempo cómo la información disponible y la oferta de servicios se han multiplicado gracias al mundo digital, abriéndonos un sinfín de posibilidades en cuanto a destinos, precios, flexibilidad y tipos de experiencias.

Nos inspira el descubrir nuevos lugares o, simplemente, el descansar en sitios de ensueño. Nos gusta soñar, disfrutar de nuestro ocio viajando.

Hay algo en la condición humana que nos impulsa a viajar. Desde que nuestros ancestros comenzaron a caminar erguidos y la mente humana alcanzó su desarrollo, somos capaces de organizarnos en grupos complejos, más allá de la manada, y proponernos el hacer desplazamientos en los que nos visualizamos en acciones y situaciones: estamos dotados del poder de la abstracción.

Planificar y comparar

Esa maravillosa mente humana se ha visto aumentada en sus posibilidades gracias al mundo digital. La inspiración previa al viaje podemos ahora acompañarla con un recorrido virtual por el lugar de destino.

También podemos nutrirnos de las experiencias y vivencias compartidas en la red por otros viajeros y lugareños que nos ayudan complementando y valorando las informaciones de guías y folletos turísticos.

Comparamos, visualizamos y planificamos, anticipando en cierta medida el disfrute.

También podemos optar por viajar sin previo descubrimiento, reservándonos la sorpresa. Pero incluso en esos casos conviene planificar un plan alternativo y una previsión ante situaciones de emergencia, que nos permitirá viajar de forma despreocupada.

Reservar y viajar

Una vez ya hemos decidido nuestro destino, comparado opciones y visualizado la futura experiencia viajera, llega el momento de reservar.

Los comparadores, guías digitales, blogs y mapas interactivos ya nos han sugerido, seguramente, opciones hosteleras y de transporte especialmente “pensadas” para nosotros. Porque, como seguramente habrá experimentado, querido lector, a veces parece que las redes nos adivinan el pensamiento. O incluso nos han “inoculado” el deseo irrefrenable de alojarnos en determinado establecimiento o de visitar una específica atracción.

Si lo pensamos, en realidad esa inspiración ha ocurrido siempre: los relatos viajeros novelados, las revistas de viajes, los documentales, las agencias de viajes y los anuncios han ido haciendo su trabajo y nosotros, de buen grado, nos hemos dejado seducir.

Y ahora, la seducción es digital, insistente, penetrante incluso. Y, si está bien hecha, los deseos los asumiremos como propios.

Llega el momento de viajar: lo digital nos acompaña en las reservas y tarjetas de embarque que, cada vez más personas no llegamos ni tan siquiera a imprimir, las llevamos en el móvil.

Si dejamos que las redes conozcan nuestra posición geográfica y hemos dado permiso a algunas aplicaciones para tener acceso a esa geolocalización, pronto veremos cómo en nuestro móvil aparecen mensajes y avisos de interés. La utilización de los medios digitales en la oferta turística encuentra posiciones encontradas. Frente a los entusiastas del uso de las posibilidades actuales están los operadores tradicionales (agencias de viajes, hoteles, taxis) que se quejan en algunos casos de competencia desleal.

Cabe preguntarse si alguno de esos agentes está demasiado establecido (anquilosado) y no atienden adecuadamente a las necesidades de los viajeros.

Yo pienso que Uber y Cabify no están para destruir al taxi, y que Airbnb no se ha creado para matar a los hoteles, sino para para dar un servicio diferente y complementario a otros viajeros que no usarían quizá estos servicios tradicionales. Si se hace bien, pueden hasta conseguir un turismo más democrático, sostenible y complementario.

Los esquemas de comportamiento han variado, y los agentes tradicionales pueden adaptarse a responder a los deseos del cliente, algunos afortunadamente ya lo hacen. Las autoridades pueden encauzar la oferta para que se mantenga, en todo momento, la seguridad y sostenibilidad. No es fácil conseguir satisfacer a todos cuando los cambios son tan rápidos.

 Compartir y revivir experiencias

Mientras viajamos podemos no renunciar, si queremos, a nuestra vida digital. Podemos acceder a nuestras redes y servicios.

En este sentido, el viajero “digital” considera cada vez más imprescindible la existencia de Wifi de calidad en su alojamiento: se ha vuelto exigente y quiere soporte para el Netflix, HBO, Filmin, Amazon-Video, Movistar+, etc.,   (hace falta una banda bien ancha) y que la latencia (el “ping”) esté al gusto de los “gamers”

Así, los servicios hoteleros podrán ser calificados como buenos o malos por los usuarios si responden o no estas exigencias del usuario digital: ¡atención hoteleros que en esos “detalles” se marcha el cliente a la competencia!

