Nostalgia analógica, angustia digital

El fin de la televisión analógica es el motivo que lleva a Adolfo Montalvo a reflexionar sobre la rapidez de los cambios en nuestra sociedad y lo absurdo que resulta oponerse a la evolución tecnológica

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Ya está, la televisión analógica es cosa del pasado. Se acabó. Esta Semana Santa estamos viviendo en España el final de la TV tal y como la hemos recibido durante 53 años. Apenas queda alguna TV local emitiendo en analógico y será por poco tiempo.

Debería ser un motivo de celebración, porque la TV digital es, de verdad, mucho mejor. Al menos técnicamente. Es más eficiente, con mayor calidad y permite nuevos servicios y funciones. Y además España está entre los países más adelantados de Europa en este tema.

También es cierto que no pocas personas están viviendo este proceso con frustración, e incluso con rabia. Algunos sufren problemas de calidad de la señal y no ven canales y otros se quejan, con razón, de haber comprado recientemente grabadores en DVD, en cinta VHS o en disco duro que ya no pueden usar para grabaciones programadas con antelación.

Yo creo que la tristeza nace ante la nostalgia de algo muy nuestro que se nos va para siempre. Algunos asociamos el pasado a esa tele y recordamos a los ‘Chiripitifláuticos’, los Payasos de la tele, Epi y Blas de Barrio Sésamo, Espinete … ¡Ay qué nostalgia!

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¡Y qué miedo da la nueva tele TDT!, con ‘tropecientos’ canales en los que ya no se sabe lo que ‘echan’. Ni tan siquiera se lleva lo de ver qué ‘echan en la tele’, como cuando había solo una o dos cadenas. Ahora buscamos los programas en la guía de programación automática de la TDT (que aún funciona mal) o donde podemos.

También podemos ver en diferido programas de TV almacenados en Internet: RTVE tiene muchos y RTVV también, incluso “L’Alquería Blanca”. Pero esto es otra clase de TV digital, es el vídeo en Internet.

¡Qué complicado parece todo. Con lo bien que estábamos con la tele en blanco y negro con sólo un canal y medio!

Ya que queremos regresar a lo ‘esencial’, volvamos a los clásicos coches Seat 600, porque ahora los coches también son muy electrónicos. Ya no podemos ‘secar la tapa del delco’ y quedar como expertos mecánicos, porque desde hace años el encendido del motor es electrónico. Los coches modernos tienen miles de circuitos electrónicos digitales.
Regresemos a los billetes de avión en papel autocopiante. Y a los vuelos con comidas. Y a la ropa que nos duraba varias temporadas.

Ocurre que todos vamos muy deprisa. Hay varios coches en muchas familias a los que ya no hace falta mantener el nivel del agua o el aceite porque nos avisan cuando algo falla. Disfrutamos de viajes y escapadas en vuelos de bajo coste. Conozco a jóvenes que en pocas semanas están viajando a Paris, Barcelona, Chicago, Oslo, Madrid y Estambul. Y a otros jóvenes que compran decenas de modelos cada temporada y algunos se los ponen tan solo una vez.

Con todos estos ejemplos quiero decir que lo digital y las tecnologías electrónicas no tienen la culpa de nuestra ‘locura’.

Nos creemos que con la tecnología todo es posible. Como me señalaba un amigo, hemos perdido la ‘capacidad de asombro’. Nos entusiasmamos con los progresos y pensamos que todo es muy fácil, casi ‘mágico’. Pero cuando descubrimos fallos y limitaciones nos asalta la rabia.

La solución no está en prescindir de las tecnologías. Además no siempre podemos. Parte de la angustia digital nos la encontramos en las herramientas que tenemos que usar ‘obligatoriamente’ en el trabajo.

Sufrimos cuando habiendo aprendido un programa de ordenador o una aplicación, de repente nos la cambian. O peor aún, cuando deja de funcionar algo porque ha salido un nuevo sistema operativo o navegador de Internet que nos viene instalado en el nuevo ordenador recién comprado. Un ejemplo reciente es el problema aparecido con el sistema Windows 7 que no consigue utilizar el certificado de la FNMT ni el DNI electrónico. Su uso es necesario, entre otras aplicaciones, para acceder a la Agencia Tributaria. Esperamos que se arregle pronto teniendo en cuenta que se acerca la época de hacer la declaración de la Renta y el pasado año se presentaron más de 7 millones de declaraciones vía Internet. A las que se añaden más de 11 millones de declaraciones de IVA de autónomos y empresarios.

Por fallos como estos la nostalgia se convierte en rabia, estamos furiosos y despotricamos contra todo lo digital.

Lo analógico tampoco era perfecto, pero nosotros éramos más tolerantes. La radio o la tele a veces se arreglaban dando unas palmadas en el aparato. Por muchas palmadas ¡o patadas! que demos al ordenador o al video-grabador no vamos a conseguir que haga lo que queremos.

Relajémonos pues. Adoptemos la actitud del niño ‘descubridor digital’. Mostrémonos interesados, resistentes y ‘resilientes’ ante la adversidad y también alegres de poder dejar a un lado lo que no funcione tras haberlo probado.

«Un elemento fundamental en la aventura del crecimiento es el desaliento» (@BernieHernie) tal y como escribe en su blog de este líder empresarial.

Por último una paradoja analógica, la primera programadora del mundo fue la hija del poeta romántico Lord Byron. Ada Byron, condesa de Lovelace, es considerada la madre de la programación informática. El 24 de Marzo se ha celebrado su Día Internacional en el cual deberíamos haber homenajeado a todas las mujeres tecnológicas. Esto es algo que he sabido gracias al Twitter de @ElenaBRZ. ¡El año que viene sin falta celebraremos ese día, grande por muchas razones!

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