Globalidad y coraje

Los galardonados en los Premios Valencianos Siglo XXI de LAS PROVINCIAS nos han mostrado a todos su generosidad y su CORAJE.

Este aprendizaje nos lo tenemos que aplicar para transitar por este mundo globalizado. Sorprende ver que tenemos carencias absurdas a pesar de lo mucho que viajamos, lo teóricamente “informados” que estamos y lo internacionales que nos sentimos.

Intentaré explicarme: los nacidos entre los años 40 y los primeros 70, la gran mayoría de los lectores de esta página, habrán tenido una infancia esforzada y limitada (más limitada los de los años 40 y 50 que los de los 70) con un horizonte geográfico de a penas unos cientos de kilómetros. Decenas de kilómetros para los niños de la postguerra.

Sin embargo, los nacidos en los años 80 y 90, ahora jóvenes y adolescentes, han viajado mayoritariamente desde niños y en su adolescencia y juventud tienen al alcance de su bolsillo y de unas pocas horas, lugares que sus padres con suerte visitaban una vez en su vida empleando los ahorros de varios meses. Las compañías aéreas de “low cost”, los cursos de verano, los Erasmus y las redes sociales han hecho de Europa y de una gran parte del mundo una verdadera “aldea global”.

España por otra parte ha recibido en la última década millones de inmigrantes que se han establecido aquí con diversos objetivos: trabajo por cuenta ajena, emprendimiento o lugar de residencia a tiempo parcial o total una vez retirados.

Pero, con todo ese cosmopolitismo aparente, con toda esa exposición a lo global, una vez aquí, algunos parecen no mirar más allá de un radio muy pequeño de nuestras ciudades.

A los españoles nos falta un hervor (o varios, me dirían algunos). Salimos al extranjero como en rebaño, y no solo cuando vamos de turismo. También se comportan así muchos de nuestros brillantes jóvenes emigrados o expatriados así como nuestros abundantes estudiantes Erasmus.

Otras sociedades, como por ejemplo la anglosajona o la suiza, expertos en viajar desde hace siglos, van instruyendo y trasmitiendo desde la cuna. Los padres entrenan a los hijos, los abuelos a los nietos, para que aprendan las esencias y los secretos de la cultura y los valores de los lugares que visitan y detecten las oportunidades que el mundo ofrece para el beneficio de su tierra.

Aquí también se ha viajado desde antiguo, hemos tenido un contacto constante con territorios ultramarinos, hemos sido emprendores. La figura del indiano que hacía las Américas y volvía a su tierra y beneficiaba a su comunidad era a principios del siglo XX muy frecuente. En Valencia se vendían naranjas y calzado por todo el mundo. ¿Qué ha sido del coraje de esos emprendedores que en tiempos difíciles, sin saber idiomas, se echaron a la aventura y lograron hacer negocios en condiciones tan adversas?

Parece que nos ha entrado un pudor en España y una miopía que antes no tuvimos. Lo que aprendieron nuestros abuelos y padres, pioneros exportadores en algunos casos, emigrantes en otros, no se ha trasmitido. Se diría que, tras tanto sacrificio, han pensado y decidido: “Que mi niño no sufra” “que a mi niña no le falte de nada”. Y en ese camino fácil, los hijos tan cuidados no han aprendido a esforzarse, ni lo más importante, no han aprendido a observar ni a pensar.

Y claro, ha llegado la globalización, los chinos se han organizado y se han puesto a producir, y no solo ellos, también lo han hecho los turcos, los indios, los vietnamitas y los brasileños. Y mientras tanto los españoles (y una mayoría preocupante de europeos, todo hay que decirlo) nos hemos mecido dormitando en nuestro bienestar repleto de derechos y escaso de obligaciones.

Hace unos días estuvo en Valencia Josu Ugarte, presidente de Mondragón Internacional (corporación industrial cooperativista con 85.000 empleados y 15.000 millones de euros de facturación) y compartió cifras que hacen pensar: en los próximos 5 años el PIB de España crecerá un 0,6% que, comparado con la expectativa de crecimiento de un 64% de China, en términos absolutos representa un crecimiento del PIB de China 555 veces mayor que el de España. Y además de Brasil, Rusia, India y China (los llamados BRIC) hay otros países de menor tamaño, pero con crecimientos relativos semejantes o mayores: busque el lector interesado por los “Next eleven” o por las pirámides demográficas de MENA (Middle East and North Africa) o del África subsahariana.