La credibilidad de los destinos y los establecimientos se juega en el wasap de los usuarios actuales. Y en redes como Instagram, Tripadvisor, Facebook, Booking, Google-Places: las opiniones se entremezclan con las informaciones de interés viajero.

Ya tenemos “digitofilia” y “turismofilia” como usuarios. De nosotros depende, también, que esas filias crezcan de forma sostenible para territorios y poblaciones. Y también de nosotros depende, con el buen uso de los medios digitales, de no caer en la “digitofobia” y “turismofobia”.

El turismo es la principal “industria” de España. Somos buenos en turismo, seamos digitalmente aún mejores.

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Artículo publicado en Las Provincias el 27 de agosto de 2017

http://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/turismofilia-digital-20170827003202-ntvo.html

Máquinas que aprenden

Divulgando sobre “Inteligencia Aumentada” en LAS PROVINCIAS y en Radio SER Valencia

“Inteligencia artificial”, “robots inteligentes”: sólo con ver estas palabras, nos entra miedo en el cuerpo. Día tras día vemos titulares en la prensa y reportajes en revistas y televisiones que nos avisan de los puestos de trabajo que van a desaparecer porque los van a ejercer, mejor y más barato, las máquinas que aprenden.

La máquina de vapor primero, y después el motor eléctrico y el motor de explosión, superaron con creces a la fuerza física de los humanos y los animales. Los ordenadores mecanizaron y automatizaron cálculos y tareas repetitivas, superando a las personas en aquellos “tiempos modernos” de la industria.

Hace años, las películas de ciencia ficción nos trasladaban a un futuro en el que había computadoras y robots inteligentes y con emociones, pero lo que leíamos sobre la “inteligencia artificial” parecía quedar después en simples anécdotas, en puros experimentos científicos o acaso en aplicaciones muy específicas. Ese futuro idílico o terrorífico, según se mire, no llegaba nunca.

El futuro ya está aquí

Pero, como decía la canción de los años 80, el futuro de las máquinas y robots inteligentes ya está aquí (o algo muy parecido a ese futuro).

Muchos hablan ahora de la nueva revolución de la Industria 4.0, o de las ciudades inteligentes (“Smart cities”) o de las innovaciones en biónica que nos convertirán en “ciberpersonas”. Hay, en efecto, un conjunto de tecnologías emergentes que han alcanzado un punto de maduración.  Se presiente que la combinación de su uso va a suponer una revolución superior a la de Internet y los teléfonos inteligentes.

foto de Siyan Ren

Una tecnología clave en esta ecuación combinada va a ser el “Machine Learning”, las máquinas que aprenden “solas”. Hasta hace bien poco, para desarrollar un programa informático o una aplicación de un móvil o dispositivo, se necesitaba un experto, que es el que sabía qué necesidad se quería resolver, y que se juntaba a un programador que traducía ese conocimiento en algoritmos e instrucciones.

Lo nuevo es que ya se han logrado desarrollar algoritmos de propósito general que facilitan enormemente la traslación del conocimiento del experto a una máquina. Así la máquina adquiere la habilidad resolviendo cuestiones de forma repetitiva …  y cada vez mejor. El experto aporta “arboles de decisión” y series validadas de datos y entrena inicialmente a la máquina para ir depurando su precisión. Y llega un momento en el que, la propia máquina genera y procesa más y más datos llegando a un proceso de “aprendizaje”.

Un ejemplo de este aprendizaje podemos verlo con   los programas elaborados para jugar al ajedrez y a un juego de mesa de origen chino llamado GO, miles de veces más complejo (su tablero tiene 19×19 casillas, frente a las 9×9 del ajedrez): hace unos años los ordenadores vencieron a los campeones mundiales de ajedrez a base de “fuerza bruta computacional”, es decir, a base de calcular de forma muy rápida millones de opciones de movimientos. Con la complejidad del GO, la “fuerza bruta” era casi imposible (era necesario muchísimo más tiempo de proceso en grandísimos supercomputadores).

Pues bien, con la inteligencia artificial se emplean otras estrategias de programación que superan la “fuerza bruta computacional”. Hay varias escuelas de inteligencia artificial, desarrolladas algunas en los años 80: las redes neuronales, los tensores vectoriales, las regresiones de grado “n” y los árboles de decisión, entre otras, que utilizan   métodos matemáticos, estadísticos, algebraicos y de lógica muy complejos como para tratar de intentar explicarlos, en un artículo de divulgación como éste.