Y con todo esto ¿qué se puede hacer en un pequeño país como España de apenas 46 millones de habitantes? ¿O en la Comunidad Valenciana con 5 millones? Pues hacer lo que sabemos hacer, pero bien. Y venderlo en los nichos del mercado global en los que nuestros productos y servicios, bien adaptados, tienen un mercado creciente.
Esto es fácil decirlo (escribirlo en mi caso) y yo no tengo la varita mágica, ¡qué más quisiera!. Pero de lo que estoy seguro es que estando parados, con orejeras y gafas mal graduadas, a la vez que sordos e incomunicados, no vamos a solucionar nada.

Abogo desde estas páginas dominicales por viajar mirando, observando, contrastando. Hoy día esto es muy fácil: hay sorprendentes cantidades de informaciones valiosas, disponibles al alcance de un “click”. Hay que practicar en la búsqueda, hay que explorar partiendo de un conocimiento, pero puedo asegurar por experiencia propia que el mundo no tiene fronteras, o las que tiene son fácilmente superables.

Hasta aquí he señalado los defectos, las limitaciones. Permítame, querido lector, compartir DIEZ consejos que están inspirados por muchas personas expertas que actúan de esta forma.

UNO: viaje y expóngase a lo inesperado, observe, escuche, aprenda.
DOS: lea, documéntese antes y después de viajar, y también durante el viaje. Las informaciones escritas, las fotografías, los videos que se pueden encontrar en Internet son asombrosamente útiles.
TRES: recorra los lugares con mapas electrónicos, antes y después del viaje. Puede familiarizarse con los lugares de forma que cuando esté allí le aproveche mucho más.
CUATRO: deténgase en comprender algo de la historia y la cultura de los pueblos y lugares. La vida es como un río y lo que hoy ocurre viene de un lugar y va hacia otro. Comprendiendo los orígenes se comprende mejor a los pueblos
CINCO: aprenda y practique idiomas. El inglés por supuesto, la “lingua franca” de nuestra era. Y también otros idiomas mayoritarios según sus deseos y preferencias: alemán, francés, italiano, ruso, portugués, árabe, japonés o chino.
SEIS: mejore sus habilidades en herramientas digitales: Internet, ordenadores, tabletas, smartphones son de gran ayuda para todo lo anterior, se pueden hacer búsquedas, navegación, traducción.
SIETE: sea humilde, pregunte, estudie: quien no pregunta no se entera de casi nada.
OCHO: admita que hay otros puntos de vista, otras culturas, otras referencias, que las verdades comunes, lo obvio, no es igual en todos los países.
NUEVE: atrévase a querer aprender de los emigrantes que viven en España. Al igual que algunos de nuestros mejores jóvenes están ahora emigrando fuera, pensemos que quizá los iberoamericanos, europeos del Este, norteafricanos o subsaharianos que abundan en nuestras ciudades posiblemente sean personas con capacidades y conocimientos muy valiosos.
DIEZ: más que en términos de “multinacionales” y de exportaciones e importaciones estancas, piense en globalidad, en multilocalización.

En definitiva, pensemos que el mundo no son compartimentos estancos, que hay caminos de ida y vuelta y que con curiosidad, conocimiento y coraje, las oportunidades llegarán y las aprovecharemos.
Feliz semana.

.-.-.

Artículo publicado en Las Provincias el domingo 25 de noviembre de 2012

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3 pensamientos en “Globalidad y coraje

  1. Estoy de acuerdo contigo, que a las generaciones últimas les hemos hecho en general un flaco favor, poniéndoles todo fácil y no esforzarnos excesivamente en inculcar la cultura del esfuerzo como primer mandamiento.
    Saludos, Pedro

  2. ¡Bravo! Gracias por compartir con todo el que quiera leerte.
    Yo añadiría algo en tus consejos: cuando viajes, mézclate con la gente e intenta conocerles. No sólo a tus conocidos, si no a europeos, estadounidenses, asiáticos…y sobre todo, locales y gente del lugar… tenemos tanto que aprender…
    ¡Valor y ánimo! Saludos

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