Pero más importante que saber “cómo aprenden las máquinas”, lo es el conocer la nueva utilidad que éstas nos aportan, son una nueva herramienta.

Por poner un ejemplo, tampoco sabemos cómo funciona un avión y bien que lo utilizamos. Además, el transporte aéreo, accesible para mucha gente, ha supuesto un avance inmenso para la humanidad sin que nos preocupemos en demasía, más allá de propugnar un uso ambientalmente sostenible.

Inteligencia aumentada

No me gusta el término “inteligencia artificial”, aunque reconozco que va a ser difícil usar otro de forma generalizada. Hace años que evito hablar de “nuevas tecnologías” utilizando en su lugar “tecnologías digitales” o “tecnologías emergentes”, según el contexto (porque lo “nuevo”, tarde o pronto, resulta ser “viejo”).

Por eso, desde aquí hago un llamamiento para adoptar la denominación de “inteligencia aumentada”, porque en realidad se trata, se debe tratar, de una herramienta que aumente nuestras capacidades, que nos libere de tareas tediosas, repetitivas o peligrosas. Tenemos que “cambiar el chip” y aprender a usar las máquinas que aprenden solas, que por cierto, en realidad, solas no aprenden. Puede parecerlo en muchas ocasiones, pero siempre necesitan a un super experto que las entrene inicialmente y que vigile su evolución.

Aumentar nuestra inteligencia no es una amenaza a nuestros puestos de trabajo. Ha de ser un aliado que nos ayude a ser más productivos y poder disfrutar más de la vida sin dañar el planeta.

Se cuenta la historia de dos sabios que observaban en una obra cómo se estaba usando un elevador de materiales de construcción. Fíjate, dijo un sabio, que ese elevador ha reemplazado a 10 puestos de obreros subiendo el material a capazos. En efecto, respondió el otro sabio, pero si en vez de capazos les damos cucharillas tendremos a 200 obreros trabajando para subir los materiales.

Pues esto mismo pasa con los robots y las máquinas que aprenden, querido lector. Vamos a ir entendiendo en qué nos puede ayudar el “machine learning” porque le aseguro que en otras latitudes llevan en ello una velocidad de crucero, y no debemos quedarnos atrás. Feliz semana y feliz verano.

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Artículo publicado en Las Provincias el domingo 9 de julio 2017

www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/maquinas-aprenden-20170709235628-ntvo.html

 

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En la radio SER Valencia

Acompañando a Francisco J. Martín fundador de la empresa BigML en el programa Hoy por Hoy Locos por Valencia

http://cadenaser.com/emisora/2017/06/27/radio_valencia/1498556618_295826.html

Robots sustituirán a médicos y jueces

El ‘Machine Learning ‘ (autoaprendizaje de las computadoras) se atisba como la próxima gran revolución, más decisiva que Internet y los móviles juntos

Credibilidad 4.0

Credibilidad 4.0

Nadie duda a estas alturas que la digitalización ha llegado a nuestras vidas para quedarse.

Con la digitalización y la interconexión se eliminan las barreras para crear y difundir informaciones, noticias y opiniones, y así éstas se multiplican acelerándose su transmisión de un extremo a otro del planeta.

Pero, ¿qué es la digitalización? Y, ¿qué es la digitización?

Digitización es el proceso de convertir una variable continua (un sonido, una imagen, temperatura, etc.) o la representación de un símbolo, en un valor numérico: un dígito. Una vez que todo está convertido en dígitos, su tratamiento, almacenamiento, análisis y envío a distancia se simplifica.

Digitalización se refiere a posibilitar, mejorar y transformar las operaciones y funciones de empresas y entidades apoyándose en tecnologías digitales. En un sentido más amplio consiste en aprovechar el tratamiento de lo digitizado para extraer conocimiento o realizar acciones.

El mundo 1.0 (el físico y presencial) se vio ampliado por mundo el 2.0 (el de la digitalización y difusión unidireccional) y estos dos mundos han sido desbordados por el mundo 3.0 en el que cualquier persona interviene en la creación de contenidos, en un debate continuo y globalizado.

El tener mucha información, por muy entretenida o motivadora que sea, no supone necesariamente un incremento del conocimiento. Muchas veces es justo lo contrario. Desde el comienzo de la humanidad, la generación y difusión de la información ha sido soportada en unos medios caros y escasos: el cincelado en piedra, los papiros, los pergaminos, la escritura amanuense, las imprentas… Las dificultades en la trasmisión de la información tenían la virtud de que, “normalmente”, existía un filtro que facilitaba la validación y el contraste de la veracidad y utilidad de una información antes de ser publicada y difundida.

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                                imagen de Technopolicy Daily

Pero esto ya no es así. Hemos asistido atónitos a recientes fenómenos deformativos de la información, como los ocurridos con el Brexit en el Reino Unido y con las elecciones presidenciales en USA. En estos casos se ha demostrado cómo la influencia de noticias falsas publicadas en medios digitales (y también en medios impresos) y su propagación con la ayuda de redes sociales y de mensajería digital, sin otro filtro que la curiosidad o la “viralidad”, ha llevado a dos democracias consolidadas a votar por unas opciones cuanto menos sorprendentes.

El fenómeno de la rápida propagación de bulos y noticias falsas lo experimentamos todos los días a través de Whatsapp, Facebook y Twitter, y en menor medida también vía correo electrónico. Los filtros y el etiquetado automático del email nos están librando, afortunadamente, de mucho ruido y spam (correos basura).

¿Hay que volver atrás?

Una reacción precipitada ante esta situación sería el abandonar toda interacción digital, el salirnos de las redes sociales y de sistemas de mensajería y restringir al máximo el correo electrónico. Regresar a la comunicación oral y en soporte de papel y recuperar las cartas manuscritas o mecanografiadas con su sobre y su sello.

Pero no es posible volver atrás, cerrar Internet, abolir lo digital. Ni en dictaduras tan cerradas como Corea del Norte lo han logrado del todo. Además, la propagación de chismes, bulos e información deformada no es algo nuevo: Recordemos los tabloides tan populares en Reino Unido y las revistas de chismes leídas en todo el mundo. Y no olvidemos la televisión basura. Pero en estos medios, como llevan más tiempo, gran parte de la población está ya vacunada y cuando lee esos semanarios o ve esa televisión le presta una credibilidad limitada, situación que no siempre sucede con lo que se trasmite por Internet.

Desde luego es un placer usar esos valiosos soportes en papel para las ocasiones especiales y disfrutar de todo el ritual y las sensaciones que nos deleitan. Sin embargo, salvo para unos pocos “ermitaños analógicos”, la gran mayoría de nosotros estamos inmersos inevitablemente en un acelerado mundo en soporte digital.

He leído hace poco que un influyente escritor afirma que las “redes sociales eran y son una amenaza más grave para la civilización que el fundamentalismo islámico”. Leo también sobre iniciativas parlamentarias que, presuntamente, pretenden restringir que se pongan fotos humorísticas en Internet con críticas de cualquier persona. Estoy asombrado. ¿Estamos así aún?.

Las consecuencias de la digitalización no son malas de por sí, ni muchísimo menos, son fundamentalmente buenas. Lo que es muy malo es no entender el entorno digital, y lo peor aún es el negarlo y despreciarlo.

Porque esto va en progresión exponencial. Si en 2016 tenemos poco más de una conexión por cada persona, en 2020 entre objetos que llevemos encima y cosas que nos rodean, saldremos a no menos de cinco cosas conectadas por persona. Y todo ello generando datos mientras los servidores en la “nube” están almacenándolos. Y hay potentes “cerebros” de inteligencia artificial procesando y aprendiendo de los datos. ¿Qué información será fiable en esa situación? ¿Tiene sentido ignorar el fenómeno como si no fuera a ocurrir?.

Una nueva credibilidad

Es necesario aprender pronto a navegar en este entorno 4.0. La interconexión de personas y cosas se va a multiplicar. La rapidez se va a acelerar. La complejidad va a aumentar. La jerarquía y las barreras van a caer. La transparencia va a ser imperativa en los negocios y gobiernos.

El mejor filtro para contrastar la credibilidad somos las propias personas, entrenadas en el nuevo entorno y ejercitando nuestros derechos para buscar información veraz. Promoviendo comportamientos, normas y leyes que vayan adaptando lo digitalizado a la ley natural. Entendiendo los desequilibrios que lo nuevo pueda traer y cambiando para mantener lo esencial.

Anclarse en el pasado no sirve. No lo haga querido lector. Todos nos sentimos desbordados en mayor o menor medida en este mundo digital. Úselo en la medida que su curiosidad le permita y confíe en las personas de su círculo para ayudarle en el resto.

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Articulo publicado en Las Provincias el domingo 4 de diciembre de 2016

www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/201612/04/credibilidad-20161204000400-v.html

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